Un intento por atrapar la identidad

Visiones de la Cubanosofía es una puesta en escena que trata desentrañar algunas de las claves que conforman la idiosincrasia cubana

Autor:

Frank Padrón

Escena de Visiones de la Cubanosofía. Foto: Pepe Murrieta Los llenos de la sala donde tiene su sede el colectivo teatral El Ciervo Encantado para apreciar su obra Visiones de la Cubanosofía no dejan de ser un curioso hecho sociocultural, teniendo en cuenta la mayoría juvenil que conformó los mismos durante los meses que la obra estuvo en cartel, lo cual finalizó hace apenas unos días.

A pesar de lo complejo de los códigos a interpretar por el público, resulta de entrada estimulante que no pocos de nuestros muchachos asistieran entusiastas al sitio del Vedado donde el colectivo que dirige Nelda Castillo (y a quien pertenecen la dramaturgia, selección musical, diseño y dirección de la pieza) persigue desentrañar algunas de las claves que conforman la identidad cubana, partiendo acaso de una de las frases que aparece en el programa de mano: «Cubanosofía es saber de Cuba».

Para este empeño nada sencillo, los teatristas han partido de un riguroso estudio que incluye tanto a intelectuales versados en la materia (desde Alfonso Bernal del Riesgo, quien disertó sobre lo que considerara Fundamento de la educación cívica nacional; Don Fernando Ortiz y José Martí, entre otros) como un mosaico musical que justamente conforma, desde esa característica variopinta, el patrimonio nacional (Esteban Salas, Irakere, Conjunto de Música Antigua Ars longa, toques de palo, Roberto Fonseca, et al.).

Lo que queda es una puesta que, ante todo, se resiente por ofrecer menos de lo que promete: cuando se conoce de todas esas (ricas) fuentes bebidas, cuando se leen las notas al programa, uno se queda durante y, sobre todo, al final de la puesta, esperando algo más, esencialmente una mayor cohesión dramatúrgica, una más sólida armazón estructural y un más ostensible hilo conductor que confiriera a los fragmentos emitidos por los actores la visibilidad y contundencia de un corpus escénico que, sinceramente, se echa de menos.

A favor de la puesta debe hablarse del trabajo lumínico y musical (sonoro en su totalidad) sabiamente conjugados y matizados, mas, lamentablemente, ello no está en función de un todo suficientemente orgánico. No puede resolverse con tres o cuatro fragmentos literarios hilvanados con cierta coherencia, la convicción de un conglomerado contradictorio y singular, de una idiosincrasia tan rica como especial que han conformado el rompecabezas de «lo cubano», bañado como es sabido por tan diversas aguas históricas, sociales y culturales, que han engendrado como resultante un auténtico ejemplar distinguible en el océano de las etnias y las naciones y más allá de los deslindes geográficos. Se requiere de una mejor pensada (y plasmada) puntería dramática y escénica.

Por otra parte, el carácter esperpéntico que predomina en la representación, inclina demasiado la balanza al carácter de «choteo» que (es cierto) tanto nos informa, pero que no nos define, al menos de modo absoluto.

Y es una lástima porque ese efecto final con la martiana estrella («que ilumina y mata») en la frente del actor Eduardo Martínez (elegante y natural su caracterización del Apóstol) constituye, a la larga, una jugada perfecta como cierre, que no solo funciona perfectamente desde el punto de vista dramatúrgico, sino también en lo conceptual, como quiera que apunta a una de esas condiciones esenciales de la cubanía (sino, idiosincrasia, carácter...). Ojalá ese logrado efecto final hubiera prevalecido y enseñoreado más el carácter de la puesta toda, excesivamente trunca, encauzada por un simbolismo demasiado críptico que atenta contra el calado y la aprehensión por parte de los espectadores.

A pesar de ello, Visiones... es todo un espectáculo que demuestra, una vez más, la seriedad y la profesionalidad de El Ciervo Encantado, el cual, si bien no repite la cristalización estética de anteriores puestas (digamos, Pájaros de la Playa) se encamina por el rastreo y la investigación en torno a autores, temáticas y universos siempre relacionados con lo nuestro, concepto (bien se sabe) demasiado amplio y abstracto, pero al que ellos aportan una «visión» muy personal y respetable que contribuye notablemente a su desentrañamiento.

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