¿El maestro fuera del área de cobertura?

Cada curso escolar el país necesita buscar alternativas para cubrir las necesidades de docentes. El tema es complejo y multifactorial, y nos involucra a todos de un modo u otro

Autor:

Margarita Barrios

Hay temas que no escapan al debate popular. Uno de ellos es la necesidad de maestros y profesores. Muchos son los esfuerzos que se han realizado en los últimos años para lograr la cobertura total de los claustros, y algunos de esos pasos van dando los primeros frutos, no solo en cantidad, sino en calidad. Pero aun así el asunto no deja de inquietar.

Y no es que el aula quede abandonada. Siempre ha habido un profesor que dé las clases, pues se utilizan diversas variantes para lograrlo; sin embargo, en algunas ocasiones la preparación de los que están no siempre es la óptima para obtener esa elevación de la calidad a que se aspira.

El curso escolar 2016-2017 comenzó con una cobertura docente del 94,2 por ciento en los 10 600 centros escolares que recibieron a una matrícula de más de 1 700 000 alumnos.

Esa cantidad de maestros en plantilla no fue suficiente y, por tanto, hubo que acudir a las llamadas alternativas, que se traducen en cubrir el déficit con jubilados reincorporados, profesionales de otras áreas del saber y profesores que están fuera del sector y quieren regresar.

Aunque la cifra de maestros a tiempo completo fue superior en el 1,1 por ciento a la alcanzada el año lectivo anterior y la cobertura fue favorecida por la cantidad de estudiantes que egresaron de las carreras de nivel medio y superior, la situación está lejos de resolverse. Claro que no se manifiesta igual en todas las provincias, incluso hay territorios que pueden ceder maestros a otros para completar las necesidades.

Ausencia que nos toca a todos

Es innegable que el interés por estudiar carreras pedagógicas no es muy común entre los jóvenes, por lo que, año tras año, no se cubre el plan de plazas, que se elabora a partir de las necesidades existentes.

Si se habla de maestros y profesores no se puede obviar una palabra: vocación. La carencia de este principio es uno de los argumentos primeros que esgrime una buena parte de los alumnos que no quieren dedicarse a la noble labor de educar. Y conjuntamente con este, cuelgan otros de índole material y hasta un tanto más subjetivo, que pasan por la manera en que, desde la casa, el barrio o la comunidad, han enseñado a apreciar a la figura del que educa.

Varios aumentos salariales, estimulación para aquellos profesores que debido a la falta de maestros tienen que asumir una mayor carga docente, entre otras iniciativas, se han puesto en práctica para propiciar la motivación en los estudiantes. Sin embargo, todavía son muchos los que rechazan la labor magisterial, aunque esa fuera la única opción que tuvieran para continuar estudios universitarios.

El tema va mucho más allá de un plan no cubierto, o de un alumno que, aisladamente, no manifiesta deseos o dice que no tiene condiciones para afrontar el aula. Se trata de un asunto que amerita una mirada plural, con particulares análisis desde cada territorio.

Valdría preguntarse qué características sociológicas, económicas y demográficas tienen aquellas provincias en las que la cobertura se hace más compleja, y qué distingue,  por su parte, a los territorios que pueden incluso ceder maestros para paliar el déficit de otras regiones.

Habrá que seguir pensando, como se ha hecho en algunos momentos, en estrategias particulares desde cada lugar, que involucren a todos los organismos e instituciones para buscar alternativas conjuntas que favorezcan desde todos los ámbitos el interés por el aula.

El tener maestros es un asunto de futuro. Y en ese tejido debemos contar todos, más allá de las acciones que el Ministerio de Educación pueda ir desarrollando.

Encontrando soluciones

Las escuelas pedagógicas, presentes en todos los territorios del país y en las cuales ingresan los estudiantes al culminar noveno grado para formarse como maestros de preescolar, primaria y especial, y de Inglés para la Enseñanza Primaria, han demostrado que son una buena solución ante el déficit existente.

Ena Elsa Velázquez Cobiella, ministra de Educación, al referirse a estos centros, los calificó como la proyección de más alcance estratégico del sistema de enseñanza.

En el curso escolar que culmina se incorporaron a las aulas más de 7 300 egresados de las escuelas pedagógicas. Con la graduación de este año suman 18 000 los egresados de esos centros desde el curso 2010-2011, en que renacieron ese tipo de planteles.

Dos nuevas escuelas pedagógicas abrirán en las provincias de La Habana y Guantánamo en el próximo septiembre.

Este año escolar comenzó también de manera experimental la formación de maestros para la Enseñanza Técnica Profesional (ETP), con 557 estudiantes que terminaron el noveno grado. La experiencia fue calificada de positiva, y para el próximo período lectivo también se formarán para dar clases en el nivel de secundaria básica.

¿Y los licenciados?

Aunque la formación de maestros de nivel medio resuelve, y, sin dudas, en esas edades es más fácil realizar la captación que con jóvenes que culminan el duodécimo grado, el Sistema Nacional de Enseñanza sigue apostando por docentes con títulos universitarios.

En el actual curso escolar se otorgaron 29 190 carreras pedagógicas, 27 000 más que el año anterior. El 52 por ciento del ingreso total es para el curso por encuentros.

¿Qué disparó las estadísticas? El motivo fundamental fue la eliminación del requisito de aprobar los exámenes de ingreso a la Educación Superior, lo cual se realiza ahora durante el primer año de la carrera, para el curso por encuentro.

También a aquellos estudiantes que concluyeron sus estudios de preuniversitario en la universidad o egresaron de las escuelas pedagógicas y matriculan en el curso diurno se les exonera de hacer los exámenes de ingreso.

Otro elemento que se debe tomar en cuenta es que las 23 especialidades pedagógicas son ahora carreras de cuatro años, y que los profesores se forman como especialistas en una asignatura. Igualmente se destaca la integración de los institutos superiores pedagógicos como facultades de las universidades del Ministerio de Educación Superior en cada provincia —solo quedó de manera independiente la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, de La Habana— lo cual permitió mejorar las condiciones materiales y tecnológicas para impartir las clases.

Cuestión de calidad

El tema de la cobertura docente y la presencia del maestro frente al aula tiene sus vasos comunicantes con el logro de una mayor calidad en el sistema educativo. «Podemos poseer los mejores programas, planes y libros, pero si no contamos con maestros, y maestros preparados, directivos que hagan realidad la concepción curricular que estamos probando, estaríamos trabajando a un 50 por ciento», expresó la Doctora Silvia Navarro Quintero, directora del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas (ICCP), en entrevista concedida a JR.

Con el propósito de suplir ausencias, el ingreso al sector de la Educación ha sido de personas con diversas formaciones, por lo que hoy se cuenta, por ejemplo, con maestros muy jóvenes, y otros jubilados reincorporados con diferentes niveles de conocimientos y experiencia. Frente a esa heterogeneidad, el Ministerio de Educación ha puesto énfasis en la capacitación.

Cira Piñeiro Alonso, viceministra primera de Educación, significó recientemente que en el actual curso escolar se realizaron más de 1 100 acciones de superación para los docentes, entre cursos, entrenamientos, diplomados, maestrías y doctorados, en los cuales participaron más de 164 000 maestros en ejercicio de todos los territorios.

Ante un panorama que se dibuja diverso, no debemos cruzarnos de brazos ni pensar que la cuestión debe estar en manos de otros. Será imprescindible, entre otras propuestas, continuar el trabajo vocacional desde las primeras edades, reforzar los círculos de interés pedagógicos en los centros escolares, y la realización de las jornadas Puertas Abiertas en las universidades, para que los estudiantes vean esa profesión como un buen camino a seguir. De no ser así, continuará el déficit de maestros y la inconformidad de la familia con la escuela que recibe a sus hijos, quienes no pocas veces son los principales impulsores de que los estudiantes digan no a la docencia.

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