Semilla que se hace (con)ciencia

Unos diez mil campesinos están vinculados al Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas. Lograr cultivos sanos y sin contaminación es uno de los presupuestos del colectivo de científicos que laboran en ese centro adscrito al Ministerio de Educación Superior

Autor:

Margarita Barrios

«Nos ha venido muy bien acercarnos al Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA), porque ahora no hacemos nada sin antes investigar. Usamos los productos que ellos crean, los probamos, y las ideas que nosotros tenemos salen mejor en el campo», aseguró Yoel Hernández Gallardo, propietario de la finca El Mulato, que pertenece a la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Orlando Cuéllar, del municipio de San José de las Lajas, provincia de Mayabeque.

Unos diez mil campesinos están vinculados al INCA a través del programa de desarrollo local, y por supuesto que los cercanos al centro son los más beneficiados. Quizá por eso Yoel habla como un especialista, aunque asevera que su trabajo en el campo no es de mucho tiempo, pues toda la vida se dedicó al deporte y esa tierra la heredó de su padre.

«Mi finca se ha puesto alegre desde que nos vinculamos al Instituto en 2005. Antes tenía problemas con el suelo. Usábamos muchos químicos, incluso los mezclábamos sin saber; hacíamos barbaridades. Les agradezco mucho, porque sé que les estoy haciendo bien a la tierra, a las personas que consumen esos alimentos y también a mi salud y a la de mi familia», argumentó.

Emprendedor y entusiasta, no demora en contar algunos de sus logros, y refiere que «por el municipio se nos encomendó hacer una siembra de una hectárea de papa orgánica. Sin embargo, la tecnología que se especificaba era muy complicada. La he ido cambiando y en cuatro años he logrado una propia, que funciona muy bien. La variedad Romana está entre 18-19 toneladas por hectárea, que es el promedio nacional», destacó.

Entre los productos que le proporciona el INCA, Yoel señala el Quitomac, y asegura que le da muy buenos resultados, pues la planta crece mucho más rápido que la yerba. «Lo usamos en la yuca, que demora unos 21 días en nacer, y con esas aplicaciones en nueve o diez días está afuera. Hemos aumentado la producción en cerca de un 40 por ciento. La diferencia se nota. Vas a un campo donde no lo echaste y las plantas están más delgadas y algunas no nacieron, mientras donde lo aplicaste el sembrado está hermoso.

«Cuando iniciamos nuestra relación con el INCA esta era una de las fincas más tóxicas del territorio; habíamos perdido la fauna. Ahora tenemos más de 70 especies de pajaritos que se han recuperado. Solo aplicamos productos biológicos; por ejemplo, para controlar insectos dañinos como la mosca blanca utilizamos la cáscara del cedro, o la higuereta, y tenemos todos los cultivos con buenos rendimientos; del frijol obtenemos dos toneladas por hectárea; del maíz, dos y media, y de la yuca, 15.

«Nosotros antes solo sembrábamos la tierra, no teníamos la experiencia de hoy, en que aplicamos la ciencia», destacó.

Los científicos del Instituto trabajan en productos para elevar la producción agroalimentaria del país.

Proteger el medio ambiente

Con varias líneas de investigación e inmersos en el Sistema de Innovación Agropecuaria Local (SIAL), el INCA aporta de manera significativa al programa alimentario del país. El beneficio de sus investigaciones se hace palpable en los campos cubanos.

«El objetivo del centro es generar y transferir conocimientos actualizados, tecnologías integrales y nuevos productos en biotecnología, ciencia vegetal y sistemas sostenibles, para elevar la producción agroalimentaria», explicó el Doctor en Ciencias Michel Martínez Cruz, director de Ciencia, Tecnología e Investigación del INCA.

«Tenemos varias líneas de investigación —precisó—, unas destinadas a lograr el mejoramiento genético de los cultivos; otra para la creación de biofertilizantes que eleven la nutrición de las plantas, así como la elaboración de productos bioactivos.

«Entre los logros del Instituto se encuentra que, a través del mejoramiento genético convencional, utilizando la biotecnología y la inducción de mutaciones como herramientas, hemos obtenido genotipos de arroz, papa, frijol, soya, maíz y tomate como cultivos priorizados, y de orquídeas, flor de Jamaica, café y pimiento como cultivos potenciales.

«El país invierte cada año mucho dinero en la compra de semillas de papa en Holanda y Canadá. Nosotros logramos 16 variedades que están incluidas en el plan de semilla nacional. Nuestra aspiración es que se sustituyan las importaciones», subrayó.

En cuanto a los productos que genera el Instituto, Martínez Cruz destacó que el Ecomic es insignia. «Es un biofertilizante de amplio espectro que incrementa la capacidad de la planta de absorber los nutrientes del suelo sin necesidad de utilizar fertilizantes químicos.

«En Cuba tiene una amplia utilización y fue validado también su empleo en Colombia, Bolivia, México, Costa Rica, Guatemala y El Salvador. Hay 50 plantas para su producción en diferentes países», precisó.

También se refirió al Azofert, biofertilizante que aporta nitrógeno directo a la planta, lo cual aumenta el rendimiento de los sembrados entre un 20 y un 60 por ciento. «Incrementa el aprovechamiento de los nutrientes del suelo, con la consecuente reducción de la contaminación ambiental y el ahorro de los fertilizantes minerales; además, no degrada los suelos y contribuye a restablecer el equilibrio microbiano», explicó.

No dejó de mencionar al Quitomax, que trabaja directamente contra las plagas. «Este producto, que ha sido validado con éxito en plantaciones de frijol, papa y tabaco, permite reducir las aplicaciones de pesticidas químicos», dijo.

Sin embargo, Martínez Cruz se lamenta de que a veces no tienen la capacidad para producir todo lo que se necesita en nuestros campos. «Estamos en conversaciones con el Ministerio de Agricultura para que otros organismos, con mejores instalaciones para ello, produzcan a mayor escala. Además, dedicarnos a producir nos quita tiempo de investigar para obtener nuevos resultados», puntualizó.

El INCA se vincula hace 18 años al Proyecto de Innovación Agropecuaria Local, lo cual le ha permitido promover su trabajo en 12 provincias y 75 municipios. «A nivel nacional es difícil la producción de semillas para los diversos cultivos, que los campesinos produzcan para sus vecinos a nivel local es lo que estamos promoviendo con fuerza.

«Para lograrlo es esencial que los gobiernos municipales, junto a los agricultores, participen en la solución de las problemáticas territoriales. Y que se vinculen las universidades, los centros de investigación… Solo así se logrará la sostenibilidad alimentaria a partir de la gestión local y la innovación», significó.

Institución fundada por Fidel

Fundado en 1970 por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, el Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas forma parte de un complejo científico-docente con la Universidad Agraria de La Habana, el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria y el Instituto de Ciencia Animal, todos en Mayabeque y adscritos al Ministerio de Educación Superior.

Entre otras distinciones, el INCA ostenta 32 premios de la Academia de Ciencias de Cuba y 28 órdenes Carlos J. Finlay. El selecto grupo de investigadores —de ellos 35 son doctores en Ciencia y 45 másteres— trabaja para generar y transferir conocimientos actualizados, tecnologías integrales y nuevos productos en biotecnología, ciencia vegetal y sistemas sostenibles, para elevar la producción agroalimentaria del país.

Amplio intercambio de conocimientos y experiencias

Con el fin de promover un amplio intercambio de conocimientos y experiencias en temas relacionados con las ciencias agrícolas, el Instituto organiza cada dos años un Congreso Científico Internacional, en el cual pueden participar investigadores, profesores, técnicos y productores de la rama agrícola de diferentes instituciones nacionales e internacionales. La edición número 21 tendrá lugar del 20 al 23 de noviembre próximo, y contará con la participación de más de 300 delegados cubanos y unos cien extranjeros de 15 países.

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