¡Gozar un montón!

En Guantánamo, como en toda Cuba, la experiencia de los campamentos de verano ha vuelto a ser, según sus participantes, una forma de diversión juvenil sin ron ni estridencias musicales, y con muchas posibilidades para crecer

Autor:

Haydee León Moya

GUANTÁNAMO.— En el empeño de que las cosas salgan bien, hay una fórmula que casi nunca falla: poner el corazón al pie del esfuerzo. Eso me lo confirma ahora la experiencia guantanamera en esa singular aventura, que desde el pasado verano retomó la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) para que muchachas y muchachos de la Isla, con destacado desempeño en el estudio o el trabajo, tengan una opción en la que se conjuguen recreación, conocimiento e instrucción.

De nuevo el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) José Maceo funcionó como villa, en la que cien jóvenes de la hermana provincia de Santiago de Cuba se hospedaron durante una semana.

Educación acondicionó todo cuando todavía la Vocacional «olía» a pruebas finales. Garantía total para el confort y la limpieza. Gastronomía hizo lo suyo, al punto de trasladar para la villa, con cartel lumínico incluido, a La cienfueguera, uno de los más frecuentados restaurantes de la ciudad. Transporte puso a disposición del proyecto tres ómnibus Diana, relucientes, de esos que no necesitaron sustituir la batería por una pila (de muchachos para empujar), con sus asientos conservados como nuevos, y con experimentados choferes,  que no solo son «todos estrellas» frente al timón, sino también en el trato con la muchachada alegre por campos, calles, carreteras, ríos, playas, sitios históricos...

Y ha existido conexión total entre el puesto de mando de la Juventud, activo todo el tiempo en la sede del campamento, y los organismos involucrados en una tarea a la que el Partido y el Gobierno en la provincia le dedicaron especial atención, según reconoce Yaima González Hernández, miembro del Buró Provincial de la UJC.

De no haber funcionado bien todo ese engranaje, difícilmente fueran tan uniformes los criterios de los muchachos, con lo inconforme y exigente que, por suerte, es la juventud nuestra. No obstante, el saldo más importante y valedero es la trascendencia de lo vivido, las huellas que deja en ellos, el crecimiento que experimentan.

Cercanías

«Cuando se estudia un pasaje de la historia de Cuba, como el desembarco de Martí, Gómez y otros patriotas por Playita de Cajobabo, se puede comprender el vínculo que tienen los hechos con el presente, pero cuando vas al lugar de los acontecimientos, los hechos alcanzan otra dimensión», valora Sabrina de la Caridad Flores Leyva, una de las visitantes de la tierra indómita, quien agrega que «este año la oportunidad fue única, en cuanto a recreación, porque la estancia coincidió con los carnavales»

Leonardo Santana Leal, entre los más jovencitos de la tropa santiaguera en Guantánamo, pondera el hecho de que, siendo la segunda vez que participa, no se repitieron ni los sitios históricos ni los centros nocturnos a los que fueron.

Otra dinámina y sin rutinas

A Josefina Prosper Bruff e Ignacio Catilla Díaz, los une el amor, pero también la Medicina. Casi a punto de iniciar el tercer año de esa carrera, ambos ven en esta experiencia su mejor opción de verano, y no solamente por el módico precio de 50 pesos, en el caso de los estudiantes, y cien en el de los trabajadores.

«Si vas por una semana con tu familia a vacacionar, generalmente es a una playa o al campismo, y de allí no sales, de manera que llega el momento en que uno se aburre de agua, comida y sueño. Pero aquí no te alcanza el tiempo para ser útil y divertirte de muchísimas maneras. Es la ventaja del campamento», añade Ignacio.

Profesor de Español y Literatura en el IPVCE santiaguero, Frank Andrés de la Paz Villalón es el «viejo» del grupo, a pesar de sus 27 años de edad. Para él, el campamento es «formador de valores, porque nos reserva diversos momentos culturales, productivos y de sana diversión. Es una experiencia donde  aprendemos que la recreación puede ser sana, sin ron ni cerveza y estridencias musicales y, sin embargo, hemos gozado un montón, asegura.

De la calle Cuba, en el municipio Santiaguero de San Luis, Julio César Quindelán la O, es cocinero de una paladar. «Yo valoro, aunque no es lo único, que la UJC me dé esta posibilidad tan grande prácticamente gratuita, sin importarle si mis ingresos personales son altos o no. Eso para mí no tiene precio, porque valoran mi desempeño y la utilidad de la labor que realizo en el sector no estatal.

«En verdad yo no podría disfrutar durante tanto tiempo en un hotel de turismo. Pero aunque pudiera, no es lo mismo, porque a uno como joven le gusta la aventura con gente como uno. Se aprende de todo, y especialmente a conocer Cuba, su desarrollo económico y social. Y eso nos da herramientas para defender la obra de la Revolución».

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