La vida por un sello

Dentro de la filatelia universal, la juventud cubana tiene un lugar cimero. Así lo demuestran los muchachos que recientemente se alzaron en Nueva York con valiosos lauros de la competencia de más alto nivel en la historia: la Exposición Mundial del segundo pasatiempo más practicado en el mundo

Autor:

Susana Gómes Bugallo

Cuando la pasión se incita desde alguien a quien queremos, crece con fuerza arrolladora. Se afina con los conocimientos de quien la inculca y llega a ser una poderosa fuerza para vivir. Después de ese toque de gracia que se le da al corazón, no hay remedio. Se sueña, se lucha y se triunfa por ella.

Esa es parte de la historia de Harold Fernández González, un muchacho de 14 años cuyos padres se dedicaban a la filatelia desde niños y supieron inspirar el amor por este pasatiempo en su hijo, uno de los jóvenes cubanos premiados en la Exposición Mundial de Filatelia New York 2016, en la que se dieron cita coleccionistas de 83 países.

Igual que él, Christian Núñez Gómez, José Julián Baujín y Brian Morera Gárciga trajeron a casa sus galardones, alcanzados en el evento, considerado uno de los más grandes organizados en la historia de la filatelia. Pero esa no es la única victoria de la representación juvenil en grandes lides.

Brian Morera Gárciga. Foto: Calixto N. Llanes.

Los últimos 15 años han sido testigos de la revitalización de un movimiento imparable de coleccionistas noveles en el archipiélago cubano. Pero antes de viajar por el exitoso recorrido de esta afición entre los más jóvenes, volvamos a la historia de Harold.

Un paseo por la granja

Todo comenzó cuando, con diez años, vio las colecciones a las que habían dedicado desvelos sus padres. El impulso fue suficiente como para comenzar en el círculo filatélico del Cerro, uno de los más reconocidos en la capital por las enseñanzas del «profe» Juan Hernández, a quien Harold reconoce como la persona que lo motivó por el tema ganador.

Desde ese entonces trabaja con De visita a la granja, colección que le ha conseguido los mayores premios, quizá titulada así porque en el futuro desea estudiar Biología.

Cuando uno comienza con una colección no tiene para cuando acabar. Al empeño se suman las personas cercanas, con tal de conseguir la pieza valiosa que hará crecer el valor de la muestra. Con ese ímpetu, Harold ha aumentado el nivel de su compilación y la ha presentado en diversos certámenes, en los cuales ha conquistado sus triunfos.

«Entre los filatelistas se intercambian materiales. Algunos se regalan y otros se compran, con el propósito de mejorar las piezas del tema seleccionado. Se encuentran franqueos prefilatélicos (antes del primer sello), y mientras más variadas y antiguas sean las representaciones, crece la calidad de la muestra», cuenta.

Los muchachos de su escuela guanabacoense, Osvaldo Zamora Brito, han ido conociendo de la pasión de Harold. Por eso se le acercan interesados por ayudar. Para quienes siempre hemos creído que la filatelia es solo cuestión de sellos, el adolescente aclara que se coleccionan muchos tipos de materiales postales y no postales.

Como regla sagrada aprendida durante este bregar por la filatelia, Harold comenta que lo esencial es un plan de lo que se quiere conseguir en la colección. Luego se organiza por capítulos y se narra la historia de cada material en textos temáticos. Los filatelistas deben investigar en volúmenes especializados, práctica que fomenta su cultura.

Además de su colección estrella, el joven trabaja en Mitología y religión, a la que dedicará próximos empeños. Para seguir con la tradición, ¿enseñarás tus premios a tus hijos?, pregunto. «No voy a deshacerme de ninguno para mostrarles lo que hice cuando chiquito», sueña.

«A quienes les atrae la filatelia y no se deciden a acercarse, les diría que es un mundo interesante en el que se conocen muchos materiales curiosos. Hay quienes piensan que se trata solo de sellos comunes de correo. Tienen que ir a los círculos de interés de este campo o a cualquier persona que pueda ayudarlos a conocer este, que es uno de los entretenimientos más bonitos que puede tenerse», incita.

Una fascinante travesía

A sus 13 años, Christian Núñez Gómez recibió medalla de Vermeil Grande por su colección Navegar, una fascinante travesía. El más joven de los laureados rememora que, en cuarto grado, una maestra de su escuela primaria lo motivó a involucrarse con la filatelia.

Christian Núñez Gómez. Foto: Calixto N. Llanes.

El profesor Juan Hernández le explicó que no se trataba solo de guardar sellos en un álbum, sino que debía investigar cada material postal para escoger un tema con el que crear la colección, fase superior de esta práctica.

«Escogí la historia de la navegación. Traté de contarla desde la construcción de los primeros barcos para ilustrar su evolución, así como los usos que la humanidad les ha dado. Tengo piezas de valor como los bocetos (pinturas que se hacen antes de confeccionar los sellos) telegramas, pruebas (lo que va después del boceto). Me ha costado mucho trabajo conseguirlos», explica.

La escuela Ignacio Agramonte, del Cerro, también agradece que Brian dedique parte de sus horas a esta enriquecedora afición. Así lo reconoce este intrépido adolescente que siente que se ha preparado más como estudiante y ha adquirido hábitos de constancia, además de convertirse en mejor persona por el respeto y los buenos modales que se han multiplicado desde que es filatelista.

«Es un honor haber participado en la exposición de Nueva York y una satisfacción, luego de todo lo que trabajé. Para mi familia es un orgullo y es un compromiso seguir preparándome para poner en alto la filatelia cubana», confiesa este joven que sueña con estudiar Arqueología.

Gigante sobre rieles

Con una exposición sobre el Penique Negro, primer sello de la historia, entró José Julián Baujín al mundo de la filatelia. El evento neoyorquino premió con la medalla de Plata Grande por la colección Gigantes de Hierro a este muchacho de 16 años que comenzará el duodécimo grado en el Instituto Preuniversitario de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin. Le motivaron los ferrocarriles y empezó su colección, con la que ha triunfado en varios eventos.

José Julián Baujín. Foto: Calixto N. Llanes.

«Los mejores materiales son muy difíciles de conseguir, porque casi no tengo acceso a Internet. Para intercambiar piezas debo hablar con corresponsales (personas en otros países) y no tengo muchas vías para ello», describe. La solución hasta ahora han sido los materiales que conservaba un bisabuelo filatelista y a los cuales José Julián ha ido accediendo poco a poco, cuenta.

«Me gusta aprender. Y la filatelia enseña mucho porque abarca toda la cultura y ayuda a saber de todo. También conoces a muchas personas con tus mismos gustos», detalla», y agrega que sus amistades se preocupan por todo lo nuevo que hace en ese mundo y quieren que los mantenga al tanto.

Aunque desea formar otra colección, no se decide. Como confiesa que desearía estudiar Cibernética, convenimos en que la historia de las computadoras sería buena motivación. Tal vez sea su próxima sorpresa.

Vehículos

En la biblioteca de su escuela primaria inició todo. Hoy, con 15 años, Brian Morera Gárciga comenzará en el preuniversitario Saúl Delgado, y puede alardear de haber ganado medalla de Plata por su colección Los vehículos ruedan, corren, impactan. Pero no lo hace. Es un joven tímido que estudiará alguna ingeniería y cuenta momentos de su vida con el cuidado de que no parezca ostentación. «Me gustaban mucho los carros y decidí hacer mi colección sobre estos», explica quien debutó en eventos internacionales.

Como los grandes amores no tienen explicación, Brian recuerda que cuando era niño veía los «sellitos» de carros y los guardaba, sin saber por qué. Luego aumentó la búsqueda hasta que montó la colección triunfadora.

«Lo que más me gusta de la filatelia es que he aprendido a ser mejor persona. Me gusta ayudar a la gente y veo que me apoyan sin interés. Mi familia me ayuda y mis amigos mecánicos me recomiendan detalles para mi muestra», dice.

En el relato de este muchacho se destaca un nombre: José Raúl. Igual que los anteriores entrevistados, él lo ha mencionado mucho y especifica que, como vive cerca de su casa, iba para que lo ayudara con los materiales. ¿Quién es José Raúl? Se trata del presidente de la Federación Filatélica Cubana, quien también conversó con JR.

Enamorarse otra vez

La dedicación constante a sembrar este enamoramiento en centros educativos se debe al empeño de apasionados como los de la Federación Filatélica Cubana. José Raúl Lorenzo Sánchez, presidente de esta institución, del Buró de Juventud de la Federación Internacional de Filatelia, y director de la Federación Interamericana de esta afición, comenta que la actuación de los cubanos mantiene al país a la vanguardia de América Latina y entre los más destacados internacionalmente en la categoría juvenil.

Explica que en los años 70 y 80 del pasado siglo tuvo un gran boom el coleccionismo de sellos entre niños y jóvenes cubanos, aunque no se lograron resultados importantes, ni se articuló un movimiento organizado. La llegada del período especial redujo el interés por esta afición, describe, y asegura que en el siglo XXI, aunque hay más presencia de las nuevas tecnologías, no se ha limitado su crecimiento.

Asegura que sería bueno contar con mayor apoyo y más difusión de este pasatiempo en los medios de comunicación. La limitación en el acceso a Internet es otro de los aspectos que frena su propagación.

No obstante, puede afirmar que en estos últimos 15 años un exitoso grupo de jóvenes se ha destacado por sus relevantes resultados en la arena internacional, así como por una permanente dedicación a la filatelia.

Frank País y José Antonio Echeverría amaban esta distracción. Igual la adora el Héroe de la República de Cuba, Antonio Guerrero. «El espíritu de coleccionista es parte de la idiosincrasia del cubano, manifestado de diferentes formas, y una de estas es la filatelia», dice el experto al argumentar tanto amor desde almas jóvenes.

Suerte y apoyo entonces para estos muchachos que se desvelan, viven, sueñan y luchan por un sello y por otros materiales filatélicos.

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