Una pizza, por favor…

El exquisito manjar y el arte de sus elaboradores fueron reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. De solo mencionarla a los cubanos se nos hace «agua la boca»

Autor:

Yuniel Labacena Romero

La ciudad italiana de Nápoles tiene dos motivos para estar de fiesta. Su sabrosa pizza —resultado de un prolongado proceso culinario de tres siglos—, y el arte de los «pizzaioli» o elaboradores de pizza han sido reconocidos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Tal decisión se tomó en la más reciente reunión del Comité Intergubernamental de ese organismo, que sesionó la semana última. Se supo que otros 32 nuevos elementos —entre ellos el punto cubano, como ya comentamos en esta página— forman parte de la lista que para la Unesco incluye «formas de expresión que dan testimonio de la diversidad del patrimonio inmaterial y conciencian sobre su importancia».

El dictamen reconoce que este arte es practicado en la actualidad en Nápoles por unos 3 000 «pizzaioli» y «desempeña un rol esencial en la vida social y en la transmisión entre generaciones». También destaca que constituye un verdadero espectáculo cuando los elaboradores de pizzas muestran su destreza a la vista del público.

Igualmente, apunta que las técnicas para su producción se pueden aprender en escuelas especializadas o en el seno de la familias italianas. Sin embargo, las prácticas y los conocimientos se transmiten esencialmente en los establecimientos, donde los jóvenes aprendices observan el trabajo de los “pizzaioli”.

Pero la celebración por este reconocimiento trasciende Italia, pues la pizza se ha convertido en un plato famoso del mundo y las innovaciones en sus ingredientes a menudo dejan perplejos a sus creadores. De acuerdo con Prensa Latina, este negocio superó los cien mil millones de euros a nivel global en 2016, con el mayor consumo en Estados Unidos, Italia, España, Francia, Alemania y Gran Bretaña, en ese orden.

Los cubanos, si bien no aparecemos como los primeros entre los consumidores de esta creación culinaria, sí podemos afirmar que la degustamos con infinito placer, incluso no faltan quienes afirman que por acá hay algunos «pizzaioli» capaces de competir con los más renombrados internacionalmente y otros que sentirían cierta vergüenza.

Su preparación sencilla y su fácil consumo, incluyendo la versatilidad de horarios, están entre las razones de la preferencia cubana por esta joya mundial. Desde ahora, con más gusto diremos: me pones una pizza, por favor.

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