El Comando del Hemisferio Occidental no ha escatimado acciones para incrementar el presupuesto militar en la nación estadounidense. Autor: Departamento de Diseño de JR Publicado: 15/12/2025 | 09:52 pm
Como era de esperar, con un prolongado conflicto ucraniano, la exigencia de Donald Trump a los países europeos de la OTAN a que incrementaran sus presupuestos militares y el sustento del bloque belicista, el inusitado anuncio de que Estados Unidos reanudaría las pruebas de armas nucleares, el interminable genocidio de Israel contra el pueblo palestino y sus agresivos ataques a países de la región, y las continuas maniobras militares en la tensa zona geográfica de Asia-Pacífico, en este mundo convulso, dispararon desde el pasado año las ventas y compras de armas de todo tipo.
En agosto, cuando las playas del Caribe se llenaban de pueblos ansiosos de disfrutarlas, comenzó a llegar una presencia indeseable que ha calentado a la región de las Américas. Las fuerzas navales y aéreas del Comando Sur de Estados Unidos contaminaron las aguas en las inmediaciones de Venezuela y comenzó una «guerra contra el narco-terrorismo» inventado por Trump, dictada al oído por su secretario de Estado, Marco Rubio, y su secretario de Guerra, Pete Hegseth en lo que estiman «patio trasero».
Así se ha completado un peligroso cerco bélico al mundo, donde el recelo y la incordia prevalecen en las relaciones internacionales y lleva a la aceleración de una carrera que tiene un solo ganador: el selecto grupo de las multimillonarias industrias armamentistas.
El recién publicado informe anual 2024 del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri) no trajo ninguna sorpresa al respecto. Los cien principales fabricantes de armas del mundo obtuvieron una cifra récord de ganancias: 679 000 millones de dólares, encabezados por los cinco mayores consorcios dedicados a la improductiva y letal producción, cuatro son estadounidenses y uno británico: Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, BAE Systems y General Dynamics, un conjunto que se embolsó aproximadamente 215 mil millones de dólares del total de ventas de armas tabuladas por Sipri.
Otros datos interesantes del informe: la también estadounidense Boeing ocupó el sexto lugar del Top 100, y un «avance notable» fue la entrada en ese grupo selecto, por primera vez, de SpaceX, propiedad del multimillonario Elon Musk, con 1 800 millones de dólares en ese segmento de sus propiedades.
De las 26 empresas de armamento del Top cien con sede en Europa (excluida Rusia), 23 registraron incrementos de sus ingresos por armas del 13 por ciento o 151 000 millones de dólares.
Sipri afirma que las dos empresas rusas de armamento incluidas en la clasificación, Rostec y United Shipbuilding Corporation, combinadas sumaron 23 por ciento, 31 200 millones de dólares, «a pesar de las sanciones internacionales que han provocado una escasez de componentes». Fue «suficiente» la demanda interna.
Los consorcios israelíes se beneficiaron con el genocidio en Gaza, y las ganancias de tres empresas armamentísticas israelíes del ranking —Elbit Systems, Israel Aerospace Industries y Rafael Advanced Defense Systems— fueron proporcionales a la sangre de los palestinos, 16 por ciento de aumento, hasta los 16 200 millones de dólares.
Ironías e incongruencias
En ese cuadro de agresividad y armamentismo, Estados Unidos destaca, a pesar de que su actual mandatario, Donald Trump, alardea de ser un presidente de paz y aspiraba a recibir el Premio Nobel de la Paz, deseo frustrado, pero que se apresuró en resarcir.
En la cuenta en X del Departamento de Estado, apareció el chiste chapucero: «Bienvenidos al Instituto de la Paz Donald J. Trump. Lo mejor está por venir», reconocimiento «al mayor negociador en la historia de nuestra nación», obviando que a comienzos de año ocupó y desmanteló a ese organismo independiente.
A esa payasada ególatra se unió el lisonjero «Premio FIFA de la Paz: el fútbol une al mundo», otorgado por vez primera en un proceso para elegir al ganador nada claro, según dijeron algunos medios, durante el sorteo final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, celebrado en el icónico Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas de Washington D. C., otra institución sin fines de lucro, groseramente intervenida por el mandatario, y se autonombró presidente de su junta directiva purgada. CNN satirizó: «El presidente Donald Trump aún no ha puesto su nombre en el Centro Kennedy, pero ya lo ha adaptado a su gusto».
El escenario en que se desenvuelve la puesta teatral del «pacificador» no puede ser más irónico, y a la vez preconiza nuevos peligros para el orbe y más ganancias para las industrias bélicas.
Dos elementos clave llenan también espacios en estos primeros días de diciembre: el Congreso de EE. UU. se prepara para aprobar la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) de 2026, y la sorprendente creación del Comando del Hemisferio Occidental del Ejército de Estados Unidos.
La NDAA tiene un presupuesto militar de más de un billón de dólares, cuando a los 901 000 millones para el Pentágono que propone el Congreso, donde pululan legisladores halcones, se añada un proyecto de ley suplementario de 156 000 millones de dólares incluidos en el llamado «Gran Proyecto de Ley Hermoso», la mayor parte de los cuales se destinarán al presupuesto militar.
Puede que ahí no pare la cosa. Según Defense One, durante el pasado fin de semana, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró en el Foro Nacional de Defensa Ronald Reagan: «Recibimos un aumento histórico en la financiación el año pasado, y creemos que esto es solo el comienzo», a lo que añadió probablemente con euforia: «Necesitamos una base industrial de defensa revitalizada. Necesitamos esas capacidades. Las necesitamos desde ya. Por lo tanto, en cuanto a recursos, creo que esta sala se sentirá alentada por lo que veremos pronto, pero no quiero adelantarme demasiado».
En cuanto a la activación del Comando del Hemisferio Occidental del Ejército de EE. UU., que remplazará al Comando de Fuerzas del Ejército y absorberá al Comando Norte y al Comando Sur, le da la categoría del más poderoso de esos cuerpos militares que Estados Unidos mantiene en mares y territorios de todos los continentes. Llega justo cuando Trump cerca a Venezuela, amenaza directamente a Colombia y México y no deja fuera de sus intenciones intervencionistas a Cuba y Nicaragua, como establece el llamado «Corolario Trump a la Doctrina Monroe».
Lo declaró a la prensa un oficial del US Army: «Este es ahora el escenario prioritario. “Miren lo que vamos a hacer: pongan cuatro estrellas aquí y unificaremos todo el hemisferio”». La cuarta estrella se la colocaron el 5 de diciembre al teniente general Joseph Ryan, quien asume el mando del recién creado USAWHC, o WESTHEM, por sus siglas en inglés.
Al parecer el temido ejército personal de Trump está tomando forma, pues la rama Norte preparará a las tropas para el despliegue en apoyo a las autoridades civiles, lo que apunta a continuar la presencia de la Guardia Nacional y también de otras fuerzas militares en las ciudades de EE. UU. donde Trump las ha enviado para reforzar las redadas antinmigrantes, la supuesta operación contra la delincuencia y prevenir las manifestaciones en su contra.
Esas tareas se integran en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional recién dada a conocer, incluyendo una próxima Estrategia de Defensa Nacional que, al decir de Defense One «promete convertir las operaciones militares en apoyo a las fuerzas del orden nacionales en una misión fundamental».
Mientras las tropas del Sur asumirán —según dijo un oficial del Ejercito a la prensa el martes— trabajar «con aliados en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica».
El general Randy George, jefe del Estado Mayor del Ejército, durante la ceremonia del Comando del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, declaró: «Nuestro entorno se ha vuelto más complejo y peligroso… Estamos presenciando una cooperación sin precedentes entre nuestros adversarios en todo el mundo y una tecnología comercial en rápida evolución con importantes implicaciones en el campo de batalla. Ahora es el momento de desmantelar las capas organizativas que hemos añadido a lo largo de los años. Es el momento de desarrollar, encontrar y desarrollar la eficiencia en nuestro sistema para que nuestras formaciones puedan adaptarse a su entorno, sobrevivir, adaptarse y ganar».
La amenaza hemisférica de quien se cree dueño y señor de nuestro continente alcanzará su plena capacidad operativa en el verano de 2026 y Trump cuenta con el apoyo político de no pocos legisladores halcones del Partido Republicano, y los de igual pensamiento guerrerista entre demócratas. El mantenimiento del poder imperial es bipartidista y favorable al complejo militar industrial que atrae a los multimillonarios de las empresas y sus apéndices uniformados.
