Reflexiones del pintor cubano Pedro Pablo Oliva

El destacado artista recibió esta semana el Premio Nacional de Artes Plásticas 2006

Autor:

Juventud Rebelde

Buscar en los orígenes, equivocarse y volver a empezar, pasar revista a sus hijos, ver el mar, abrir la puerta y saber que el mundo es algo más que lo que vemos, son algunas de las preferencias del maestro Pedro Pablo Oliva, Premio Nacional de Artes Plásticas 2006. Su intensa trayectoria, y el meritorio trabajo social que realiza, le hicieron merecedor esta semana de tan alta distinción, otorgada por el Ministerio de Cultura en reconocimiento a sus aportes al desarrollo e historia de la visualidad cubana.

«El premio me asusta. Tengo amigos pintores que se lo merecen. No voy a decir nombres, porque se me puede olvidar alguno. A mí estas cosas me bloquean», declaró el homenajeado en exclusiva para JR. A pocas horas de recibir la noticia, el destacado creador expresó la alegría de que lo valoren hasta ese grado y aseguró que su mayor satisfacción es «aliviarle o atormentarle la existencia a los demás, para mejorar este sitio donde vivimos.

«Las esencias de mis pinturas son las constantes, y las constantes son el mundo y el tiempo. Son lo que permanece, lo que subsiste, a pesar de la supuesta evolución que ha experimentado el hombre. Hay en ellas también algo de genético, de origen que no niego y que irá quedando atrás, pero que aún hoy permanece», dijo.

«El hombre sigue viviendo en colectivo, en manadas. Ama y ríe. Sueña y sufre. Mata y salva. Esas son las constantes, esa es la esencia que me ha interesado reflejar, y todo el mecanismo difícil que la sustenta. Es mi obra un viaje a la conciencia inconsciente».

Con la sencillez del cubano a quien le place recorrer la ciudad, disfrutar de la lluvia y saludar a los amigos, Oliva puso al descubierto, entre otras aficiones, su gusto por «partir del absurdo e indagar en los hechos; tomar una taza de café; disfrutar del verde intenso de los árboles; y... hacer el amor de día».

Manifestó igualmente lo difícil que le resulta «seleccionar unos cuantos hijos de un enorme paritorio (refiriéndose a los cuadros que marcan su vida pictórica). Cada uno trae sus encantos y te seduce, ya sea que te conduzca a otro lugar diferente o similar.

«¡Cuánto debo a mi vieja maestra de primaria, a mi amigo Lucas o a Remedios, al borracho Anguila, que me hablaba del amor y el sexo! Todos influyendo sobre mí. Me vienen a la memoria algunas obras: Don Quijote de Infancia, ...Y qué mala Magdalena, Los consejos de Mamá, El Gran Apagón... Pero la que está por hacer es quizá la más querida».

José Martí está presente en muchos de sus lienzos. «Rindo en ellos un homenaje sencillo a ese hombre capaz de dialogar hasta con su enemigo. Intento traerlo a la vida cotidiana (...); y lo hago de esta manera», ha dicho el pintor en ocasiones anteriores, quien además ha relatado que historias de familia le hicieron sentir ciertos complejos históricos (su abuelo estuvo de parte de los españoles cuando emboscaron y mataron al Apóstol).

Merecedor de importantes reconocimientos, como la Distinción por la Cultura Nacional, que otorga el Consejo de Estado de la República de Cuba, Pedro Pablo Oliva guarda recuerdos preciosos de los años en que impartió docencia en la Escuela de Arte de Pinar del Río.

Estuve ejerciendo como maestro durante casi 15 años hasta que decidí apartarme de la Pedagogía y dedicarle un poco más de tiempo a la pintura».

Su proyecto más inmediato es trabajar. «Aprendí que soñar puede ser un proyecto, pero no una realidad. Pienso casi todo a corto plazo: ¿la edad, la vida inestable te hacen cambiar el rumbo en un segundo? No sé». Y su insatisfacción, «no haber llenado el mundo de caminos».

Aunque muchos se empeñan en llamarlo maestro, Pedro Pablo Oliva esclarece: «Solo he sido maestro en la escuela (y por decreto). Estoy en el mismo sitio después de tantos años. Salgo, doy un paseo y regreso siempre con más dudas. Parece que así es la vida. Me he convencido de que, a pesar de las contradicciones que uno tiene, debe trabajar. Al final nada es absoluto».

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