¿Por qué volver una y otra vez a la cima de Cuba?

Cada agosto, jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz regresan a la cima de Cuba, el Pico Real del Turquino

Autor:

Rafael González

Cada agosto los jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) volvemos a la cima de Cuba, el Pico Real del Turquino, a 1 974 metros sobre el nivel del mar, como homenaje a Luis y Sergio Saíz Montes de Oca.

La tradición, iniciada por los miembros de la organización en la década del 90, se realiza ininterrumpidamente desde 2013. Este año, también, desde la capital, salimos al encuentro con la historia. Entre los integrantes del grupo se encontraban Eduardo Ernesto Cedeño (vicepresidente nacional de la Asociación y realizador de radio), Yaremis Pérez (actriz), Annie Garcés y Mauricio Figueiral (músicos), Amilcar Salati (guionista de la película cubana Esteban). Igualmente, estaban Laura Roque y Henry Pérez (periodistas y realizadores cienfuegueros) y Yadniel Padrón (artista visual), por solo citar a algunos de los que formaron la tropa.

Después de un largo viaje llegamos a la Ciudad Heroica, donde Juan Edilberto, presidente de la filial santiaguera de la AHS, nos esperó con una descarga protagonizada por los trovadores guantanameros Jorge (Yoyi) Barret y Annalie López (más conocida por «la trovadora Azucena»). Se sumó, además, el joven historiador Rafael Cruz y su padre, camagüeyano de igual nombre, conocido en la redes sociales como el «Turquinauta», no solo por ser un activo miembro de la blogosfera, sino también por el medio centenar de ascensos exitosos que ha realizado a esa elevación. Nos acompañó, del mismo modo, Ernesto Oliva (compositor).

Luego de dormir unas horas, al amanecer, asistimos a un lugar de obligatoria visita para todo cubano digno que llegue a Santiago: el Cementerio Santa Ifigenia. Hasta ahí fuimos al encuentro con Martí, Fidel, Céspedes, Mariana, Frank País y el resto de los héroes y mártires de la patria que en él reposan.

Una flor blanca llevamos a nuestros héroes y en una instantánea dejamos la huella de aquella visita. En Santa Ifigenia supimos que, desde el 9 de diciembre de 2016, han llegado al camposanto más de 400 mil visitantes.

Al rato partimos a desandar la populosa calle Enramada hasta el parque. Luego al museo Emilio Bacardí, donde quedamos impresionados con sus salas expositivas, sobre todo con la momia egipcia que en él se exhibe y que fue entrada a Cuba por Bacardí (primer alcalde republicano de la ciudad) como carne prensada.

La ruta continuó por el Mirador de Velázquez, el Museo de la Clandestinidad, el Cuartel Moncada y el poblado de El Cobre, donde visitamos la iglesia de la patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad del Cobre. Subimos para encontrarnos con el Monumento al Cimarrón, escultura realizada hace 20 años por Alberto Lescay (artista plástico y maestro de juventudes) y emplazada en lo alto de una loma de dicha localidad.

Como colofón de la jornada, un encuentro con los miembros de honor de la AHS nos llevó una vez más a la sede de la Fundación Caguayo, donde compartimos con Fátima Patterson, Premio Nacional de Teatro 2017, entre otros intelectuales y creadores.

De Santiago nos llevamos la hospitalidad de su gente, y camino a Bayamo hicimos otra inolvidable parada: Dos Ríos. Frente al obelisco que marca el sitio de la caída de Martí, justo donde la tierra ensangrentada del Apóstol quedó sepultada, depositamos una ofrenda floral. La bandera que siempre lo acompaña ondeó con más fuerza.

Derroche de talentos

La noche en la ciudad de Bayamo fue un derroche de talentos, por la presentación de nuevos artistas que hoy se vinculan a la Casa del Joven Creador de la ciudad y que ascenderían al Pico. Entre ellos Náyade y Nadia, singulares tocadoras de batá que integran el grupo Yoruba Man, el trovador Carlos Espinosa, Claudia, la violinista que también le hace coro al joven cantautor, Anabel Espinosa, estudiante de actuación de la Escuela Profesional de Arte, y Yúnior Sánchez, actor del grupo Teatro Tiempo. Todos guiados por Lisbet González, presidenta de la AHS en Granma y actriz, quien junto a su ejecutivo y al colectivo de trabajadores de la Casa, organizaron un programa de actividades.

En Granma, otra vez visitamos el Monumento La Demajagua y compartimos con César, historiador que se agiganta cuando habla de Carlos Manuel de Céspedes y de aquella mañana del 10 de octubre de 1868 en que la campana del ingenio tocó para llamar a los cubanos a luchar por la independencia. Sentados sobre la rueda dentada del ingenio, y que hoy es un símbolo para todos los cubanos, nos imaginamos rodeados de cañaverales y que sentíamos sonar la campana de Céspedes alentándonos a continuar el viaje y ascender triunfantes el pico Turquino.

En la base de camiones de Bartolomé Masó nos esperaban los amigos, con los Súper Kamaz para llegar hasta Santo Domingo. Este año Ariel fue el chofer que nos condujo por las empinadas carreteras hasta el campamento Ramón Paz Borroto, primer centro de pioneros exploradores que inauguró Fidel, el 19 de julio de 1981, como regalo por el día de los niños. Jorge Luis Segura es su actual director.

Al llegar a ese centro apreciamos que la prometida reparación de esa instalación educacional marcha a paso lento. Prácticamente no progresó nada desde la última vez que estuvimos allí, situación que debería ser rectificada por los organismos e instituciones pertinentes.

Con Anicia Castañeda, secretaria ejecuti-

va de la AHS nacional y el equipo de Granma, dejamos el equipaje del viaje y tomamos lo

imprescindible para comenzar el ascenso en la madrugada del día 12. Nuestro guía fue nuevamente el ágil Oilet Álvarez y durante el trayecto se sumó Bel Binajera (joven maestra de la zona). El camión nos dejó en Alto del Naranjo, sitio hasta el que se puede llegar por carretera y donde inician los senderos de Flora y Fauna: el que conduce hasta la Comandancia de la Planta, el de la comunidad ecológica La Platica y el que finalmente tomamos rumbo al pico Turquino.

Caminamos los primeros ocho kilómetros, pasando por Alto de Palma Mocha, Cuatro Caminos, Loma del León, Alto de Lima y, finalmente, la Aguada de Joaquín. Allí nos esperaban Félix, Nene, el cocinero, y Juan Bautista, tres buenos hombres encargados de alimentar a los que, como nosotros, emprendemos el recorrido.

Luego de cantar, recitar poemas y hacer las historias más increíbles, nos acostamos temprano. El de pie fue a las 3.00 a.m. Los cinco kilómetros más difíciles esperaban por nosotros, antes de llegar al Pico y, luego, 13 kilómetros de regreso.

Alumbrándonos con linternas, a las 4:00 p.m. comenzamos el ascenso definitivo de los picos Joaquín y Regino, así como del Paso del Mono, considerando los consejos de Rafael, el Turquinauta, que nos advirtió de la terrible pared vertical de mil metros de altura que debíamos franquear, teniendo cuidado con los pisos falsos de helechos. Así logramos llegar al Mirador de Loma Redonda y conquistar el firme del Turquino. Algunos se le adelantaron al sol y consiguieron apreciar el nacimiento del día, el alba, junto al busto de Martí.

El día 13 de agosto, sobre las 8:00 a.m., los 31 jóvenes que nos unimos para conquistar la cima de Cuba y homenajear a nuestros paradigmas lo habíamos logrado. Junto a Martí nos abrazamos y sentimos que estábamos cumpliendo con la patria, con los Hermanos Saíz y con Fidel. Llevamos con nosotros la bandera de la estrella solitaria y como escudo el arte. En el trayecto nos cubrieron las palmas. Vimos y escuchamos el canto del tocororo y bebimos de las aguas del río Yara.

Porque no tenemos más que nuestras vidas y una obra inmensa que realizar, los jóvenes de la AHS volvemos cada año a la cima de Cuba, al encuentro con nuestra historia, para ser dignos continuadores de tan genuina gesta.

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.