Hay gas

A dos meses del inicio de la venta liberada de gas licuado en La Habana y la ciudad de Santiago de Cuba, la demanda es baja en la capital. Quienes lo reciben de forma normada o por «pacto social» no tienen que hacer nuevos contratos

Autores:

Marianela Martín González
René Tamayo León

Es errónea la creencia de que quienes reciben gas licuado de forma normada o por «pacto social» en la provincia de La Habana y la ciudad de Santiago de Cuba deben hacer un nuevo contrato para adquirirlo también de forma liberada.

No. No hace falta. Estos clientes están amparados por el contrato que tienen ya. Si necesitan un extra, solo deben llevar la misma balita que recibieron en el punto de venta... y los 130 pesos que vale el líquido.

Y contrario a como se informó inicialmente sobre que los nuevos clientes no tenían que arrendar de forma inmediata la balita cuando hicieran el contrato, esto sí es obligatorio.

Para la contratación en las casas comerciales de la Empresa de Gas Licuado en su municipio, ese mismo día se deben llevar los 500 pesos que cuesta el arriendo del cilindro.

Tras un ensayo inicial en la Isla de la Juventud, el 10 de diciembre pasado la venta liberada de gas licuado se extendió —por el momento— a la provincia de La Habana y la ciudad de Santiago de Cuba.

De entonces al 5 de febrero, en la capital se habían inscrito apenas 1 060 nuevos clientes para acogerse a la prestación, y los beneficiados con suministro normado solo habían adquirido 8 655 balitas llenas.

Es baja la demanda; al menos en la capital. Las ventas liberadas en La Habana sumaron, por día, menos del dos por ciento de la comercialización en cada jornada rutinaria.

Rafael Vega, jefe del punto de venta ubicado en Martí e Independencia, en el Reparto Martí, municipio de Cerro, corroboró la aseveración. Aquí los que han firmado contratos son principalmente clientes que cocinaban con queroseno, o aquellos que lo hacían con el módulo de ollas y cocina eléctrica entregado a raíz de la Revolución Energética.

«Hasta ahora contamos con solo siete contratos. En diciembre casi nadie lo hizo. Estos se lograron mayormente en enero. La población considera caro el precio fijado por el alquiler del cilindro y también por el llenado», afirmó.

Vega explicó que el gas liberado tiene sus normas. La primera es que el cilindro para rellenar debe corresponderse con el número prestablecido a la hora de firmarse el contrato.

«Es liberado —acotó—, pero eso no quiere decir que los clientes puedan venir con cualquier cilindro. Es la misma regla que se les aplica a los contratos normados».

Aclaró que no ha habido desabastecimiento, como antes ocurría en ocasiones. Sus 1 948 contratos normados no han tenido baches en el llenado desde que empezó la venta liberada.

«Antes de que se estableciera la venta liberada se puso al día el servicio. Todo parece indicar que el país se preparó para esta experiencia, pues no ha habido ningún fallo, ni siquiera por falta de camiones, al menos en este punto», indicó.

Mariela Frómeta, directora comercial de la Empresa de Gas Licuado de La Habana, comentó a JR que los municipios de mayor demanda han sido Arroyo Naranjo y Boyeros.

Arroyo es donde más se compra, al parecer porque tiene el mayor número de «pactos sociales» en la provincia; es decir, los núcleos familiares que pasaron a la cocción con electricidad y ahora reciben dos veces al año este suministro, como suplementario, en calidad de reserva.

En los primeros dos meses de la medida, el servicio, normado y liberado, «se ha mostrado estable; existe una buena cobertura en los puntos de venta y no ha ocurrido ningún desabastecimiento», señala Yoan Osorio, especialista comercial de la empresa.

En los últimos meses se han adoptado medidas para mejorar el servicio de la Empresa, que abastece también a las provincias de Artemisa y Mayabeque. Veinte nuevos camiones entraron en operación y se ha estado mejorando el estado técnico del existente, informó Frómeta.

«Hay cilindros, hay gas y hay transporte», enfatizó para recordar que la optimización del servicio también requiere de la cooperación de los clientes normados, muchos de los cuales todavía no han acudido a las oficinas de comercialización a renovar los contratos a fin de actualizar la situación de los consumidores, un trámite que se está realizando desde el primer trimestre de 2013.

Sobre solicitudes de los consumidores para comprar accesorios, como reguladores, presillas y mangueras, Yoan Osorio explicó que «la venta de los mismos está condicionada a los arriendos de cilindros», tanto por clientes nuevos como por antiguos que optan por alquilar una segunda balita.

Hay, pero...

La demanda de gas licuado liberado no es igual en todos los municipios de La Habana. En Arroyo Naranjo, por ejemplo, se emplea bastante y se compra más; pero en Diez de Octubre, según explica Orlidia Sánchez, directora de la casa comercial de ese territorio, hay muy pocas solicitudes.

«Es un municipio que está casi cubierto con gas como matriz principal de cocción, tanto de la calle, como licuado, y la mayoría de los clientes que emplean gas licuado lo reciben por el ciclo normal; los núcleos familiares numerosos cada siete días; otros cada 19, y así. Esa rotación generalmente les alcanza, y algo les sobra.

«Hasta inicios de febrero aquí solo se habían realizado 41 contratos para obtener el gas de forma liberada; y solo se habían comprado 11 balitas llenas por parte de núcleos bajo el régimen normado».

En enero, en Arroyo Naranjo se habían expendido 2 453 cilindros llenos de forma liberada, tanto para usuarios nuevos, como en distribución normada, según nos informa Ariadne Acosta, directora de la casa comercial de la Empresa de Gas Licuado en el territorio.

—¿No han tenido quejas por los precios, tanto por los 500 que se necesitan para arrendar la calabacita como por los 130 que cuesta el líquido?

—Puede haber gente inconforme, pero aquí, mientras se hace el contrato, nadie ha protestado. Con el paso de los días creo que han aminorado las quejas en la calle.

Reiniel Trimiño es el dependiente del punto 12010, en Poey, Arroyo Naranjo.

—¿Cómo se está comportando la venta liberada?

—Tenemos nueve contratos nuevos, y más de 300 clientes que reciben gas licuado normado han comprado por la libre desde que empezamos.

—¿Quejas?

—Muy pocas. Están de acuerdo con los 130 pesos del lleno, aunque no con el arriendo de los cilindros a 500 pesos.

Las jóvenes Cecilia Acosta y Milay Hernández compran en el punto de Víbora Park. En sus casas reciben gas normado cada 19 días. Les alcanza. No tienen que comprar liberado.

—¿Y qué piensan de la venta sin libreta?

—Que está cara —dice Cecilia.

—¿La verdad, verdad? —pregunta Milay.

—La «verdad, verdad», le replicamos.

—Que está fuerte.

Juan Miguel Yero es el dependiente del lugar. «La principal queja está en los precios, sobre todo del arriendo; —dice— no obstante, desde que comenzó la venta liberada estamos despachando más de diez cilindros al día, y tenemos 39 clientes que arrendaron balitas».

—Bueno, parece que al menos con las ventas la «cosa» tiene su aceptación. Son las 11 del día. ¿En lo que va de mañana cuántas calabacitas por la libre ha vendido ya?

—Siete.

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