Llega el Papa a Holguín

Lo recibió en el aeropuerto de la ciudad oriental el primer vicepresidente cubano Miguel Diaz Canel

Autor:

Juana Carrasco Martín

El Papa Francisco acaba de llegar a una soleada Holguín donde le recibió en el aeropuerto el primer vicepresidente Miguel Diaz-Canel y Julio César Estupiñán, presidente del gobierno, autoridades eclesiásticas de la provincia y la ciudad, encabezadas por monseñor Emilio Aranguren, Obispo de Holguín, junto a feligreses y pueblo holguinero en general.

También aquí ondean en las manos hospitalarias las banderas de Cuba y del Vaticano, y voces infantiles entonan cantos de bienvenida. El Sumo Pontífice fue saludando a ese grupo, que de seguro estará entre los miles de participantes en una Misa masiva mucho más festiva, de solemnidad menor que la celebrada en La Habana, esta vez en la Plaza Calixto García Iñiguez, en las afueras de la ciudad, mausoleo que guarda los restos del digno general independentista, hijo de esta región.

El avión de Alitalia en que viaja el Sumo Pontífice realizó un vuelo de poco más de un hora desde La Habana, donde salió a las ocho de la mañana, luego de una jornada fructífera y emotiva en la capital del país, durante la cual mostró sencillez y sensibilidad especial hacia los más frágiles, y concitó admiración y respeto por su rechazo a riquezas, consumismo, egoísmos que sobreponen intereses personales frente a los de la comunidad y la protección de la tierra que nos alberga.

«Quien no vive para servir, no sirve para vivir» fue una de sus frases que ha impactado en forma especial a los cubanos, así como sus llamados contra la guerra que sacude al mundo.

Francisco se trasladó en el papamóvil cubano desde el aeropuerto hasta la Plaza de la Revolución General Calixto García Íñiguez, un recorrido de unos tres o cuatro kilómetros por la Avenida de los Internacionalistas, la Avenida de los Libertadores y la Avenida XX Aniversario, por la cual la caravana desembocó directamente en el lugar donde celebraría la misa.

Miles de residentes en la conocida como la Ciudad de los Parques y de otras provincias orientales, fundamentalmente de Camagüey y Las Tunas, cubrieron la distancia o lo esperaron en la Plaza, mientras le acompañaba el obispo de la diócesis.

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