Más que una simple suma

Integrar va mucho más allá de adicionar partes, y si de universidades se trata se hace imprescindible aunar culturas profesionales, tomar lo mejor de estas y establecer nuevas y mejores formas de hacer

Autores:

Yahily Hernández Porto
Osviel Castro Medel
Lisandra Gómez Guerra

No pocas personas pegaron el grito en el cielo cuando en Cuba se conoció la noticia de que, como resultado del experimento realizado en 2012 en Artemisa y Mayabeque, se integrarían la Universidad perteneciente al Ministerio de Educación Superior (MES); la de Ciencias Pedagógicas, del Ministerio de Educación; las facultades de Cultura Física, del Instituto Cubano de Deportes, Educación Física y Recreación, y la de Ciencias Informáticas.

Opiniones diversas corrieron desde todas las sedes: «todo pasaría al régimen pedagógico»; «se perderían locales con confort»; «se trabajaría más por igual cantidad de salario»… Como todo lo nuevo, generó criterios que, poco a poco, en la mayoría de los territorios, se han encauzado por un camino común: armar una gran institución cuyo pensamiento e influjo, dentro y fuera de su perímetro, se convierta en verdadero referente para la sociedad cubana.

Para palpar qué ha pasado desde que plantó bandera hace tres años el proyecto de universidad integrada e innovadora en el primer grupo de esas instituciones en la Isla, un equipo de JR se introdujo puertas adentro de las casas de altos estudios de tres provincias del país, donde encontró particularidades que, más allá de la metodología del proceso, responden a las características de cada provincia.

Muchos criterios subrayan ventajas y aciertos, pero aún persisten quienes manifiestan descontento y escepticismo, fenómeno natural en un proceso complejo y gradual, tal y como fue definido desde la primera vez que se puso sobre el tapete en el país un tema conocido en campus universitarios internacionales.

La idea se asumió para dar respuesta a los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, en específico lo que se refiere a «La reorganización de los sistemas de Educación, Salud, Cultura y Deportes, con un uso racional de los recursos, asegurando la calidad de estos servicios».

De esa forma, además, como lo reconoció Rodolfo Alarcón Ortiz, otrora ministro de Educación Superior, durante el Congreso Internacional Pedagogía 2015, se puede responder a las demandas cada vez más complejas de la sociedad cubana.

Enredos más allá de la cancha

Tal vez ninguna otra provincia tenga más complejidades geográficas que Granma para aplicar, con eficiencia, el proceso de integración.

Su llamada sede central, por ejemplo, radica en Peralejo, a unos 15 kilómetros de Bayamo. La principal institución pedagógica se encuentra en Manzanillo, a casi 60 kilómetros de la capital provincial, mientras que los recintos que acogen carreras en la segunda villa de Cuba no están uno al lado del otro, como en otros territorios. Eso, sin mencionar las instituciones en los municipios, algunas superdistantes, como Pilón.

La integración univeristaria busca formar profesionales más integrales y conectados con su sociedad. Foto: Raú Pupo.

El vicerrector primero de la Universidad de Granma (UdG), Carlos Ávila Amador, reconoce que esa dispersión geográfica es una debilidad que enfrentan los más de 1 400 profesores y más de 6 400 alumnos de la casa de altos estudios.

«No ha sido fácil para nosotros; hemos tenido que pensar y trazar estrategias en busca de mayor aprovechamiento de los recursos humanos y materiales», dice este máster en Ciencias, vinculado a la UdG desde 1996, cuando comenzó como estudiante.

Ávila enumeró a JR más de diez ventajas que ha ofrecido la integración, desde el fortalecimiento de los órganos asesores y de dirección hasta el aumento de la conectividad y su velocidad, pasando por una conformación más idónea de los diferentes tribunales de evaluación.

Sin embargo, también reconoció varios problemas, sobre todo en la Facultad de Cultura Física. Esta, al mudarse de sede dentro de la Ciudad Monumento, perdió su infraestructura, que incluye áreas deportivas y aulas.

Daniel Álvarez Vázquez, presidente de la FEU en la Universidad de Granma, considera que los estudiantes de esa facultad son los que más se quejan del proceso de integración «porque asumen que perdieron varias conquistas», que van desde los módulos deportivos hasta el gramaje de la comida. Incluso los implementos también empezaron a escasear y se llegó a niveles críticos.

Tal vez por esas razones varios alumnos de Cultura Física no se sienten hoy sumados a la Universidad, aunque como admite Carlos Ávila, estos procesos son complejos y los cambios deben verse poco a poco.

Los estudiantes han sido los menos reticentes ante el cambio que supuso la unón de varias entidades docentes, aunque en algunos casos enfrentaron desventajas. Foto: Roberto Ruiz

El profesor universitario Emiliano Rosabal asevera que nadie puede negar algunos contratiempos, como la carencia de locales, no solo para educandos sino también para los docentes, aunque él tiene esperanzas de que esas dificultades se vayan resolviendo.

«Hay muchos elementos subjetivos; ha habido resistencia al cambio, aunque en el futuro las cosas deben ir mejorando», expresa, en esa misma línea de pensamiento, el presidente de la FEU en la Universidad de Granma.

Claro, hay que pensar con urgencia. En junio de 2016, el periódico provincial La Demajagua, en un reportaje de Orlando Fombellida y Yasel Toledo, exponía que «los antes tres centros independientes —refiriéndose a Cultura Física, el Pedagógico y la entonces llamada Universidad— contaban con más de 30 años de labor, con una identidad y culturas organizacionales propias. A eso se suman dificultades concretas, incluidas las de tipo logístico, y por eso la adaptación resulta tan compleja».

La madre universitaria llama a sus nuevos hijos

Ubicada a más de 200 kilómetros de la provincia de Granma, en la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz (Ucial) se respiran otros aires, quizá por los antecedentes de esa institución.

A juicio de su rector, el Doctor en Ciencias Santiago Lajes Choy, en ese centro existe una historia de integración que respalda la experiencia, pues los estudios superiores en territorio agramontino, iniciaron en noviembre de 1967 unificados con dos carreras prioritarias: Agronomía y la Pedagógica.

«Con el tiempo esos estudios se fueron desarrollando, para conformar no solo nuestra gigante comunidad universitaria, sino también para liderar procesos similares en las vecinas provincias de Las Tunas y Ciego de Ávila. O sea, la sede madre desde entonces se multiplicó y dejó andar a sus hijos, y ahora los llama para aunarlos; proceso vital para el Modelo Económico Cubano que construimos», explica.

No obstante, según el también diputado al Parlamento, la implementación requirió una etapa de transformación paulatina, con la participación de estudiantes, profesores, trabajadores y cuadros.

«No se podían borrar de un zarpazo tres culturas universitarias diferentes. No era la suma de esas instituciones, sino el surgimiento de una nueva», aclara.

Bajo esas premisas se trabajó en la universidad camagüeyana, rectora de 52 carreras, distribuidas en diez facultades con más de 13 500 estudiantes.

«La integración no se quedó en la epidermis de la superestructura institucional, se estableció en las becas; en los festivales deportivos y culturales se empezó a representar a la Ucial, y hasta el menú de los comedores es desde entonces el mismo. A esa cultura del detalle se llegó entre todos y muy especialmente con los estudiantes, quienes se integraron más rápido que los profesores y cuadros. Se defendió el principio de que en la universidad integrada nadie sobraba.

«Apostamos por formar a los egresados con los mismos recursos y de forma más eficiente. Lo trascendental de la política se basa en su impacto, pues es el territorio el que recibe a un profesional mejor formado y de calidad.

«El proceso se sustenta y progresa con el perfeccionamiento constante. Aún faltan cosas por hacer. Se demanda una maduración permanente en la base, en el departamento y en los claustros de profesores; todavía tenemos carreras que no están integradas totalmente y eso hay que transformarlo.

«Pueden existir detractores que no apoyen ni entiendan el proceso, solo que  cuando y donde eso ocurra habrá que reflexionar, porque indiscutiblemente las cosas no andan bien. Como estábamos se malgastaban recursos materiales y humanos. La decisión de integrar a la universidad cubana fue correcta y el camino más certero es apoyarla con la participación de todos», sentencia.

Universidad a la espirituana

A juicio de directivos del MES, una de las potencialidades de la integración es que no responde a una fórmula rígida. Cada territorio, primero, debía realizar un diagnóstico exhaustivo para detectar sus fortalezas y, a partir de ahí, tratar de contrarrestar sus debilidades.

Con esa premisa, según la Doctora en Ciencias Pedagógicas Naima Trujillo Barreto, rectora de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí, se dieron los primeros pasos en esta provincia del centro de la Isla.

«Teníamos la necesidad especial de gestionar la educación a este nivel desde una misma institución y hasta ahora ha influido en una mejor gestión, que permite a su vez un aprovechamiento superior de la infraestructura, principalmente de laboratorios especializados. La FEU también ha ganado, al incrementarse el número de estudiantes con diversas aptitudes y actitudes», destaca.

Mayor coherencia de las actividades deportivas y culturales y del protagonismo de la FEU en ellas son ventajas reconocidades del proceso. Foto: Abel Rojas Barallobre.

Uno de los dividendos a favor del proceso docente-educativo para esa casa de altos estudios, distribuida en diferentes sedes por varios puntos de la ciudad del Yayabo, ha sido la fusión de un recurso humano más capacitado y preparado en las diversas ciencias, de acuerdo con la Doctora en Ciencias Pedagógicas Elia Mercedes Fernández Escanaverino. «A mi juicio ha sido un proceso de unidad y, por lo tanto, trae progreso y desarrollo».

Esa calidad profesional ha beneficiado no solo a la formación del estudiantado, sino a otros procesos como el de extensión universitaria, imprescindible para influir desde la cultura en el contexto social de la institución docente.

Esos logros se deben, considera la máster en Ciencias de la Comunicación Yudisney Brito Mayea, a la conducción de las acciones desde un único discurso y hacia un mismo objetivo: la preparación integral del estudiante. «Se han sabido aminorar las debilidades poco a poco, a pesar de que aún persisten rutinas de dos culturas organizacionales diferentes».

«Ya no está la inseguridad inicial por el cambio, porque hay un acercamiento a la conformación de metas de trabajo conjuntas», opina la Rectora, quien insiste en que la toma de decisiones comprenda escuchar y analizar las prácticas que caracterizaron cada una de las otrora universidades.

El joven Geovanys Valle Rojas, licenciado en Psicología Pedagógica, piensa que «la planificación de eventos y reuniones es un tema débil aún; en ocasiones han ocurrido al unísono y eso atenta contra su calidad».

«Hay falta de organización; muchas veces los estudiantes no saben bien dónde es su examen o actividad», reconoce Brito Mayea, profesora de Comunicación social.

Esas y otras deficiencias, como la insuficiente disponibilidad tecnológica del Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación, así como la impartición de clases —principalmente en la modalidad de curso por encuentros— fuera de los locales acondicionados como aulas, las relaciona la Rectora de la institución espirituana  con incongruencias en el trabajo.

«Hay que reconfigurar las políticas para ganar en agilidad a la hora de tomar decisiones. Contamos con mejores y mayores condiciones; no creo que esos problemas tengan que ver con la integración», refiere.

Otra de las insatisfacciones que se debate en las reuniones de departamento es la diferencia de salarios entre quienes laboraban antes en la Universidad de Ciencias Pedagógicas y en la José Martí. Las respuestas aún dependen de estrategias nacionales.

Para la Rectora, el estudiantado tiene menos opiniones desfavorables sobre el tema; salvo quienes debieron abandonar la beca de la anterior Universidad, considerada una de las mejores a nivel de país, y aclimatarse a la de la antigua sede pedagógica, de grandes albergues con deficientes redes hidrosanitarias.

Con el fin de erradicar esas inquietudes «este curso comenzó con la apertura de 18 cuartos con baños, reparados. El programa de mantenimiento permitirá inaugurar, antes de que culmine el año, igual número en otra de las torres, y para el próximo, gracias a un proceso de inversión, podremos remozar toda la residencia de la sede central», explica la directiva.

Aún es poco el tiempo para emitir una sentencia definitiva sobre el proceso de integración en la Educación Superior cubana. Los pasos hasta ahora evidencian que, con sus luces y sombras, en cada territorio se apuesta por perfeccionar el modelo de una universidad humanista, moderna, científica, innovadora e integrada a la sociedad.

No obstante, cuando ya se habla de perfeccionar lo hecho hasta ahora, muchos aspectos necesitan corregirse,  sobre todo los derivados del burocratismo, porque la universidad se integró no solo para crecer numéricamente, sino también para expandirse en soluciones y cultura organizacional.

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