Ian Rodríguez y sus procedimientos literarios

CUMANAYAGUA, Cienfuegos.— Ian Rodríguez Pérez tiene varios libros de poesía publicados, a la manera de Velas en torno al corazón demente, Agudos del silencio y Cambiar las formas del sueño. Además, de su autoría ha visto la luz un grupo de reseñas críticas aparecidas en suplementos y revistas nacionales, merced a varias de las cuales recientemente obtuviera el Premio Segur de esa categoría literaria.

Autor:

Julio Martínez Molina

—Conozco que ahora emprendes algo novedoso relacionado con la crítica literaria...

—En efecto, redondeo un libro de crítica que se llama La soledad necesaria. Son reseñas enfocadas en textos poéticos, por lo general, publicados aquí en Cienfuegos, sobre los cuales debe llamarse la atención, porque apuntan a algo novedoso en el panorama cubano: de cómo creadores de provincias pueden llegar a aportar al acervo nacional.

—¿De qué versará Perrotomía, tu primer libro de narrativa?

—Son cuentos muy breves, que casi conforman una cuentonovela, porque todos los relatos se entrelazan. Es la historia de cómo en un pueblo llamado Ojo de Agua, los seres humanos se aburren de su existencia y pasan a convertirse en perros. A cierta altura del relato, los perros de verdad comienzan a rechazarlos y crean un código de ética del comportamiento aceptado en la auténtica comunidad canina. Subyace una esencia parabólica sobre las vicisitudes de la vida en colectivo; tal es su intención.

—¿Cuáles son las constantes de tu obra?

—Que hay un mundo por descubrir, que está ante nuestros ojos y, generalmente, no lo vemos: por insuficiencias, por terquedades, por vagancia o, sencillamente, porque lo queremos pasar por alto. Sobre eso ha tratado siempre mi poesía, los cuentos, e incluso creo que hacía ahí se enfilan los pequeños ensayos o reseñas que hago. Esa es la idea central de todo lo que he escrito hasta ahora. Cuando enfrento la hoja en blanco, siempre quiero transmitir lo que está en mi interior, pasándolo siempre por ese velo que tiene la realidad. Así es como trato de reflejar ciertas cosas que la gente puede entonces asumir como paradigmas, o si no al menos le sirven para reflexionar.

—¿Vivir en Cumanayagua no te aparta del mundo intelectual?

—En lo absoluto. Soy profesor e instructor literario en la Casa de Cultura, tengo dos talleres especializados (de poesía y cuento), que funcionan los fines de semana y los imparto a jóvenes y personas de la tercera edad. Además, doy clases de apreciación literaria en una secundaria, donde atiendo ocho talleres.

«El flujo de información actual es muy beneficioso, no importa donde vivas. Está claro que el hecho de que la existencia de un intelectual transcurra en un sitio apartado de los grandes centros culturales puede conducir a cierto desfase, pero uno debe buscar la ma-nera de sobreponerse a eso. En Cumanayagua hago mi obra y encontré un remanso de paz, de tranquilidad, de estudio».

—Siendo tunero, tuviste la deferencia de hacerle un libro a Cienfuegos...

—Es que esta ciudad merece uno y muchos libros. Nocturnidades, Premio Calendario, resulta probablemente el primer libro cienfueguero que yo haya podido escribir, porque nací, 33 años atrás, en Las Tunas, viví en la Isla de la Juventud, y luego vine a radicar aquí, desde el año 1997. Ese volumen le debe mucho a la ciudad, porque se detiene en toda su vida nocturna. Está también allí la historia de sus estatuas, de sus personajes célebres o pintorescos; de las letras allí contenidas me valgo para recorrer bares, el malecón, las calles, el parque Martí. Y voy conformando todo ese mundo no develado, pero que existe, que está ahí, y que hay que tener en cuenta. Reflexiono mucho sobre el ser humano en mis poemas.

—¿Es ex profeso ese entrecruzamiento genérico de tus textos?

—Mira, he leído mucho a un mexicano que se llama Alfonso Reyes, y el prefería no hablar de géneros literarios, sino de procedimientos del escritor, para atacar la mente del lector. Y cada uno de esos procedimientos tiene sus exigencias: los dramáticos, los líricos, los narrativos. Conociendo eso un poco, he tratado de componer textos híbridos donde confluyan los tres procedimientos.

«A veces la gente me dice: “ese poema narra”, y es cierto; o “ese poema está presentando un conflicto dramatúrgico”, y ha sido el propósito; porque entre otras cosas me ayuda a moverme con libertad frente a la página en blanco, y lo que me exige como tratamiento el tema y la forma que me pide el texto, se lo voy poniendo ahí con mucha minuciosidad, para transmitir lo que yo quiero.

«En el prólogo de uno de mis libros, el editor y poeta René Coyra hizo un apunte interesante. Él decía que aunque yo pretendía insertarme dentro de la vertiente experimental de la poesía actual, lo hacía procurando comunicarme con el lector, y creo que eso no se puede perder de vista, porque muchas veces caemos en experimentalismos y nos olvidamos del lector».

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