El valor de una sonrisa

Una valija colmada de ternura llegó al Cardiocentro Pediátrico William Soler, para regalar un día especial a los niños que, provenientes de todo el país, reciben allí tratamientos especializados

Autor:

Margarita Barrios

Javier Alejandro Pérez cumplió este martes seis años. Una dolencia lo obliga a estar ingresado en el Cardiocentro Pediátrico William Soler, de La Habana. Para él llegó en su día un momento de especial alegría con La valija de la ternura.

La iniciativa la desarrollan cada año los trabajadores del Registro Cubano de Buques: Sociedad Clasificadora. Con esmero van reuniendo juguetes, juegos didácticos y otros regalos que puedan llenar de sonrisas a los niños que se encuentran allí hospitalizados.

En el recorrido por las salas, algunas de terapia y terapia intensiva, los pequeños recibían con alegría los regalos y así olvidaban los momentos difíciles que les ha tocado vivir.

Alejandro Fuentes Rubio lleva nueve meses ingresado a la espera de un trasplante. El jovencito de 12 años se destacaba en los deportes, y ahora la cama del hospital le resulta «muy fastidiosa». Con él permanece su mamá Yordanka, quien asegura que está tranquila, «porque él está bien atendido y estable».

El Cardiocentro Pediátrico está dotado de modernas tecnologías y a pesar de las limitaciones económicas del país, brinda una atención de excelencia. Limpieza, orden y cuidados extremos son baluartes del centro, que cuenta con un personal altamente calificado para tratar dolencias muy complejas, la mayoría cardiopatías congénitas como la comunicación interventricular e interauricular, tetralogía de Fallot y estenosis de la válvula pulmonar, entre otras.

Si se habla de entrega sobresale la licenciada Yaima Montes, una de las enfermeras que tiene la responsabilidad de trabajar en la sala de Terapia Intensiva. «Son turnos de 12 horas», argumenta. «Los pacientes no tienen acompañantes. Es el equipo médico el que está todo el tiempo al tanto de su estado, observándolos, suministrándoles los medicamentos. Y cuando salimos, ya sabes, la casa… También tengo un hijo».

—¿No te afecta este trabajo en la manera de ver la vida?

—Es muy fuerte, no lo niego, sobre todo después de que eres madre. No te diría que traumático, pero tiene que gustarte mucho, porque tienes en las manos a niños que luchan por la vida, y todos nosotros con ellos.

Milagros León es licenciada en Educación Especial. Jubilada reincorporada hace diez años al sistema educacional, recibe en su aula hospitalaria a los pacientes que están en condiciones de estudiar. «Les doy clases, los repaso, los trato de ayudar para que no pierdan el ritmo de la escuela, pues a veces son ingresos muy largos», precisó.

Fundado en 1986, el Cardiocentro Pediátrico William Soler produjo un cambio en el tratamiento de las cardiopatías congénitas que hasta ese momento tenían una alta mortalidad en el país, y ahora permite con su desempeño que la esperanza llegue a muchas familias con la aplicación de tratamientos y complejas intervenciones quirúrgicas con un alto grado de éxito.

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