«¡Compadre, todavía no me lo creo!»

A Erney Pérez Peña, jefe de brigada en el central avileño Primero de Enero, le cuesta trabajo creer la noticia, que él es el primer delegado de Cuba al XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes

Autores:

Luis Raúl Vázquez Muñoz
Yuniel Labacena Romero

PRIMERO DE ENERO, Ciego de Ávila.— Cuando lo anunciaron, se paró como disparado por un resorte de la silla. Permaneció tieso, con los ojos muy abiertos, la boca apretada y casi parado en firme mientras los aplausos y los vítores lo rodeaban en la vieja nave del central Primero de Enero. Luego caminó y los primeros pasos le salieron un poco entiesados hasta que terminó de asimilar la noticia y avanzó más ligero hacia la tribuna.

Porque sí, era una verdad. Erney Pérez Peña, jefe de brigada de moledores en el central Primero de Enero, en Ciego de Ávila, es el primer delegado directo de Cuba al 19no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que en octubre de este año se celebrará en Rusia, en la ciudad de Sochi, una urbe pegada al Mar Negro y cercana a la frontera con Turquía.

Después que Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, le entregara la credencial y el diploma que lo acreditan como delegado al evento, Erney levantó el cuadro y bajó en medio de la música y la sirena del central. Esta conversación se hizo, rápida, en medio del asedio de los periodistas, los sonidos de la maquinaria y un calor fuerte, acompañado de un viento seco que levantaba el bagacillo en el patio del ingenio.

«Compadre, no lo acabo de creer —dice—. Yo sé que es verdad, pero la sorpresa es muy grande. ¿A quién le dedico este alegrón? A mi familia, a mi esposa Danieyi Carvajal, a toda la gente del central. ¡Ah!, ponga ahí: el otro compañero también podía salir, él también tiene tremendos méritos...».

Pero él estaba sentado al lado tuyo; ustedes jaraneaban antes de que se hiciera el anuncio de las votaciones.

—Es que somos amigos, lo repito: es un buen compañero. Se llama Jorge Carlos Suárez Betancourt y es soldador. Los dos somos miembros del Comité Municipal de la UJC y hemos estado guapeando juntos en movilizaciones, en la siembra de caña. Él también tiene méritos suficientes para ser el delegado.

El central Primero de Enero está considerado el segundo mejor del país y se encuentra apadrinado por la UJC en la provincia. En medio de una sequía obstinada, que ha incidido en la disponibilidad de caña, ese ingenio ha ajustado sus maquinarias y en 124 días de campaña ha producido 47 935 toneladas de azúcar prácticamente sin interrupciones por rotura.

En medio de ese ajetreo, donde el calor y el olor a guarapo se adueñan del aire, se eligió al delegado directo. La elección comenzó el 1ro. de abril. Al día siguiente estaban los resultados, que no se conocieron hasta el anuncio. Solo entonces se supo que de 471 trabajadores del central, 419 habían ejercido el voto y que la mayoría de las boletas, el 71 por ciento, eran a favor de Erneyd.

—Bueno, cuéntame: ¿dónde naciste? ¿Eres de aquí de Primero de Enero?

—Yo hago una broma. Digo que no, que nací en Morón; pero la verdad es que soy de aquí, del lado de la pista de Primero de Enero, del batey. Lo de Morón es porque me tocó nacer en el hospital de ahí.

—Tú llevas solo cuatro años en el central. Antes, ¿dónde trabajaste?

—Viví mucho tiempo en Matanzas, hasta que decidí regresar. Avisé a mi padre, Lázaro Pérez Téllez, que deseaba volver y él dijo: «¡Pues arriba!». Ahora soy jefe de brigada, pero empecé por abajo. Primero trabajé en un centro de acopio, donde hice de todo, hasta limpiador. Después pasé al central. También abajo; hasta que terminé un curso de mecánico en el municipio de Baraguá y un buen día me hicieron la propuesta de ser jefe de brigada de molino.

—¿Trabajan muchos jóvenes contigo?

—Sí, cómo no. Somos cinco en la brigada, todos jóvenes. Laboramos por turno. De 7:00 de la mañana a 7:00 de la noche y luego al revés: la noche completa hasta el amanecer.

—¿Cómo pones respeto? ¿Cómo haces para que te sigan?

—Compadre, porque uno es compañero. Pero, mira, en el trabajo de moledor hay que tener mucha responsabilidad. Ese es un lugar muy importante y peligroso. La caña que entra al central lo hace por el área de nosotros. La miel, el bagazo, los jugos que se obtienen aquí salen del molino donde están las cuchillas del central. Constantemente estoy arriba de mi gente, no para molestar. Al contrario, para enseñar, supervisar. Les digo: «Yo empecé de abajo igual que ustedes» y los invito a superarse, a guapear.

—Si en el Festival tuvieras que hablar en nombre de Cuba, ¿qué dirías?

—Que aquí hay un pueblo que ama a su patria. Nosotros tenemos 20 000 problemas con la economía; pero los vamos a solucionar nosotros. Y si me preguntan dónde está la Revolución Cubana, pues diré: «Mírenla, soy yo. Somos todos los cubanos que estamos aquí y los que quieren a Cuba». Sí, porque yo estoy claro. Yo soy alguien gracias a Fidel y la Revolución.

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