La primera rebeldía juvenil cubana

Hace 191 años se envió a las Cortes españolas una adhesión escrita, suscrita por 46 alumnos de Félix Varela en la Cátedra de Constitución del Seminario de San Carlos

Autor:

Luis Hernández Serrano

La que puede ser calificada como la primera manifestación de rebeldía de la juventud cubana, inspirada en Félix Varela, tuvo lugar el 1ro. de abril de 1823, hace 191 años. En esa fecha fue enviada una adhesión escrita a las Cortes españolas, suscrita por 46 de sus alumnos de la Cátedra de Constitución del Seminario de San Carlos. La misiva fue publicada 13 días más tarde, el lunes 14 de abril de aquel año, en el número 19 del periódico habanero El Revisor Político y Literario.

Entre otras cosas, el documento de aquella «juventud laboriosa y ardiente de La Habana», como se autocalificaba en el mensaje solidario de apoyo a Varela, decía:

«Allí se verá la virtud calumniada y perseguida, despreciar la horrorosa atrocidad de los opresores; allí los amantes de la libertad del hombre observarán la consagración casi divina de los principios conservadores de todo orden, de toda sociedad, de toda justicia; allí, legisladores inmortales, recibid en medio de la gratitud y del amor más encendido la sincera expresión (se respeta la ortografía) de unos ciudadanos, que aunque apartados de la escena de tan notables acaecimientos políticos, sus corazones no anhelan otra cosa que la felicidad de la nación, su independencia y libertad. Habana, 1 de abril de 1823».

Subversivas consideraron sus ideas. Baste decir que décadas más tarde, en el instante en que la abolición de la esclavitud iba a ser un hecho, como resultado de la Guerra de los Diez Años, la censura española no consintió que la Revista de Cuba publicase el texto vareliano descubierto por Antonio Mestre. Luego se guardó con tanto celo, que se extravió nuevamente, hasta que por fin vio la luz 110 años más tarde a su fecha de redacción.

Entre los discípulos firmantes del documento público, estuvieron algunas de las más resplandecientes figuras del siglo XIX criollo: Domingo del Monte, José de la Luz y Caballero, Anastasio y Nicolás Orozco y Anacleto Bermúdez. Todos esos alumnos tomaron parte activa y destacada en la historia posterior de Cuba, como revolucionarios, médicos, literatos, científicos, jurisconsultos o hombres de bien.

Soy contrario a la esclavitud

«Soy contrario a la esclavitud. Aprendí a odiarla de niño y trabajaré por suprimirla», había dicho el joven sacerdote Félix Varela al Obispo de Espada cuando supo la decisión de que iría como Diputado a las Cortes de España.

Habló entonces con énfasis de la igualdad entre el negro y el blanco como no volvería a escucharse en boca cubana con semejante tono hasta 60 años más tarde, en labios de José Martí. Y cuando comentó con sus alumnos que sería un mal diputado porque pediría la abolición de la esclavitud, José Antonio Saco le aseguró: «Entonces yo diré para la historia que usted fue el primer cubano antiesclavista».

Como pedagogo barrió el último polvo escolástico y liberó el pensamiento de sus ataduras medievales. Sentó las bases para las ideas de la liberación de la Patria y desde 1816, en las aulas del Seminario de San Carlos —como profesor de Filosofía— cambió la concepción sobre la sociedad, el pensamiento y las ciencias.

José Antonio Saco calificó su aporte como «revolucionario en el pensamiento cubano». José de la Luz y Caballero lo llamó «nuestro verdadero civilizador»; José Martí «patriota entero» y Fernando Ortiz «el que nos dio la primera libertad, la del pensamiento, y la primera independencia, la de la razón».

Precisamente aludiendo a Varela, el Apóstol sostuvo que la revolución independentista sería el resultado de un siglo de labor patriótica, a sabiendas de que el humilde cura cubano combatió la esclavitud, defendió la independencia de América y desde el periódico El Habanero inició la idea de que Cuba debía ser independiente de cualquier potencia.

Al principal matón de La Habana de aquella época, el «Tuerto» Morejón, le dieron 30 000 pesos oro para que asesinara a Varela en Estados Unidos. El sacerdote cubano, que vivía ayudando a los pobres, que creó una «creche» (antigua institución) para niños desvalidos, un periódico para la juventud y una escuela para la rehabilitación de prostitutas irlandesas, aseguró al enterarse de que intentaban matarlo que él estaba curado de espanto y dispuesto, en cambio, a decir 30 000 verdades contra sus enemigos.

El hombre, el maestro en quien se inspiraban estos jóvenes criollos, murió débil, asmático, pobre y olvidado en una desvencijada habitación anexa a la parroquia de San Agustín de la Florida, en Estados Unidos, a las 8:30 de la noche del viernes 25 de febrero de 1853. Tal como se constató en el número 7 de El Habanero, que se creía perdido, murió siendo independentista.

Fuentes: Félix Varela, de Antonio Hernández Travieso; Quién fue Félix Varela, de Joaquín G. Santana, y La luz primera, libro inédito del autor.

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