La Isla seguirá siendo una página infinita - Cultura

La Isla seguirá siendo una página infinita

Tintazos El monje Asabelio, gramático No puedo vivir sin Cuba Poesía de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) El largo viaje desde la cartilla Chavarría y la seducción por la palabra

Autor:

Pedro De La Hoz

Una voluntad política, que sitúa a la cultura como un bien no solo necesario, sino imprescindible, potenció nuevamente la Feria Internacional del Libro cubana y la sensibilidad tanto en la capital como en el resto de la nación

Alain Sicard, uno de los más prestigiosos hispanistas franceses, especialista en la obra de Pablo Neruda, posiblemente tenga un récord de antigüedad en las ferias cubanas del Libro. «Como La Cabaña, no hay nada parecido en el mundo —dice—, tanta gente comprando y leyendo, preguntándole a los autores, familias enteras en los diversos pabellones. Una auténtica fiesta». Pero lo que más le maravilla es «la capacidad de la feria para expandirse por todos los confines de la Isla. Esa sí es una fiesta mayor».

No pocos pensaron que la 18 Feria Internacional del Libro, Cuba 2009 se vería menguada por las terribles circunstancias por las que atravesó el país azotado el año pasado por tres huracanes. Sin embargo, una voluntad política, que sitúa a la cultura como un bien no solo necesario, sino imprescindible, potenció nuevamente esta fiesta del conocimiento y la sensibilidad tanto en la capital cubana como en el resto de la nación. Esto explica que la programación fuera de La Habana no haya sido reducida ni en cantidad de ejemplares a disposición de los lectores ni en intensidad de una agenda que contempla el diálogo fecundo con autores y editores, lecturas de poemas y narraciones, sesiones dedicadas a la divulgación de las ciencias, presentaciones de libros y otras manifestaciones artísticas que acompañan el popular acontecimiento, sin olvidar dos polos notablemente atractivos: los pabellones dedicados a los niños y a las publicaciones electrónicas. Del 26 de febrero al 1ro. de marzo la Feria se instalará en la región occidental (de Pinar del Río a Sancti Spíritus, incluyendo la Isla de la Juventud) y del 5 al 8 de marzo la oriental (de Ciego de Ávila a Guantánamo, con el tradicional cierre en Santiago).

El hecho de que en esta ocasión el evento se concentre en las capitales de provincia, no repercutirá negativamente en los amantes de la lectura que habitan en los restantes municipios, puesto que diversos lotes de los volúmenes de mayor demanda llegarán a las librerías y se han planificado acciones de extensión. Una iniciativa plausible ha sido concebida por los organizadores en Santiago, al habilitar librerías móviles que se desplazarán por barrios y comunidades.

Particular protagonismo tendrán, durante la andadura insular de la Feria, las editoriales territoriales y los autores publicados. La idea alentada por Fidel, en aquella memorable reunión con los directores municipales de Cultura en 1999, para que los talentos literarios, donde- quiera que se manifestasen, tuvieran la posibilidad de acceder a la publicación y entraran en contacto con los lectores, continúa fructificando en una producción variada y significativa.

Tomemos el ejemplo de la provincia más occidental. La editorial pinareña Cauce ha logrado consolidar nada menos que cuatro colecciones: Filili, para niños: La Fijeza, de poesía; Saturno, de ensayo, y Paradiso de narrativa. En la primera se presentan como novedades Una tía tengo yo, bastante loca, de René Valdés; Es raro ser niña, de Mildred Hernández Barrios; Mamaiqué y Coco, de Enid Vian; y Los mágicos, de Legna Rodríguez Iglesias. Citar la relación de estos títulos no es fruto del azar: cualquiera de estos libros pudiera clasificar en una mirada antológica de la literatura infantil que se escribe hoy en Cuba y a la vez ilustra la manera en que el sello vueltabajero se «nacionaliza» al incluir también a autores que no viven en Pinar.

Vayamos entonces al otro extremo del país: Guantánamo. Llama la atención la consistente labor de la editorial El Mar y la Montaña en la difusión de temas relacionados con el patrimonio local. Un ejemplo de ello será la puesta en circulación de El eco de las voces, de Margarita Canseco y José Sánchez Guerra, que repasa la historia del periodismo en la región del Guaso entre 1902 y 1962.

Idéntico tenor, con lógicas y diversas variaciones, se observa en el panorama editorial a lo largo y ancho del territorio nacional. Idéntica pasión también anima a los lectores que sienten en estos días de Feria que Cuba es una página infinita.

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