Escribir y comer con los pies no es un problema

Daylín Valdés Chong, pionera de la escuela especial Solidaridad con Panamá, como sus compañeros de estudio, ha tenido que desafiar no pocos obstáculos en sus años de vida.Sin embargo, se considera una persona muy fuerte y feliz

 

Autor:

Yuniel Labacena Romero

«Soy muy activa, amigable, me encanta conversar, estar en actividades, correr, hacer travesuras, aprender muchas cosas nuevas, ser una adolescente divertida». Así se define Daylín Valdés Chong, pionera de la escuela Solidaridad con Panamá. La conocí hace ya unos meses en un encuentro juvenil. Su rostro es de esos que convida al constante crecimiento, a despojar las tristezas y llenar el alma de alegría.

Daylín —como el centenar de niños, adolescentes y jóvenes aquejados de limitaciones físico-motoras o enfermedades cerebro-vasculares que estudian en ese sitio— ha tenido que desafiar no pocos obstáculos en su corta vida, sin embargo se considera un ser «muy fuerte y feliz». Sus energías y no verse como una persona sufrida han sido el mejor «compañero» para salir adelante en estos años.

Y esa certeza la comprobamos en su diálogo con Juventud Rebelde. Sus delicados pies se convirtieron desde hace mucho en un todo. «Son mis manos para escribir, comer… para crecer como cualquiera. No me da pena decirlo y eso no es un problema», afirma con orgullo.

Emociona ver con cuánta viveza, ingenio y destreza hace lo que nos cuenta. Ahora, mientras toma el lápiz entre los dedos de su pie derecho y dibuja, cuenta que al principio intentó escribir con el cuello o la boca pero le resultó un poco más difícil. «Con los pies fue más fácil y lograba mejor caligrafía. Cuando te adaptas, todo resulta cómodo. En el aula me siento en una silla como las del resto de mis amiguitos y la mesa es la que está a la altura de mis pies. Así ha sido durante todo este tiempo. Es como escribir con las manos, por lo menos eso es lo que creo yo.

«Asumo mi estudios con mucho sacrificio y consagración. Tengo muy buenas calificaciones. Ya estoy en 9no. grado. Mi asignatura favorita es el Español, aunque también me gusta algo la Matemática. Los profesores explican todo con detalles. Han sido muy comprensivos y amorosos desde que iniciamos este largo camino. En mi escuela está desterrada la lástima o la compasión. Nadie rechaza a otro. Nos llevamos muy bien».

—¿Qué te gustaría estudiar?

—Todavía no sé bien, pero creo que Informática pues me encantan las nuevas tecnologías. Me siento bien haciendo presentaciones de Power Point, documentos de Word, interactuando con la computadora. Eso me estimula mucho.

—¿Y la familia?

—La adoro, en especial a mi mamá y a mis cuatro hermanos. La que viene después de mí es Samira, de nueve años de edad; después Deisy, de ocho; Michel, de tres, y Jaider, de un año. Vivimos en Marianao. En la casa jugamos y nos divertimos cantidad. Aparte de eso trato de ayudar a mi mamá en las cosas que están a mi alcance. Somos una gran familia.

—¿Qué o quién te inspira a hacer tan activa?

—El ejemplo de Fidel. El luchó porque nosotros pudiéramos ser libres y fue un gran amigo de los niños. Nunca morirá en nuestra memoria.

***

Quizá a algunos venga a su memoria el rostro de Daylín cuando la visita del Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Kirill, pues ella —en su propia escuela—, bailó para él una melodía del cantautor Silvio Rodríguez, en la cual el trovador promete «te amaré/ hasta el fin de los tiempos…». Y esa convicción la ha comprendido la adolescente, quien afirma que conversar con el Patriarca fue «fue un momento emocionante, más cuando tomó de mis pie un sobre», y según cuenta le dijo —como al resto de sus amiguitos que son muy buenos niños, son maravillosos y compartir con ellos había sido un día de fiesta, pues ellos hacían, a pesar de sus limitaciones, lo que muchas personas no podían.

Pero Daylín en este tiempo también se ha convertido en una maestra excepcional. Ahora enseña a una pequeña de prescolar a que logre hacer sus cosas solas y también sea grande como ella. Me cuenta que muy pronto detectó la gran habilidad de la niña para adaptarse y la independencia que tenía para moverse, a pesar de sus limitaciones.

«Trato de enseñarla para que ella pueda hacer cosas sola, que no dependa de otras personas. Recuerdo que la conocí cuando tenía cerca de tres años, que venía a la escuela como parte del programa Educa a tu hijo, y fuimos conociéndonos.

«Ahora ya está aquí. Ha sido muy divertido enseñarla pues me ha revivido lo que yo sentía cuando era más pequeña y empezaba la escuela. Ella ha sido fácil, un poco divertida. Aprende rápido, es una niña muy inteligente, se parece a mí —sonríe—, ha sido una experiencia muy bonita, me siento como una maestra. Nos llevamos muy bien.

«Ella tiene los miembros superiores también afectados. La he enseñado a que haga las cosas con los pies igual que yo, a comer, coger los vasos… Voy a enseñarla a que intente vestirse sola. Ya ha aprendido algunas cositas, entre ellas a recortar. Sus padres también la ayudan mucho, la quieren como si fuera oro. Me siento contenta de poder ayudarla», afirma con orgullo.

Daylín, quien siente afortunada y agradecida de vivir en un país como Cuba, se despide con un mensaje no solo para los niños de esta Isla inmensa sino también del mundo: «No se rindan, confíen en sus capacidades, tengan lo que tengan harán realidad sus sueños. Eso se los puedo asegurar».

Daylín afirma que conversar con el Patriarca Kirill «fue un momento emocionante». Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ACN

 

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