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El «entusiasmol» que se lleva en la sangre

Las inquietudes y los proyectos planteados por los delegados tienen cabida dentro de la UJC, y para hacerlos realidad ahí están los comités de base, pues esta es una organización para soñar y hacer cosas buenas 

 

Autores:

Yahily Hernández Porto
Luis Raúl Vázquez Muñoz

«Si quieres que la juventud haga cosas, suéltala. Déjala que invente, pero no la amarres. Déjala que haga cosas». Audel García González decía sus palabas en una entrevista para Juventud Rebelde en julio de 2011, en la que recordaba el papel de los jóvenes en la historia de Ciego de Ávila a partir de 1959.

Pero su afirmación no venía desde una retórica. Todo lo contrario. Lo expresaba desde su experiencia, primero como luchador clandestino contra la dictadura de Fulgencio Batista en su natal Morón y luego en calidad de dirigente de la Asociación de Jóvenes Rebeldes, organización que antecedió a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

«Suelta a la juventud, chico, y verás la cantidad de cosas que hacen», insistía Audel, y el recuerdo de la conversación retornó en medio de la asamblea de balance 11no. Congreso de la UJC en el municipio avileño de Morón; un encuentro en el cual se hizo evidente que la juventud necesita —de una vez y por todas— salir de los formalismos e inventar sus propios proyectos para mejorar la sociedad.

La percepción sobre esas inquietudes apareció durante un intercambio de criterios con las autoridades del territorio, cuando los delegados cuestionaron el deterioro higiénico y patrimonial de Morón. Los jóvenes tuvieron palabras fuertes para los basureros eternizados en distintos puntos de la ciudad y del municipio, e incluso alertaron sobre la pérdida de tradiciones en el territorio, algo inadmisible —así dicho en el plenario— en una urbe en la que se pretende desarrollar el turismo de ciudad.

Sin embargo, los delegados no se quedaron en la cómoda posición de la crítica sin compromiso. Los señalamientos —incluso en otras partes del debate— se acompañaron de propuestas que «se cocinan» o de acciones que se acometen.

Una de las ideas la presentó una joven estudiante de Medicina, quien esbozó el proyecto ideado por otros miembros de la Federación Estudiantil Universitaria y del barrio donde reside, en las afueras de Morón, para solucionar el tema de los vertederos desde la comunidad. Esa zona, según explicó la muchacha, se encuentra en una de las carreteras que enlaza a Morón con las vías hacia el destino turístico Jardines del Rey.

Otra iniciativa, que ya se cumple, se lleva de la mano del profesor Danilo Nápoles Sifonte, quien conduce el taller Lo que el viento se llevó, encaminado a la formación de valores en los estudiantes. Y otra más es el rescate de las acampadas, una tradición de la UJC moronense que había decaído en los últimos años, como apuntó Nailin Machado Ávila, ratificada en el cargo de primera secretaria del Comité Municipal.

Algo se mueve entre esos jóvenes. Y el movimiento tiene sus cuotas de anonimato cotidiano, como el protagonizado por los militantes del hotel Pullman Cayo Coco al paso del huracán Irma: trabajaron para recuperar la instalación, doblaron turnos y ante las limitaciones debido a la interrupción del tráfico por el pedraplén asumieron funciones que no eran de ellos para asegurar el servicio, según el testimonio de Bladimir Osorio, secretario general del comité de base.

No obstante, los delegados reconocieron la necesidad de darles mayor intencionalidad a las acciones. Mencionaron la preparación política, el trabajo con las redes sociales, el rescate de valores, o como señaló uno de los participantes, Dagoberto Cabrera Díaz, salirse de los esquemas: «Hacer una reunión a la sombra de un árbol, pero demostrar que se puede hacer de una manera distinta». O poner más chispa en las acciones, en palabras de Yunia Olivera Espinosa, del comité de base de la Delegación del Mintur.

Rodolfo López, de la escuela pedagógica Rafael Morales, dijo algo que casi es una declaración de principios. «Podrá haber muchachos inconformes, con una mayor o menor preparación política o madurez ante la vida; pero no podemos pensar que están en contra de la Revolución. Cuando eso se haga, no estaremos pensando con la intencionalidad política que exige la UJC y lo que haremos será dejar espacios en blanco, que los van a ocupar otros: los verdaderos enemigos de la Revolución».

Y Carlos Luis Garrido Pérez, primer secretario del Comité Provincial del Partido en Ciego de Ávila, reiteró ese criterio: «Nunca se nos puede olvidar que por muchos problemas y dificultades que tengamos, el centro de nuestro trabajo es el ser humano, la solidaridad entre las personas».

Prouestas concretas y novedosas

La muchacha, sin reparos y segura de sus palabras, inició el diálogo entre los más de cien jóvenes. «La verdad es que aquí en Sibanicú se necesita de un centro cultural para la recreación de los jóvenes, quienes muchas veces vamos a otros pueblos para divertirnos», dijo Mariana del Toro González, técnica en Farmacia.

El oportuno planteamiento de Mariana puso justamente el dedo en la llaga —como se dice en buen cubano— en la asamblea de balance 11no. Congreso en este municipio camagüeyano. ¿Cuánto más pueden hacer las estructuras de base de la UJC, junto a los movimientos juveniles y organizaciones estudiantiles, por una recreación que llegue hasta el surco, donde están los obreros y campesinos, y a toda la familia, especialmente los más pequeños de casa?, se preguntaba.

En sintonía con ello, el adolescente Reynaldo Gutiérrez Espinosa, estudiante del politécnico Alfredo Álvarez Mola, contó su experiencia: «La UJC en mi escuela siempre nos sorprende con caminatas a lugares históricos, acampadas, chequeos de emulación y ahora nos tiene “intranquilos”, muy contentos, con los cumpleaños colectivos. Esto me ha llegado bien adentro, pues no todos hemos tenido la suerte de que se nos celebre nuestro “cumple” en casa».

A Juan Pablo, «el Profe», al que conocen «hasta los gatos» de este centro de enseñanza, no le quedó más remedio que explicar públicamente cómo ha logrado que los estudiantes, maestros y trabajadores de este politécnico se sumen sin reparos a las actividades lideradas por el comité de base.

«Con unidad, deseos de hacer y mucho entusiasmo, ese que todos los jóvenes tenemos de manera natural en la sangre», dijo.

Una pregunta en forma de jarana, expresada por uno de los delegados a la asamblea,  avivó el debate: «¿Dónde está el “entusiasmol” de los jóvenes de Sibanicú?».

Nislay Molina Nápoles, primera secretaria del Comité Provincial de la UJC, apuntó que somos también responsables de estimular a los jóvenes que están en puestos de trabajo estratégicos y productivos de este territorio, como los que laboran ininterrumpidamente en el central Siboney.

«Tenemos que acercarnos más desde propuestas atractivas y recreativas, desde nuestras reservas; especialmente desde los movimientos juveniles y los proyectos comunitario-culturales, a quienes hoy están en las industrias y el campo de sol a sol», señaló.

Yolemnia Nuviola Peña, funcionaria del Comité Nacional de la UJC, acentuó que la organización necesita trabajar estrechamente con las instituciones del territorio para aprovechar sus potencialidades culturales, deportivas y recreativas, y acercarse a los jóvenes con propuestas concretas y novedosas que respondan a sus insatisfacciones.

Y Jorge Enrique Sutil Sarabia, miembro del Buró Provincial del Partido en Camagüey, señaló que su organización tiene el deber de guiar a los jóvenes en el trabajo, vía imprescindible para no solo desterrar el formalismo de su funcionamiento, sino para ejercer influencia en el universo juvenil, desde el trabajo integral de todos los factores del territorio.

Si algo evidenciaron estas dos asambleas es que cada una de las inquietudes y los proyectos planteados y tiene cabida dentro de la UJC, como apuntaban los delegados; y para hacerlas realidad ahí están los comités de base, pues esta es una organización para soñar y hacer cosas buenas. En ella, los jóvenes tienen vía libre.

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