Lunfardo

Autor:

Juventud Rebelde

Recibí una carta que me parece muy interesante, y gustosamente la doy a conocer. ¡Me halaga tanto que haya gentes como Juan —a quien desde ahora, considero un buen amigo—, capaces de darles importancia a estas palabras que escribo!:

«Estimada Celima: Soy redactor del sitio en inglés de PL y tengo un blog Desde Cuba (http://desde-cuba.blogspot.com) donde todas las semanas publico su sección Palabras..., pues la considero muy útil para los hispanohablantes, amén de que es muy amena y nunca le falta su toque de humor. Ayer publiqué la sección del martes 16 de diciembre (en la edición digital del periódico salió con el título “Atorrante”). Una lectora argentina dejó el siguiente comentario en mi blog y por eso se lo envío. Saludos Desde Cuba, Juan M. García.

«Juan, como argentina intento solo hacer un aporte desde lo que me toca de cerca. Los caños del sistema de cloacas eran de la firma “A. Torrant”, y de allí derivan dos acepciones: atorrante, por vago y torrar, por dormir. Todo esto, por supuesto, por los pobres, desocupados y sin techo que se iban a vivir a esos caños. De este hecho también surge en el argot argentino —el lunfardo— la expresión “irse a los caños”, cuando a uno le va mal en cuestiones económicas. Ejemplo: “si seguimos así, nos vamos a ir a los caños”. Por cierto, “lunfardo” es el nombre del argot porteño, de la ciudad de Buenos Aires, y no significa ladrón ni nada por el estilo. Hablar al “vesre”, o al revés, no es una costumbre reciente ni propia de los jóvenes; está bastante asociada al lunfardo y se aplica a toda palabra que pueda invertirse. Aquí van ejemplos: novi: vino, javie: vieja, tordo: doctor (dotor), troesma: maestro (referido a alguien que se destaca en algo o a un músico relevante), tamuer: muerta, lleca: calle (pronunciando la ll como ye), mionca: camión. Y así podría pasar el día y la “cheno” buscando palabras tan propias de nuestro lunfardo y de nuestra habla cotidiana.

«Lo de “hasta que las velas no ardan” (aun con la imperfección idiomática) tiene más relación con los bailes de campo, en las zonas rurales, donde no había luz eléctrica y se bailaba “hasta que las velas no ardan”, o sea, hasta el amanecer. Perdón por la perorata, pero me pareció prudente aclarar. Un abrazo, María Marta Bruno».

Querida María Marta: Me encantó tu información. Siempre que puedas, haznos llegar eso que has llamado injustamente «perorata». Dos argentinos me habían informado lo que publiqué; pero es muy bueno tener varias versiones de lo que se oye. Te lo agradezco muchísimo; otro abrazo de tu nueva amiga, Celima.

La respuesta hoy

«Hola, mi nombre es Osmel Abreu García, soy estudiante de Ingeniería Eléctrica en la CUJAE y vivo en el Casino Deportivo (Cerro, Ciudad de La Habana). Me encanta leer, porque creo de un valor inestimable la capacidad de hablar correctamente; por eso soy fiel lector de su sección, extremadamente interesante. El objetivo de mi correo es para preguntarle una duda acerca de una palabra: traer. Mi duda es acerca de la conjugación de esta palabra para la segunda persona del singular, en el pasado —¿traistes o trajistes?— y la primera del plural también en pasado —¿trajimos o traímos? Bueno, la felicito por su magnífica sección, pero más que felicitarla, le agradezco por tenerla». También te agradezco, querido Osmel, por leerme y por esos halagos tuyos, que claro está, no me creo. trajiste (sin s final), y trajimos son las formas correctas.

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