Un evento único en su tipo en América Latina

En la recién finalizada XVI edición del Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet participaron más de 300 amantes de la danza de Cuba y de 35 academias foráneas Detalles de una cita

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Juventud Rebelde

Para no pocos adolescentes, bailar en un escenario es como un sueño. Sin embargo, para muchos lo que pudiera parecer una utopía se convierte en realidad cuando en abril tiene lugar, en La Habana, el Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet. Así le sucedió, en la recién finalizada XVI edición, a Mónica Gómez, de 16 años, para quien la danza, según confiesa, es su razón de ser, su mayor alegría y, en ocasiones, su sufrimiento.

La brasileña Flavia Duarte igualmente se emocionó por correr la misma suerte. «Disfruto tanto bailar que quisiera quedarme parada horas y horas en un escenario, sintiendo el flujo de adrenalina y los aplausos del público. Es un momento único».

Tanto Mónica como Flavia se hallaban entre los más de 300 amantes de la danza de varias provincias de Cuba y de 35 academias foráneas que acogió la Escuela Nacional de Ballet (ENB), sede principal del evento, donde era muy normal que en pasillos, salones, aulas de conferencia, e incluso en escaleras, aprendices de diversas nacionalidades se contaran la mejor manera de hacer un giro o un salto, o intercambiaran sobre posibles ideas para futuras coreografías, sin que importara la lengua. Era muy sencillo entenderse cuando se hablaba de arte.

No obstante, estos muchachos y muchachas no se perdían por nada de la vida las clases magistrales. Sobre todo cuando se trataba de conferencistas de altísimo nivel como el Maestro Fernando Alonso, Ramona de Sáa Bello, y Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba. Tampoco se ausentaban de los talleres de Técnica de la danza, Folclor, Bailes populares, Danza española, Composición coreográfica, Actuación y Preparación física, impartidos por relevantes figuras de la danza como Joseph Fontano, director de una academia en Roma, Italia; Alfredo O’Farril, destacado profesor cubano de folclor; Irene Rodríguez, primera bailarina del Ballet Español de Cuba, y Eduardo Vons Sternenfels, director de la compañía de teatro Cuerda Floja, de México.

Desde 1993 asisten al Encuentro —único de su tipo en América Latina— numerosas academias del mundo, en su mayoría de Sudamérica, para recibir orientación metodológica sobre la técnica danzaria y ampliar su repertorio coreográfico en Cuba. Y es que en la mayoría de estos países no existe apoyo oficial, ni económico a la danza. Muchas veces falla el presupuesto o el financiamiento, explicaba Amparo Brito, una de las glorias del ballet cubano que desde hace años funge como profesora del Ballet Nacional de Panamá y como directora académica de la escuela María Eugenia Herrera.

«Quienes dirigen academias en Panamá ven el ballet como un negocio. Allá la enseñanza está algo desorientada y cada centro instruye la técnica de disímiles modos. Estos son algunos de los factores que atentan contra la danza en Latinoamérica», agregó Amparo, una de las afamadas Tres Gracias.

Por su parte, Carlos Paolillo, crítico venezolano, asegura que en su país no existe una tradición relevante de danza clásica. «Allá no contamos con una escuela como la de aquí, aunque algunos intentan desarrollar la danza académica y satisfacer las necesidades de bailarines, en su mayoría muchachas. Ahora estamos desarrollando programas de asesoría con Cuba, e intercambios a través de galas para que la Compañía del Teatro Teresa Carreño se dinamice y abra sus puertas al ballet clásico».

En México, el panorama no es muy diferente. Consideraba Armando Yuvero, director de la Academia Estatal de Quintana Roo, que «además de un insuficiente respaldo económico por parte del gobierno, también influyen los prejuicios sociales hacia la profesión de bailarín».

«Mis alumnas están fascinadas con este evento. Antes de terminar ya hablan de querer regresar. Es muy acertado que se les haya dado la oportunidad de audicionar y bailar. Cada vez que una se para en un escenario desconocido, más fuera de su país, tiene una presión mayor, lo cual contribuye a su desarrollo», declaraba la Brito. Ella, como muchos otros maestros, aprovecha el espacio para conocer e intercambiar sobre las nuevas tendencias de la danza.

Otras miradas

En las primeras ediciones del Encuentro, solo participaban bailarines, maestros, críticos... del centro y sur del continente americano. Pero, hoy día, llegan también de toda Europa para estudiar cómo se desenvuelve esta manifestación por esta región.

«Todavía nos miran como un fenómeno. Algunos de ellos vienen por curiosidad, para comprobar con ojos propios nuestra existencia y explorar la metodología cubana, la más joven de las seis internacionalmente reconocidas», aseguraba Ramona de Sáa Bello, presidenta del evento y directora de la ENB.

Les llama también la atención el hecho de que la Escuela posee una cantera de varones única en el mundo, en número y calidad. «Es tan exclusiva que muchas estudiantes extranjeras asisten al evento para poder bailar con un partenaire (compañero) real», puntualizaba Sáa, y lo ratificaban las jóvenes participantes, como la misma Flavia: «Me encantan las clases de Dúo Clásico (baile en pareja) porque en la academia donde estudio, no hay varones».

«Es impresionante ver bailar como si fueran las estrellas de una compañía a estudiantes cubanos de casi nuestra edad», se asombraba la argentina Olivia Silveira. «Trabajan con rigor y dedican muchas horas al entrenamiento, algo que debería trasladarse a toda América, para poder llegar a ser tan buenos como ellos».

Pero no les resulta sencillo a los de acá poder conseguir ese nivel. Lo sabe bien María Teresa Herrera, madre de dos estudiantes de la institución. «Los alumnos de la Escuela Nacional son muy consagrados, decía. Durante estas dos semanas llegan a la casa muertos de cansancio. Al otro día se levantan muy temprano para llegar a la escuela y en esos salones lo entregan todo».

El Encuentro Internacional de Academias de Ballet se efectúa con el apoyo del Centro Nacional de Escuelas de Arte, la Agencia Paradiso S.A. y el gobierno cubano. Cuando Ramona de Saá habla de sus objetivos, también se le escapan los sueños: «Deseamos de todo corazón que las escuelas del Sur llenen los vacíos metodológicos y puedan elevar el nivel técnico y artístico de sus bailarines. Queremos crear en Cuba la Escuela Latinoamericana de Ballet, como ha planteado el Maestro Fernando Alonso y, quizá de esta forma, logremos convertir a América Latina en una potencia danzaria». Ya la cita habanera es un adelanto de lo que podría ser.

Detalles de una cita

El Teatro Mella se convirtió en el espacio donde tuvieron lugar las galas artísticas de los estudiantes cubanos y extranjeros en la primera semana; y el Concurso Nacional de Ballet así como el certamen coreográfico de danza, en la segunda, cuyo jurado, en ambos casos, estuvo integrado por Fernando Alonso, Joseph Fontano, Víctor Ullate, Eduardo Von Sternenfels, María Eugenia Reyes Dupui, Carlos Paolillo, Víctor Gilí y Ramona de Sáa.

Los principales premios recayeron en Oscar Valdés (Grand Prix); Sheila Hernández y Julio Enrique Blanes (Mejor Pareja); Patricia Piñón (Revelación) y Yonhal Fernández (Mejor Actuación). Por su creación Mi otra mitad, Luis Enrique Carricaburo conquistó el lauro de Mejor Coreografía.

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