Voces negras, mágnífico quinteto vocal

Cuatro hombres y una mujer integran el fabuloso grupo autodidacta

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

De izquierda a derecha, Joel, Sergio, Barbarita, Ignacio y Yunior. Tiene que haber sido obra de Terpsícore, la hija de Zeus y Mnemosina. Porque cómo explicarme que los jóvenes integrantes del quinteto vocal Voces Negras, que nunca tuvieron el privilegio de pasar por una academia, tuviesen esas voces tan prodigiosas. La primera vez que los escuché fue en mi casa. Andaba yo en los ajetreos del almuerzo tardío, y desde el televisor ubicado en el cuarto, escuché la increíble interpretación de la inmortal Stand by me, de John Lennon, en el espacio Cuerda viva. Les confieso que el arroz por poco se me quema. Salí corriendo a averiguar de dónde venía aquella música sublime.

Si no ha escuchado a Bárbara Janet Martínez Hernández, Ignacio Perdomo Méndez, Sergio Jardines Urtate, Joel Alonso Ponce y a Yunior Mendoza Reyes, integrantes de Voces Negras, usted puede pensar que se me está yendo la mano con los adjetivos. Y para convencerlo de que no estoy exagerando, le cuento lo que sucedió entre las paredes de Juventud Rebelde una tarde de junio. Mire, entonces estaba andando la gustada Copa Mundial de Fútbol de Alemania y muchos, indiferentes a mi entusiasmo, se resistían a ocupar los asientos que esperaban en la galería Francisco Vázquez para la ocasión. Y sucedió: bastó con que estos talentosos intérpretes se decidieran a «embrujar» con Natural woman para que las patadas y los goles quedaran para otro día.

De Voces Negras cautivan muchas cosas: la impecable afinación, el cuidadoso arreglo vocal, la pensada proyección escénica; el rigor, la disciplina y el profesionalismo con que encaran su propuesta; la atinada selección de clásicos de la música internacional que les permite conectarse inmediatamente con la memoria afectiva de un sinnúmero de personas, el deseo de complacer a quienes los escuchan, aunque eso signifique cantar una, y otra, y otra (como ocurrió en JR), sin preocuparse por el tiempo... Para que me entienda, escuchando a Voces Negras es como si usted tuviera en un mismo espacio a Omara Portuondo, Ben E. King, Aretha Franklin, The Platters, Domenico Modugno, Los Zafiros, Patsy Cline, Paul Anka, Liza Minnelli, Benny Moré y Ella Fitzgerald. Y poder revivir emociones lo mismo con Dayana, Crazy, At last, New York, New York, que con Pensamiento, Hoy mi Habana, Noche cubana, Hermosa Habana o Y qué tú quieres que te den. Pasar del negro spiritual, el jazz, el blues o el rock, al bolero, el son, el chachachá o la balada.

Voces Negras fue fundado en 1999 por Acela Peña Sánchez, quien aunque no es músico de formación, posee una sensibilidad, un sentido de la armonía, de la afinación, que ya muchos quisieran. «No estudié música por desdicha, pero sé perfectamente cuándo se croma y cuándo se desafina», dice la directora y representante, quien con anterioridad condujo los pasos de agrupaciones como Fuego Latino, Salsa Morena y Aerosalsa, al tiempo que ha podido estar muy cerca de figuras de renombre como la Portuondo y Emilia Morales u orquestas como Pachito Alonso y sus Kini Kini.

«Siempre admiré los cuartetos. Me fascinaban las melodías de Meme Solís y las D’ Aida, pero un buen día la actriz Mireya Chapman (El eco de las piedras) me habló del Cuarteto del Rey, que hacía canciones de los negros del sur de Estados Unidos, sin embargo, estaba en la oscuridad absoluta. Así fue como conocí a Nacho (Ignacio Perdomo Méndez, integrante del quinteto), el mago que, con sus increíbles potencialidades y amplio registro, lograba hacer parecer que cantaban cuatro cuando en realidad eran tres. Hoy te puedo decir con orgullo que logré sacarlos nuevamente a la luz».

Recuerda Acela que una noche se le ocurrió crear un proyecto que se centrara en aquellas canciones súper conocidas de la década del 40 hasta nuestros días, y que también pudieran hacer los cantos de los negros de Nueva Orleans. Así nació Voces Negras.

Según su creadora, el quinteto, que pertenece actualmente al Centro de la Música Adolfo Guzmán, ha tenido varias etapas y ha sido una escuela tanto para ella como para todos los que han pasado por él. Sin excepción, dice, jóvenes muy talentosos, que no tuvieron la paciencia de esperar. «Y los entiendo, pues pensaron que estando en Voces Negras se podían superar, acceder a una escuela y no fue posible.

«Soy quien, por lo general, propongo los temas —a veces prefieren cosas más actuales, y no lo toman con demasiado entusiasmo, pero después se enamoran de ellas—. Como te dije, los muchachos son empíricos, mas poseen un oído brillante. En todo este tiempo hemos actuado en centros nocturnos fundamentalmente y estuvimos casi dos años en Italia, como parte de un espectáculo».

LAS VOCES

Tanto Joel como Yunior y Sergio son tenores ligeros; en tanto que Barbarita es soprano ligera e Ignacio, bajo. Este último es el encargado de montar las voces y hacer los arreglos. «Los escuchamos varias veces y los estudiamos bien. En dependencia del tono del solista, decidimos quién lo interpretará. Luego colocamos las voces y trabajamos la armonía», esclarece Nacho.

Quizá algunos hayan visto el desempeño de Voces Negras en Se me ocurrió el sábado, donde fueron invitados por José Luis Cortés (El Tosco). El maestro nos llamó para que hiciéramos Natural woman y Noche cubana. No obstante, estos muchachos no son escuchados por la radio y apenas han actuado en Pinar del Río y Varadero. «Voces Negras se presenta en lugares nocturnos donde muchos no pueden llegar. Debido a eso se desconoce en buena medida lo que hacemos», apunta Barbarita.

«La difusión es muy pobre, y no se nos invita a otras provincias. Y sabemos que gusta nuestro proyecto, pero si las instituciones no nos tienen en cuenta no podemos hacer mucho», reflexiona Joel.

Lourdes Torres, Miguel de la Uz, Luis Carbonell, María Elsa Batillé Justiz, Martha Sánchez, Cuca Rivero, Bobby Carcassés, Fausto Durán, son nombres que están muy relacionados con la labor de Voces Negras. Es tal el agradecimiento que sienten estos muchachos y su directora por ellos que insistieron en hacerlo saber. «Sin esas personas la realidad sería otra. Ellos nos han aconsejado, nos han estimulado y, sobre todo, nos han enseñado. Y eso no tiene precio».

—¿Sueños?

—Millones, responde Acela, pero lo que más nos gustaría es tener una escuela, porque es el único modo de sentirnos verdaderos profesionales. Y ellos, por su talento y entrega, se lo merecen.

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