Aquella mujer llamada Malú

Autor:

Frank Padrón

Los 30 años de una de las series más populares en Brasil y mucho más allá, Malú Mulher (Una mujer llamada Malú) fueron celebrados en su país de origen por todo lo alto, como corresponde a un suceso mediático y definitivamente artístico, que aún se mantiene vigente dentro de las luchas emancipadoras en torno a las féminas en el mundo entero, pero, sobre todo, en sociedades tan machistas y patriarcales como las que se extienden del Bravo a la Patagonia.

Entre nosotros la serie no fue menos impactante y positivamente incidente; ya sabemos cómo la mujer cubana logró, desde el triunfo revolucionario, conquistas civiles nada desdeñables, que han ido creciendo en sintonía con los más positivos cambios sociales en el mundo y las luchas por las reivindicaciones y derechos de género. Sin embargo, aún distamos de una sociedad con absoluta igualdad, debido a los prejuicios que subsisten en las mentalidades de muchos hombres.

Malú, mujer separada, de profesión socióloga en la serie emblemática, debe enfrentarse a la dura realidad de criar sola a su hija pequeña y mantener a ambas; un año después, más madura y preparada para la vida, consigue trabajo en un instituto de investigaciones y está lista para iniciar una nueva fase en su vida afectiva.

Cuando la serie fue estrenada en Brasil en 1979, no conoció una audiencia mayoritaria: primeramente, en la época muchas familias pobres carecían allá de televisión, y dentro de las que sí la tenían había mujeres que debían madrugar para el trabajo, mientras la hora de emisión era demasiado tarde. No obstante, la popularidad de Malú Mulher se fue regando como la pólvora, y las ulteriores emisiones conocieron ya un suceso definitorio y masivo.

En tanto producto audiovisual, recibió numerosos e importantes premios no solo en el país, sino en el extranjero, pero lo más importante fue que su protagonista se tornó un huésped querido en miles de hogares de buena parte del mundo, una amiga, paradigma que sobre todo la mujer encontró como un acicate para librar sus guerras cotidianas y difíciles.

La idea de la serie surgió cuando Daniel Filho fungía como asistente de dirección de Paul Mazurski en Una mujer divorciada y propuso el proyecto a la red O Globo, que enseguida lo fichó. En un inicio se pensó para el protagónico en la excepcional actriz Marilia Pera (Pixote, la ley del más débil), mas Filho siempre tuvo en mente a Regina Duarte, y de veras no se equivocó: la carioca logró una interpretación carismática, matizada y rigurosa, que la convirtió en un nombre imprescindible en la TV brasileña (sin ir más lejos, aparece en la telenovela de turno que ahora mismo pasa entre nosotros).

La férrea censura que en el momento controlaba el país sureño generó de inmediato problemas. La serie atacaba temas tabúes, hasta entonces insólitos en los medios: el divorcio (aunque la ley ya había sido aprobada) no era bien visto socialmente; mucho menos el aborto o la virginidad rota prematrimonialmente, y la violencia doméstica era casi tenida como un «mal necesario», al menos inevitable. Con todos ellos se atrevió el dramatizado, que llegó más lejos al presentar el primer orgasmo femenino en la TV brasileña, convirtió en heroína a una madre soltera (otra gran mancha para las mentalidades retardatarias de la época) con legítimo derecho a encontrar los mejores trabajos; y deslizaba tópicos tan delicados como la homosexualidad femenina (cuando una compañera de trabajo de Malú era despedida por un jefe homofóbico) o el racismo.

A partir de entonces, las series y telenovelas brasileñas comenzaron a incorporar esos y otros ítems, a desarrollarlos incluso más. Pero hace 30 años era prácticamente inconcebible, por lo cual Malú Mulher fue abanderada y precursora. De ella emergía, cual moderna amazona, una mujer independiente, liberada y dispuesta a su realización y felicidad contra todas las banderas, que resumía en sí todas las luchas precedentes (y se anticipaba a las que vendrían) del feminismo, que entonces daba pequeños pero considerables pasos.

Desde el punto de vista dramatúrgico y morfológico, la serie fue realizada con esmero y conocimiento de causa. Sus 44 capítulos aún derrochan acabado y elegancia: guión, edición, actuaciones (no solo la Duarte, sino el amplio elenco que la acompañaba), ritmo narrativo, música... Y a ella vamos: el tema, especialmente compuesto por Iván Lins y Vitor Martins, es una preciosa balada donde una mujer espeta a un hombre la satisfacción plena de Começar de novo. La asumió una creciente Simone, quien no contaba con la popularidad que alcanzaría durante la década de los 80. Sin embargo, en su ulterior despegue influyó notablemente ese hit que desde entonces la identifica, y que fuera después versionado hasta por célebres voces internacionales como Barbra Streisand o Sarah Vaughan; el resto de la banda sonora contó con importantes cantoras (Bethania, Fafá de Belem, Joana, la actriz negra Zezé Motta, Gal Costa, la desaparecida Elis Regina...) y, por supuesto, todas las piezas conquistaron los primeros puestos en el hit parade del momento.

Malú Mulher fue transmitida en 55 países. Se realizó un especial de la TV titulado Mulher 80 donde la propia Regina Duarte entrevistaba a esas cantantes para que narraran sus experiencias como mujeres y artistas; y en 2006 se editó un DVD con selecciones de la serie, sus capítulos más destacados.

La TVC hace algún tiempo la repitió. No sería mala idea que ahora, celebrando su aniversario 30, las nuevas generaciones pudieran conocer una serie revolucionaria no solo desde el punto de vista estético sino, sobre todo, social. Muchas jóvenes que en todo el mundo alzan la copa de la emancipación, la independencia y la igualdad, le deben no poco a aquella mujer llamada Malú.

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