Los libros se adueñan de calles y plazas - Cultura

Los libros se adueñan de calles y plazas

En materia de promoción de la lectura, estos últimos meses, libros y lectores se han encontrado mutuamente en la dialéctica de una práctica enriquecedora

Autor:

Pedro De La Hoz

Tintazos Fragmento de la obra Madrugada, de Aida Bahr  El escritor Jorge Ángel Hernández afirma ser un «contracorriente» La poesía de Alfredo Zaldívar El infinito rumor del agua, una novela diferente Los sonetos de Shakespeare Convocan al Premio Pinos Nuevos 2008 Becas DADOR 2008 para escritores cubanos Foto: Franklin Reyes El viejo refrán español «Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña» ha quedado en entredicho. En materia de promoción de la lectura, estos últimos meses han dejado atrás esa paradoja, y en su lugar han planteado la ecuación de un modo diferente: libros y lectores se han encontrado mutuamente en la dialéctica de una práctica enriquecedora.

¿Todo comenzó en el verano? Si nos atenemos al calendario de la campaña Leamos más, puede que sí. Pero en realidad se trata de un esfuerzo que ha ido fructificando con la multiplicación de la Feria Internacional del Libro fuera de la capital, los eventos promocionales que han echado raíces en las montañas del centro y el oriente, la repercusión de un espacio tradicional como el Sábado del Libro, los periplos nacionales emprendidos por los ganadores de los Premios Alejo Carpentier de novela, ensayo y cuento y el Premio Nicolás Guillén de poesía, y la habilitación de cafés literarios, entre otras acciones.

Mas, en efecto, fue el verano el punto de partida de la más reciente etapa. Para muchos era una locura convocar a los lectores al inicio de la temporada estival, mucho menos en una céntrica calle habanera habitualmente poblada por transeúntes que buscan en el cine, el consumo gastronómico y en el viejo hábito de «matar el tiempo» exhibiéndose en las esquinas más populosas.

Sin embargo, la Noche de los Libros fue un éxito: a lo largo de 23, sin que se hiciera menester un despliegue logístico exuberante y no contando con una iluminación especial, hubo un flujo continuo de personas a la caza del libro de su preferencia y, ¿por qué no?, dispuesta a dejarse sorprender por nuevas apetencias.

Protagonista de ese punto de partida, la narradora Laidi Fernández de Juan contó su experiencia: «La realidad, como siempre, superó a la imaginación, y a la esperanza (más que a la fe) de que todo podría resultar tan esplendoroso como estaba previsto. Como si hubiera estado esperando el momento (y ojalá así haya sido), a la hora de los truenos una increíble multitud se adueñó de la calle, y los estanquillos, las carpas y los puntos de venta se vieron asediados por lectores de todas las edades. No hubo forma de estar en todas partes al momento de las presentaciones, conciertos y lecturas, muchas veces por coincidencia de horarios y otras porque el hechizo nos impedía abandonar el sitio donde estábamos».

Lo verdaderamente nuevo en este y otros casos, estuvo en el compromiso de la Unión de Jóvenes Comunistas y las restantes organizaciones juveniles, tal como lo acaba de hacer la FEU con el Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL), con la filosofía del enriquecimiento espiritual a partir del contacto con los contenidos de la letra impresa propuesto por el Instituto Cubano del Libro, en aras de imprimir mayor intencionalidad al trabajo de promoción de la lectura que se viene realizando en el país.

Nadie puede soslayar que playa, música, baile, juegos, reuniones informales y excursiones forman parte de la agenda de toda temporada vacacional. Sin embargo, quedó demostrado que es posible acompañar esas horas con la lectura de una novela, de un artículo de interés científico, de una biografía, de un poema.

Se trata de una apuesta bien distinta a aquella en las que se alimentan los arrestos juveniles con patrones enajenantes y empobrecedores, portadores del virus del adocenamiento mental.

Eusebio Leal, con su verbo flamígero, lo dijo a su modo en una de estas jornadas: «Leer la historia, leer la cultura, leer el dédalo ilustrado de nuestra Patria, de sus grandes mujeres y hombres para con espíritu fuerte encarar el desafío futuro; aun más, para poder gozar con más felicidad, generosidad y altruismo del tiempo que nos tocó vivir».

En conversación con este redactor, Julio Martínez, primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, comentó la enorme utilidad de la promoción del libro y la lectura para la formación de valores éticos en las nuevas generaciones. «Hemos encontrado —explicó— una vía para que el placer de la lectura sea resultado de motivaciones espirituales cotidianas».

Tanto en la Noche de los Libros como en el intenso programa de Lecturas de Verano que ocupó los meses de julio y agosto con cierre en el Prado habanero, o el FULL, no hubo necesidad de utilizar ganchos para sumar al público lector. Si las artes plásticas, la danza, el cine y la música estuvieron presentes, fue porque desde la literatura se estableció una plataforma para la integración de otras expresiones del espíritu.

Al fin y al cabo, este tiempo de nuevas fundaciones culturales, con plazas tomadas por el libro, se anuncia mucho más pródigo en lo adelante. Porque, como expresó Reynaldo González, Premio Nacional de Literatura, en una de las tantas memorables tertulias acontecidas bajo este signo, «el hombre ha ganado una extensión de sí mismo, algo que le permite conocerse, exaltarse, colocarse de verdad en el centro de todas las cosas. Y con él la letra, la repetición de los humildes vocablos, ya cuerpos, ya con su propia sombra. Sin abandonar preocupaciones trascendentalistas, la letra aprende a semejarse al hombre, con él expande sus huellas en el tiempo. Si el hombre es la medida de todas las cosas, como afirma el irreverente Renacimiento, la letra le aporta un aura que canta a su pertinencia creadora».

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