Fidel es América

El líder de la Revolución también fue gestor del nacimiento de la integración latinoamericana y caribeña

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Pocas veces se vio públicamente tan feliz a Fidel como cuando, en compañía de Hugo Chávez, firmaba en La Habana, el 14 de diciembre de 2004, la Declaración Conjunta y los acuerdos que establecieron las bases de la que sería la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América: el ALBA que alumbró un nuevo camino de integración y complementariedad para una región hasta muy poco antes fragmentada por la injerencia y la prepotencia estadounidenses.

Más adelante, el propio Presidente bolivariano proclamaría lo que hoy, en el momento de la partida física del líder universal de los oprimidos, saben todos en la región: «Fidel ha sido el pionero número uno de este proyecto», decía Chávez en la 6ta. Cumbre Extraordinaria del ente integracionista, celebrada en Maracay.

Ni siquiera los enemigos dudan que Latinoamérica no hubiera emprendido el sendero de cambios que transita desde fines del siglo pasado ni su camino hacia la unión, sin la impronta de Fidel y la Revolución Cubana. La Isla demostró (y demuestra) que el camino de la dignidad y la liberación son posibles, y que en la unidad está nuestra salvación.

No por gusto se nos ha llamado faro de América Latina. Tras el ideario bolivariano y martiano de Fidel, los movimientos populares y sociales contaron no solo con el ejemplo, sino con la solidaridad de esta Isla.

Son precisamente los poderosos quienes mejor lo saben. Por el «peligro» que significa para el Imperio el ejemplo de esta tierra irredenta conducida por el Comandante en Jefe, nunca se han resignado a nuestra existencia. Como sus ideas nos seguirán guiando, todavía no se resignan.

También por eso fuimos felices tantos cuando contemplamos los encuentros de Fidel con los principales dirigentes revolucionarios latinoamericanos, algunos ya en el poder, en ocasiones plasmadas para la Historia: con el Comandante en Jefe Chávez y el boliviano Evo Morales en La Habana, en abril-mayo de 2006, en el primer aniversario del ALBA y cuando Bolivia se adhirió a él con la contribución del Tratado de Comercio de los Pueblos (TCP) que fortaleció la alianza; Fidel, Chávez, Evo y el dirigente revolucionario salvadoreño Schafik Handal, en La Habana; el Comandante en Jefe con su colega y amigo venezolano, el Presidente de Bolivia y el ecuatoriano Rafael Correa… Los encuentros de Fidel con Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, primero como dirigente obrero y luego como Presidente, también se encuentran entre esos hitos que nos congratularon, y fueron acicate de aquellos tiempos.

Schafik Handal, Chávez y Evo: se merecía Fidel ser testigo del nacimiento de la unidad y la integración latinoamericanas. Foto: Getty Images

Se merecía Fidel ser testigo del nacimiento de la unidad y la integración latinoamericanas que defendieron Bolívar y Martí, y de las que él fue indispensable artífice.

Precisamente en América Latina, concretamente en Venezuela, había estado su primer destino en enero de 1959, en viaje a pocos días del triunfo para agradecer a esa tierra el apoyo que había recibido de su pueblo la lucha insurreccional en la Sierra. ¡Al Comandante lo aclamaron las masas caraqueñas que habían depuesto al dictador Marcos Pérez Jiménez…! Algunos meses después, en abril-mayo, visitaría Brasil, Argentina y Uruguay, país donde volvió en 1995. En 1959, Montevideo lo había hecho depositario de las llaves de esa ciudad.

Lo veríamos también con Salvador Allende al frente del Gobierno de la Unidad Popular en Chile en 1971, una visita de tres semanas durante las cuales recorrió varias ciudades, tras lo que constituyó el primer triunfo en las urnas de un partido de izquierda en América Latina.

Con Allende en Chile durante su visita a ese país en 1971. Foto: Archivo de JR

Con motivo de visitas oficiales o para asistir a eventos internacionales, representantes de los pueblos de Paraguay, Argentina, Bolivia, Ecuador, México, Brasil y Panamá, entre otras naciones latinoamericanas, saldrían a las calles para darle la bienvenida. En todas partes Fidel era un acontecimiento de masas, sabedoras de las posturas del Jefe de la Revolución Cubana a favor de una justicia social que todavía se adeuda en muchos lugares del continente.

Hasta en Estados Unidos se le aclamó cuando Harlem le abrió las puertas en septiembre de 1960, ocasión en la que usó por primer vez de la palabra ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. De manera muy parecida volvería a ocurrir en el año 2000.

Líderes nacionalistas como el panameño Omar Torrijos y el progresista general peruano Juan Velasco Alvarado, entre otros, bebieron de sus experiencias y sostuvieron con el líder cubano diversos encuentros.

 

La amistad también lo unió al líder nacionalista panameño Omar Torrijos.
Foto: José R. Orozco/Archivo de JR

 

La amistad también lo unió al líder nacionalista panameño Omar Torrijos. Foto: José R. Orozco/Archivo de JR

Y no escasearían en todos estos años transcurridos sus encuentros con tantos dirigentes políticos, sociales y populares de la región, orientados igualmente por su pensamiento en la noche oscura del neoliberalismo.

También el Caribe estrecharía los lazos con la Cuba dirigida por Fidel. El artífice de la Revolución jamás desconoció que la integración estaba trunca sin los caribeños, y los dirigentes de las pequeñas islas eran conscientes de ello. Su mano pronto se tendió hacia la Isla socialista.

¿Que se va Fidel? ¡Nunca! Su pensamiento y su obra están grabados en la gesta realizada, y la que deben seguir librando hoy las naciones de América Latina. Sin la unidad y la solidaridad que él nos enseñó, la obra de los próceres —de los cuales él forma parte— estará incompleta.

Los pueblos seguirán librando nuevas batallas enarbolando sus ideas. Foto: Tomada de Twitter

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