Me seducen las ideas y las recreo con paisajes

Confiesa a JR el artista Dausell Valdés Piñeiro, quien hizo Rompiendo malezas, un cuadro donde el histórico yate Granma atraviesa un espeso bosque y crea, de las escabrosidades, un sendero para transitar

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

De cierta forma, para comenzar a crear, no pueden faltarle las canciones de Silvio junto a los pinceles y la paleta. Tampoco las «interrupciones» de su pequeña musa Verónica de cinco años de edad que a ratos lo sorprende con alguna sugerencia pictórica. Y al tanto está la mirada de su esposa Yudmyla que, en menos de un segundo, lo desarma cuando aparece con un beso y el jarrito con café.

Así, como le es ya habitual, alejado de la imagen retórica y medieval del pintor enclaustrado entre el silencio y el caballete, el artista Dausell Valdés Piñeiro, hizo Rompiendo malezas, un cuadro donde el histórico yate Granma atraviesa un espeso bosque y crea, de las escabrosidades, un sendero para transitar.

Esta obra, sentimientos de identidad y rebeldía, que con colores propios, este joven ennobleció en el lienzo, fue el regalo que la Organización de Pioneros José Martí y la Unión de Jóvenes Comunistas, envió ayer a Fidel en su cumpleaños 83.

Sobre la génesis de Rompiendo malezas cuenta su autor:

«Siempre me rondó la idea de que el Granma nunca quedó varado en 1956 cuando llegó con los expedicionarios a Las Coloradas. Para mí siguió sierra adentro, con los rebeldes a cuesta, comandado por Fidel.

«Es innegable la vigencia del Granma como símbolo patrio, como legado de esa revolución que nos toca mantener y, a su vez, defender a todos, especialmente a la juventud. Por eso siento que el yate y la expedición nunca se detuvieron, por eso en el centro óptico de ese cuadro está la proa del Granma. Me siento honrado de poder pintar ese espíritu en nombre de nuestros pioneros, estudiantes, obreros e intelectuales jóvenes, para el cumpleaños del Comandante».

La obra de Dausell, uno de los grandes paisajistas cubanos del presente, se alejan de visones contemplativas con las que muchos ponderan a un género milenario como el paisaje.

Cuando apenas iniciaba el bregar por los senderos siempre difíciles de las artes plásticas y, como él mismo dice: «Me seducen las ideas y las recreo con paisajes», su maestro y coterráneo Pedro Pablo Oliva, le legó: «el paisaje se puede humanizar al igual que la figura humana se puede apaisar».

Y a tantos años del sabio consejo, cuando a Dausell lo siguen acechando las inquietudes e interrogantes, afirma que no ha encontrado mejor manera que pintar sus ideas «sin dejar de ser un paisajista». Al mismo tiempo apunta que es esta «una expresión renovadora» como puede serlo la figuración o la abstracción. «El problema es la forma en que el artista, como medio de expresión, asume el paisaje», sentencia.

Atribuye sus influencias a la obra del belga René Magritte y la del cubano Tomás Sánchez, «un hito en el paisajismo cubano». No obstante, muy cercanos le son los paisajistas chinos y japoneses, pues desde niño práctica artes marciales y es amante de la filosofía asiática.

Pero su trabajo intelectual no solo se ciñe a las dimensiones de un lienzo. «No podemos perder la perspectiva de que los artistas también somos responsables de nuestra sociedad», expresa, mientas anuncia que ahora uno de sus desvelos es «Monte soy», un proyecto comunitario en conjunto con los instructores de arte y amparado bajo los versos de Martí: Arte soy entre las artes/ y en los montes, montes soy. Y que, junto a su esposa, ya encamina en su localidad, Hermanos Cruz, la más poblada del municipio de Pinar del Río.

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