Humor a la carta con Mustelier

Ramón Mustelier presenta Humor a la carta, su primer espectáculo unipersonal

Autor:

JAPE

A Mustelier (el Muste) lo conozco desde hace varios años, cuando tímidamente llegó desde su Guantánamo natal e irrumpió en los espacios del humor capitalino. Entonces su propuesta se dirigía principalmente al trabajo de imitación de voces. Lograba una amplia gama de personajes cuyas situaciones, creadas por él, componían una simpática y original incursión en el humorismo cubano de entonces. Me llamaba mucho la atención que este muchacho, que trataba de imponer su estilo, trabajaba y trabaja incansablemente. Aparecía en el teatro, en la televisión, en las peñas…, siempre dispuesto. Su incesante labor lo ha llevado a compartir escenario (y cuanto lugar aparezca), con casi todos los humoristas del Centro Promotor del Humor. Fue por ello que me sorprendió la noticia del primer espectáculo unipersonal de Ramón Mustelier, y tuve que preguntarle sin mucho rodeo, imitando a Elito Revé, para estar a tono:

—¿De qué estamos hablando?

—Se trata de mi primer unipersonal, o sea, solo en la escena por más de una hora. El espectáculo se llama Humor a la carta y está cargado de buen sabor, condimentado con chistes y monólogos de mi fogón y salpicados con imitaciones servidas al nivel de la más alta cocina nacional. Toda la trama se desarrolla en un restaurante familiar, y aunque es un unipersonal, tengo mis invitados, como hace todo el mundo.

«Por esta razón me hago acompañar de las actuaciones especiales de Michel Pentón, actor del grupo humorístico La oveja negra, y de un trío atípico, que no tiene maracas, ni guayo, ni clave…, pero lo que es clave, es la sobrada calidad de esta agrupación de pequeño, muy pequeño formato, que se hace llamar Áncora. También está invitada, y lo digo sin nepotismo alguno, mi hija Gabriela Mustelier».

—Hablamos entonces de todo un suceso en tu vida artística, así que se impone una pequeña entrevista. Dime, ¿cómo llegas al humor… y a La Habana?

—Al humor llegué por ese camino de los aficionados que se transita durante los estudios en el preuniversitario. A esa edad eres como una fruta verde hasta que llegas a la universidad y te das cuenta de que has madurado. Es una etapa en que disfrutas este quehacer paralelo de estudio, trabajo y humor, porque te gusta, hasta que tienes que decidir entre la profesión, médico veterinario, o humorista profesional. Finalmente me voy por el camino del humor. Y casualidad de la vida, ese era el camino que llegaba a La Habana.

—Has transitado de la imitación de voces a un trabajo más elaborado, con incursiones en el monólogo y otros tópicos del humor. ¿Cómo calificas tu desarrollo en el género humorístico después de estos años?

—Un signo característico de mi trabajo, al inicio, fue la imitación de voces, que aún mantengo en mi repertorio, pero las imitaciones tienen un período de vida relativo. Hay personajes y personalidades que perduran y otros son de popularidad efímera. Por eso abrí mi espectro de trabajo e incursioné en el mundo del monólogo, el chiste, los juegos de palabras, siempre con gran cubanía y de fácil recepción para cualquier auditorio hispanoparlante. Me propongo ser un profesional, imponer mi estilo de manera creativa, toco los temas a mi forma, evitando cualquier similitud con los textos y el quehacer de cualquier otro humorista.

—¿Qué significa para ti que tu pequeña hija también tenga actitud e interés en el humor?

—Siento un orgullo tremendo de que mi hija comparta escenario conmigo, que tenga interés en el humor, que sea capaz de elaborar chistes y que en un futuro sea una de las buenas mujeres humoristas de Cuba, que son muy pocas en este género, dominado por hombres. Le exijo que se prepare mucho para que el resultado sea el buen humor.

—¿Dónde y cuándo será, de quién es el guión, la dirección artística…? ¿Qué espera Mustelier de su primer unipersonal?

—Espero, sobre todo, que no se quede una silla vacía en el teatro Karl Marx los días 24, 25 y 26 de abril. Que asista el público que gusta de mi trabajo, y también quien no me conoce y gusta del buen humor. A usted, que lee estas líneas, igual lo invito. No habrá de qué preocuparse, porque el humor en exceso no hace daño. El guión y la dirección artística son de mi cosecha, y estoy agradecido a todos aquellos que aportaron ideas y su tiempo para acompañarme en esta aventura que es un reto. El último fin de semana el humor lo sirve Ramón Mustelier, a la carta. ¡Buen provecho a todos!

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