Entre el adiós y la bienvenida - Cultura

Entre el adiós y la bienvenida

Durante 2008 deberá estrenarse una decena de largometrajes de ficción, aparte de la producción de documentales y la animación.

Autor:

Joel del Río

Fotograma de la premiada película La noche de los inocentes, de Arturo Sotto. Como todos los años, desde hace seis, regresó en febrero, la Muestra Nacional de Nuevos Realizadores, concebida para estimular el conocimiento y la reflexión alrededor de la obra audiovisual de los jóvenes, y potenciar el diálogo entre las diversas generaciones de creadores encargados de incrementar el audiovisual cubano. La Muestra se dedicó a exhibir y discutir nuevamente la filmografía esencial de un realizador ilustre y, por ello, se eligió al descollante documentalista Oscar Valdés. Por supuesto que el evento se transformó en vitrina de la contemporaneidad vista por los jóvenes creadores. Las obras más reconocidas fueron, en ficción, Personal Belongings, de Alejandro Brugués, y en documental, De generación, de Aram Vidal, e Invierno, de Roberto Renán.

Uno de los acontecimientos más relevantes, a principios de 2007, fue la quinta edición del Premio Nacional de Cine, en reconocimiento a la obra de toda una vida. Como en las cuatro ediciones anteriores —cuando fueron laureados Alfredo Guevara, Julio García Espinosa, Humberto Solás y Enrique Pineda Barnet— la entrega del importante reconocimiento se hizo coincidir, por su relevancia, con la celebración de un nuevo aniversario de la creación del ICAIC. En esta ocasión, los galardonados fueron la actriz Daisy Granados, el realizador Fernando Pérez y el editor Nelson Rodríguez, los tres con amplísima y rica trayectoria.

El renovado interés por el género documental pudo percibirse en el auge de la producción y en la ocurrencia del Festival Internacional Santiago Álvarez in Memoriam. En su octava edición se privilegió al español Bagdad Rap para el Gran Premio. Otros importantes galardones recayeron en el brasileño O sol-Caminando contra o vento (primer premio y mejor dirección) y el también español El fotógrafo del éxodo se hizo del segundo premio. Para los documentales cubanos La Cuchufleta y Buscándote, Havana fueron el tercer premio y el de mejor ópera prima. También tuvo su estreno, en el mes de octubre, nuestra parte del proyecto intercontinental DOCTV Iberoamérica, cuyo concurso distinguió Otra pelea contra los demonios... y el mar, de Tupac Pinilla, basada en la vida del pueblo de pescadores Carahatas, amenazado por el rigor constante de los huracanes. Asimismo salieron a las salas: Memorias de la fiebre, de Manuel Jorge Pérez (una nueva perspectiva dentro de la obra poética de Carilda Oliver Labra); Poética gráfica insular, de Rolando Almirante (un recorrido por la historia y el estado actual de la cartelística cubana para cine); Donde habita el corazón, de Carlos León (el mundo de la Nueva Trova mediante Vicente Feliú); y Son para un sonero, que Lourdes de los Santos dedicó a los 35 años de vida artística de Adalberto Álvarez.

El resto de la historia

En mayo se exhibió por vez primera, con notable éxito de público, el policiaco costumbrista La noche de los inocentes, dirigida por Arturo Sotto, quien no se enfrentaba al reto desde el documental Habana Abierta. El realizador de las polémicas Pon tu pensamiento en mí y Amor vertical estuvo de pláceme todo el año pues, además de estrenar su tercer largometraje, ganó el premio al mejor guión en el Festival de La Habana (Peter Pan Kids), alcanzó el Especial del Jurado en Biarritz por La noche..., y un proyecto suyo fue el elegido por la cadena Televisión América Latina (TAL) para realizar el capítulo cubano de la serie documental Los latinoamericanos.

Si La noche de los inocentes trajo de nuevo al cine nacional los aires de la comedia de costumbres contemporánea, pasada por el policiaco y el melodrama filial, los otros largometrajes del patio presentados por el ICAIC este año se distanciaron por completo de tal cauce. Madrigal es una arriesgada propuesta de Fernando Pérez, juego entre realidad e imaginación, que fundió dos relatos muy dispares en uno solo; Mañana significó el debut de Alejandro Moya en la dirección y el guión, con un drama desde la actualidad que explora relaciones familiares y conceptos éticos; Alejandro Gil en La pared postula una suerte de tratado psicológico y filosófico sobre el aislamiento y sus causas.

Los meses primaverales fueron huéspedes de las ediciones anteriores de un principalísimo evento audiovisual que tiene por sede la oriental localidad de Gibara. Se trata del Festival Internacional del Cine Pobre, que recibió 537 obras de 65 países. Luego de una cuidadosa selección, quedaron 41 filmes de ficción en concurso (15 largos y 26 cortometrajes) y a 44 llegaron los documentales en liza. Los premios recayeron en Voyage en sol majeur, del francés Georgi Lazarevki, Gran Premio; la mejor obra realizada por una mujer fue San Ernesto nació en La Higuera, de la actriz y directora cubana Isabel Santos; el Premio al Documental Latinoamericano que mejor reflejó la diversidad cultural para Radio qman txun, del español Max López, y el Premio a la mejor obra experimental o videoarte para Cuando yo soñaba al revés, del salvadoreño Jorge Dalton. El Festival devino en oportunidad para homenajear a importantes actores como Manuel Porto, Mario Limonta y Enrique Molina, quien recibió, a nombre del realizador, el Premio Especial del Público por el filme cubano Mañana, de Alejandro Moya.

El 17 de octubre se exhibió por primera vez públicamente, en la capital, la coproducción cubano-española Camino al Edén, de Daniel Díaz Torres, apoyado en un guión de Arturo Infante, fotografía de Raúl Pérez Ureta y otros talentos cubanos e ibéricos. En este año se produjeron también en Cuba las coproducciones con Venezuela, Miranda regresa; y con Italia, Cuando la verdad despierta. Hacia el final de 2007 sería estrenada masivamente otra coproducción, La edad de la peseta, debut en el largometraje de ficción de Pavel Giroud y uno de los filmes cubanos más premiados de los últimos tiempos. Fue seleccionado por el ICAIC para representar a la Isla tanto en la XXII edición de los Goya como en la entrega número 80 del Oscar. El filme se realizó en conjunto con España y Venezuela, y ha sido laureado, desde diciembre de 2006 hasta ahora, en los certámenes de La Habana, Cartagena, Lima y San Francisco, entre otros.

La temperatura del audiovisual cubano se registra con bastante fidelidad en cada edición anual del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Este año fueron seleccionados para la competencia por los premios Coral, en ficción, documental y ópera prima: Camino al Edén, La noche de los inocentes y Madrigal (ganadora finalmente el Premio Especial del Jurado) y Personal Belongings (laureado con el tercer Coral de Ópera Prima), así como los documentales Otra pelea..., Son para un sonero y Pucha vida, este último premiado como el segundo mejor de la competencia.

Prometedores augurios

Según los vaticinios más seguros del ICAIC, durante 2008 deberá estrenarse alrededor de una decena de largometrajes de ficción, aparte de la producción de documentales y la animación, dos rubros que continuarán, o aumentarán, el número de sus proposiciones. Tampoco se incluyen en este pronóstico algunos proyectos que están en etapa de guión terminado, preproducción, y su inicio de rodaje solo aguarda por la consecución de financiamiento, como Lisanka, de Daniel Díaz Torres, una historia de amor que transcurre en la Cuba de 1962, en el marco de la Crisis de Octubre.

Mucho más cercanas al estreno, en fase de postproducción (sonorización, montaje y acabado final) se encuentran cuatro filmes: Kangamba, El viajero inmóvil, Te espero en la eternidad y Los dioses rotos (dirigidos respectivamente por Rogelio París, Tomás Piard, Enrique Pineda Barnet y Ernesto Daranas), mientras que se hallan en pleno rodaje, o acaban de arribar a la etapa decisiva de las filmaciones, otros tres títulos: Rojo vivo (Rebeca Chávez), Omertá (Pavel Giroud) y El cuerno de la abundancia (Juan Carlos Tabío) las cuales pudieran arribar a su conclusión en el segundo semestre en 2008.

Por solo referirnos a los títulos que más pronto deben terminar su proceso, y llegar al público, solo abordaremos los filmes más adelantados. Comencemos por Kangamba, que se ambienta en Angola, durante 1983, cuando miles de efectivos de la llamada Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) atacan y cercan sorpresivamente un poblado del sur, donde radicaba la sede de una unidad militar de las Fuerzas Armadas por la Liberación de Angola (FAPLA), asesorada por un centenar de cubanos internacionalistas. La desigual batalla obliga a los defensores a enfrentarse a complejas situaciones límites, y a pagar un alto precio por la victoria.

Con tres planos narrativos cuenta El viajero inmóvil: una entrevista a José Lezama Lima, una reunión de amigos y estudiosos de la obra de este célebre escritor cubano, y la recreación de momentos de la novela Paradiso vinculados, de alguna manera, a la vida de Lezama. Todo reinterpretado a partir del valor poético de la imagen cinematográfica, pues se intenta plasmar la inmensa personalidad poética, ética y humana del más universal de los escritores cubanos.

Te espero en la eternidad acontece en La Habana de 2006, cuando Amalia, una anciana espiritista, acaba de enviudar. Ella vive con su hijo menor, Mayito, bohemio, músico y poeta, y con su nieto Cristóbal, de diez años, en el último piso del edificio más viejo del Vedado. Ella convoca a la familia dividida para leer el testamento moral de su difunto esposo. Asisten Mayito, y los otros hijos de Amalia: Ricardo, un ingeniero que trabaja y vive en un humilde y recóndito pueblito de provincia, y Margarita, arquitecta, residente en Estados Unidos, donde formó su propia familia. También ocurre en plena contemporaneidad Los dioses rotos, que protagoniza una joven catedrática investigadora del mundo del proxenetismo habanero, de modo que se tiende un paralelo con los mitos de Alberto Yarini y Ponce de León. En el empeño de la muchacha, su vida y sus convicciones se verán sacudidas por la compleja realidad marginal con la cual termina involucrándose.

Más esperar

A las anteriores películas, prácticamente terminadas, se añaden tres cuyo rodaje concluyó o está a punto de finalizar: Rojo vivo, Omertá y El cuerno de la abundancia. La primera retrocede al año 1957, en Santiago de Cuba, cuando se manifestaban con toda su terrible intensidad la represión y los asesinatos de la tiranía batistiana. La lucha armada que desatan los revolucionarios hace convivir en las calles a patrullas y los militares con el silencio y los rostros apagados de la gente común. Nadie está a salvo. Sobrevivir cada amanecer es el milagro cotidiano.

Omertá se concentra en el personaje de Rolo Santos, un tipo duro a quien parece que la vida se le derrumba, y solo encuentra como estímulo la suficiente adrenalina para terminar su existencia como lo que ha sido. Y en las claves de la comedia ácida se ubica El cuerno de la abundancia, que parte de un hecho real: El País publicó en 2001 un reportaje donde se aseguraba que más de 25 000 cubanos decían ser herederos de una multimillonaria fortuna que estaría en las arcas de un banco británico, a la espera de ser reclamada por los descendientes.

Además, Fernando Pérez prepara para cine y televisión su docudrama sobre el joven José Martí. Esteban Insausti (tercer cuento de Tres veces dos, Existen) deberá continuar la producción de Cuatro hechizos; Juan Carlos Cremata rodará El premio flaco, y Humberto Solás, luego de que termine la próxima edición de Cine Pobre, deberá iniciar Guanajay, la tercera parte de la trilogía iniciada con Miel para Oshún y continuada con Barrio Cuba. También aguarda por financiamiento la compleja producción de Peter Pan Kids, de Sotto.

En cuanto a la no ficción, 2008 significará el arranque para la serie documental sobre la música cubana, cuyos directores generales son el español Manuel Gutiérrez Aragón y la cubana Rebeca Chávez. Será una serie de cuatro capítulos de 52 minutos cada uno, que pretende un recorrido por diversos géneros musicales cubanos, a partir del testimonio de diversas figuras reconocidas del panorama musical nacional. El capítulo uno versará sobre el jazz, lo dirige Pavel Giroud y se titula Mondongo, Sandunga y Bacalao con pan. Al filin se consagra el segundo y lo conduce la Chávez. En fase de desarrollo está La serpiente que se muerde la cola (sobre la música clásica), de Patricia Ramos, mientras que Arturo Sotto se encargará del cuarto, con título provisional de Fusión.

Entre los documentales de estreno que veremos se cuenta también Ernesto Guevara, a cargo del realizador argentino Tristán Bauer, sobre la fuerza arrolladora que conservan la imagen, la obra y el pensamiento de Che. Por su parte, el cubano Guillermo Centeno es el director general de Destinos, filmado en nueve países y que muestra algunas historias de los miles de jóvenes que estudiaron y se graduaron en Cuba a lo largo de 46 años, a partir de dos interrogantes: ¿Qué pasó con sus vidas? ¿Qué huellas dejó la Isla en sus memorias?

Un proyecto internacional es también La dimensión de las palabras, que dirigieron por capítulos Aran Vidal, Alina Rodríguez, Carlos Machado, Raidel Reinoso y Daniel Vera, y que busca revelar los avatares del proyecto de alfabetización Yo sí puedo, a través de cinco historias ocurridas en diversos países latinoamericanos. Los jóvenes realizadores han rescatado, desde el desprejuicio y la honestidad, los conflictos de los seres humanos que aprenden a leer y a escribir en pleno siglo XXI. Con este estreno comienza el 2008, pero veremos muchas otras muestras de activa creatividad en el cine cubano. Al menos, así lo esperamos.

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