La premisa es no paralizarse

Con una rica trayectoria como diseñador, Alexis Manuel Rodríguez Diezcabezas de Armada cree en la posibilidad de generar nuevas ideas desde su Isla y para ella

Autor:

Juventud Rebelde

Alexis Manuel Rodríguez Diezcabezas de Armada. Foto: Calixto N. Llanes Los espacios informativos de la Televisión Cubana han cambiado su diseño gráfico. El suceso es reciente. Hemos podido advertir, por ejemplo, que aunque la emblemática música de Frank Fernández sigue abriendo los noticieros, la imagen de presentación es otra, como también son nuevos los colores, la tipografía y la forma de todo cuanto acompaña cada sección interna de los programas.

El cambio, que ya estaba haciendo falta por el inexorable paso del tiempo, implicó una intensa entrega, durante meses, de un colectivo de creadores cuyo coordinador ha sido el diseñador de 34 años Alexis Manuel Rodríguez Diezcabezas de Armada, alguien que rehúsa hablar de sí mismo, pero cuya rica carrera en el oficio del diseño provoca admiración y asombro, porque él prueba que, cuando alguien tiene muy claro a dónde quiere llegar, es difícil torcerle los hilos de su destino.

Aunque en 1997 se graduó como técnico de nivel medio en Diseño Gráfico en el Instituto Politécnico de Diseño Industrial (IPDI), y en el año 2002 alcanzó en el Instituto Superior de Diseño (ISDI) la licenciatura en Diseño Informacional (hoy Comunicación Visual), Alexis Manuel confiesa que su predilección es el dibujo; y que muchos conocidos se asombran de verlo tan sumergido en el mundo del diseño, cuando esperaban verlo en el de la ilustración.

«De niño me gustaba mucho ilustrar a lápiz; y es curioso porque en mi familia nadie tiene que ver con eso. Mi madre trabajaba en distribución de alimentos, y mi padre, como mecánico electricista. En casa, aunque se lee bastante, desconocemos por qué mi hermana y yo crecimos sintiendo inclinación por el dibujo. De pequeños, íbamos dos o tres veces por semana a la Casa de Cultura de nuestro municipio, y allí aprendíamos sobre artes plásticas, grabado y artesanía. Mi hermana dejó ese camino, pero yo seguí».

—¿Cómo fue tu primer acercamiento al diseño?

—En 1994 mi madre, a través de una amiga, llevó algunos de mis dibujos a Eloy Barrios Alayón, un diseñador de libros de la Casa Editora Abril. Ella quería que yo aprendiera. Y Eloy puso varias botellas de cristal junto a un pañuelo y a una lata de refresco vacía y golpeada. Advirtió: «Si logras poner sobre una hoja los brillos y contrastes de cada objeto; reflejar sus diferentes texturas, y además hacerlo a lápiz, entonces podrás dedicarte a dibujar».

«Pensé que era fácil. Con la botella y el pañuelo parecía no haber muchos problemas, pero al llegar a la lata... había más de diez tonalidades distintas. Me puse a hacer bocetos hasta que quedaran bien. Día a día le mostraba los intentos a Eloy. Llegué a presentarle muchas hojas a la vez, y creo que para salir de mí decidió ponerme a trabajar con él haciendo maquetas de libros.

«Por aquella época los ejemplares se hacían casi manualmente, con reglas, cartabones, tiralíneas, goma y papel. Si te equivocabas, tenías que, o cortar muy finamente con los caladores o cuchillas, o tomar pinceles y retocar. Como aquello era trabajo de muchas horas, empecé a perderme de allí. Pero de todos modos ya el oficio me había atrapado».

—¿Ser diseñador es una carrera difícil?

—Requiere mucho sentido común. Se asume como una carrera de inteligencia. No basta con tener todos los diplomas del mundo si no hay claridad sobre para quién se trabaja y cuáles son las necesidades de los destinatarios.

—¿Y los principales dramas de un diseñador en Cuba?

—Suele haber trabas, incomprensiones tales como «Esto no se puede hacer»... «Esto va a salir muy caro». En lo que a ideas se refiere, resulta vital lo que un creador pueda hacer en el arte de sortear escollos. Muchos proyectos de diseño se quedan en la buena idea, o derivan en algo ajeno a lo pensado inicialmente. Es un viejo asunto. Tenemos tesis de diseño en el ISDI que, en un intento de implementarse en la práctica, encuentran incomprensiones y no pasan de ser buenas ideas.

—Eso frena la espontaneidad del diseñador...

—Sí, pero también hay que decir que el diseñador puede enseñar a las instituciones cómo trabajar con una buena idea. Muchas veces él no se presenta en el lugar para el cual concibió sus conceptos, y sucede que las personas encargadas de llevar a la práctica el proyecto de diseño, lo que hacen es una interpretación muy particular del trabajo.

—Se trata de buscar equilibrio entre las posibilidades reales de recursos y las ideas.

—Entre los mejores logros del ISDI pienso que están sus prácticas de producción. Son etapas durante las cuales los estudiantes se insertan en la realidad cubana, y eso es muy importante, porque una cosa es la escuela, y otra el diario, ese espacio donde el diseñador se encuentra a sí mismo cuando logra transformar algo de la realidad.

—¿Cómo fue tu estreno en el mundo editorial?

—No olvido que el primer libro que me tocó hacer fue el titulado Ella escribía poscrítica, de la ensayista cubana Margarita Mateo. Cuando el libro parecía estar terminado, alguien se percató de que la numeración de las páginas, los llamados folios, no funcionaban, y hubo que quitarlos uno a uno, y volverlos a pegar de igual manera. Eran más de 300 páginas. Esa fue mi primera experiencia.

«La vivencia me ayudó mucho, sobre todo para comprender cómo se hacía un libro desde los cimientos. Siempre lo había visto con el criterio del lector, y nunca había imaginado el trabajo que implica. En mis inicios hacer un libro llevaba tres, cuatro años. Era algo así como la microbrigada del diseño. Hasta que a principios de los años 90 del siglo XX llegó la tecnología digital, la cual coincidió con la entrada del país en el período especial, y con la retirada de muchas personas que llevaban tiempo en el oficio».

—¿Qué libro recuerdas de manera especial?

—Entre otros, a Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz, de Katiuska Blanco. Fue una experiencia compartida con la editora Jacqueline Teillagorry, de la Casa Editora Abril, quien ha sido como una madre para mí. Sucedió en el año 2002, cuando yo estaba a punto de graduarme y seguía colaborando con la Casa Editora Abril.

«Sentí que aquello era una tarea de gran responsabilidad. Porque se trataba de un libro acerca de Fidel y su entorno familiar. Aparecían fotos que necesitaban una restauración muy cuidadosa. Fueron más de 150 que se pudieron rescatar. Queríamos hacer un libro que fuera modesto, mesurado y que por ello no perdiera elegancia».

—Te has aventurado en coordinar un equipo de trabajo en un ámbito que el pueblo entero mira y juzga: los espacios informativos de la Televisión Cubana. ¿Cómo te ha ido?

—Empezamos en mayo de 2008. Fueron diez meses de trabajo, donde primero hubo que investigar mucho. Todo partió de una solicitud del Sistema Informativo, cuya intención era actualizar el código visual con que estaba saliendo el Noticiero de Televisión. No es que estuviera mal. Es que había pasado el tiempo y era necesario refrescar la imagen.

«Se trataba del Sistema Informativo de la Televisión Cubana: cinco noticieros y un boletín. Para emprender el cambio, que era muy complejo, se conformó un equipo con Tarek Gerpe Chávez, diseñador, y Eduardo Azcue y María Margarita Rodríguez, ambos estudiantes de quinto año del ISDI. Hubo que pensar en los colores, en la tipografía, en cada imagen, en muchos detalles... Por el Sistema Informativo estuvieron Froilán Arencibia y Esther Barroso, y también Juanito, Clarita y Glenda, quienes nos ayudaron en todo momento. Para las secciones internas tuvimos la suerte de contar con X Alfonso, quien aportó la música. Hubo muchas reuniones. Conciliar opiniones es todo un arte, especialmente si se trata de un programa de consumo público. El día de la presentación estábamos nerviosos».

—¿Y ahora?

—Hemos recibido buenas opiniones.

—¿Cuál es tu máxima como diseñador?

—Respeto por el trabajo. Prefiero pensar más como lector que como diseñador. No entiendo cómo salen productos que a veces provocan en uno la interrogante: «¿Quién aprobó eso?». Saber que una obra puede ayudar a las personas a ser mejores es la mayor satisfacción que un diseñador pueda tener.

«Y la otra máxima es diseñar en Cuba y para ella, con todo lo que eso entraña, con todas las dificultades y contradicciones de cualquier cubano de a pie. Cuando hay quienes aseguran que aquí las cosas no pueden hacerse; hay otros, entre quienes me incluyo, que insisten en que sí es posible crear, ir más allá en las ideas, hallar soluciones en aquello que parece no tenerlo.

«Para mí la premisa salvadora es no paralizarnos. Es crucial pensar de este modo: “Hay que hacer; porque las personas lo esperan y lo necesitan”».

Sobre la ruta de Alexis

Ha obtenido premios y menciones en concursos nacionales e internacionales. Es cofundador de las revistas Energía y tú (1997), La Letra del Escriba (2000) y La Calle del Medio (2008); y es miembro de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales (ACCS). Actualmente trabaja en la Sociedad CUBASOLAR (Sociedad cubana para la promoción de las fuentes renovables de energía y el respeto ambiental). Es profesor de Tipografía y Diseño Editorial en el Instituto Superior de Diseño (ISDI). También diseña las revistas Clave (Instituto Cubano de la Música) y La Calle del Medio (Prensa Latina).

Emprendió el rediseño de la identidad del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC) y sus aplicaciones (2007), y el rediseño de la identidad de la Casa Editora Abril (2003).

Ha sido tutor de tesis que han propuesto el rediseño de los periódicos Juventud Rebelde, Trabajadores, Opciones, Granma Internacional, El Caimán Barbudo y el habanero.

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