Tiempos modernos del cine ruso

Una delegación de artistas del séptimo arte de Rusia compartieron las experiencias más cercanas de su cinematografía con los creadores del patio

Autor:

Jaisy Izquierdo

La Feria del Libro se ha convertido en el espacio para la plática acerca de los temas más diversos. Las páginas de un libro, la obra de un autor famoso, se vuelven la llama para dialogar mucho más allá de lo puramente literario. Así ha ocurrido con Días de cine ruso, una muestra cinematográfica que ampara no solo las cintas de la producción más cercana en el tiempo, sino aquellos filmes que encontraron su origen en un clásico de las letras.

Junto a este ciclo doble, que se estará presentando simultáneamente en el Multicine Infanta y en el Cine La Rampa, llegó hasta nuestra Isla una delegación de artistas del gremio que gustosamente compartieron las experiencias más cercanas de su cinematografía.

Serguéi Lazaruk, vicepresidente de la Unión de Cineastas de Rusia, comunicó que el cine ruso produce alrededor de 130 y 140 películas al año, de las cuales más de 60 documentales y 100 animados se realizan con la ayuda del estado. «Este año el gobierno ha destinado para la cinematografía nacional 130 millones de dólares, siendo Vladimir Putin una de las figuras principales que promueven el desarrollo del cine, privilegiándolo incluso por encima de otras manifestaciones artísticas como la música o la plástica», señaló.

Pero no son estos los únicos logros que hoy nos hablan del resurgir de la cinematografía rusa después de la crisis vivida tras el derrumbe del campo socialista. De igual manera el espacio de exhibición se ha ampliado con la existencia de más de 2000 salas de nuevo tipo, por lo que ha aumentado el número de espectadores que asisten al cine, completándose en el 2009 la cifra de 140 millones de entradas vendidas. Este considerable incremento va de la mano con las preferencias de los cinéfilos, quienes para esta fecha gustan más del cine nacional que del norteamericano.

La rueda del cine ruso ha vuelto a girar y ahora desde el Instituto Estatal de Cine de Moscú se siguen formando no solo a las nuevas generaciones de cineastas sino también a la nueva hornada de técnicos y especialistas. De manera similar se ha acondicionado un edificio moderno para el archivo y el mantenimiento del patrimonio fílmico ruso.

Los jóvenes creadores son el motor impulsor del cine ruso contemporáneo, tanto así que en un año 150 directores han debutado con su primera película. Esto se debe, según explicó Lazaruk, a que estos proyectos son en gran medida subvencionados por el gobierno.

La gran sorpresa fue conocer que aunque son muchos los jóvenes implicados en filmar, numerosos son los que están apostando por revisitar el pasado, más que los procesos sociales que actualmente subyacen en su nación. La periodista Elena Yampólskaya, alegó que seguramente la motivación encuentra su origen en el 65 aniversario de la victoria sobre el fascismo en la Gran Guerra Patria. «Ellos han empezado a amar su país y cuando esto sucede la nación se vuelve mejor», comentó.

Esta temática fílmica vista al calor de los números es asombrosa pues en la última década, 97 son los títulos que han abordado un tópico que parecía agotado por el sinnúmero de películas históricas que se realizaron durante la etapa soviética.

Al respecto, la actriz Svetlana Toma, artista emérita de Rusia, añadió que esta clase de producciones «a pesar de filmar temáticas antiguas reflejan los tiempos modernos, porque cada generación le pone su propio color a lo que hace».

En cuanto a la presencia latinoamericana en el panorama visual del gigante euroasiático, Lazaruk explicó que es reducido, debido a problemas internos de las salas de exhibición, que mayoritariamente pertenecen al sector privado y que responden a los contratos firmados a largo plazo con las productoras norteamericanas, italianas, o francesas, lo cual afecta hasta la exhibición de las propias películas nacionales.

No obstante, el cine latinoamericano «está de moda» por esas latitudes, -nos cuenta-, de manera que si un festival de renombre como el de Moscú prescinde de las películas del continente latino, el comentario general del público es que el evento no estuvo bueno.

Muy parecido sucede en el área de las televisoras, donde el mercado favorece principalmente a las telenovelas latinas que en este género tienen toda una tradición. Esto ocasiona que el cine también se vea opacado en la pantalla chica, indicó quien trabaja actualmente como consejero del director del canal de televisión Rusia.

No obstante, Lazaruk dio la buena nueva para la realización de coproducciones, una experiencia que ahora puede establecerse con mayores facilidades gracias a la firma de leyes que así lo favorecen. «¡Que vengan los proyectos, que estamos deseosos de escucharlos!», concluyó entusiasta.

En estos días tan cercanos al 14 de febrero Svletana Toma prefirió hablar de amor, el sentimiento que da vida a la  historia de Los gitanos van al cielo, -de la cual es protagonista- y que fue incluida en la muestra al estar basada en la obra de Máximo Gorki. «El amor es un sentimiento eterno, es por eso que aunque Emil Lotyanu - uno de los mejores directores del cine romántico ruso- haya fallecido, sus obras permanecen vivas. Es una pena que la temática romántica no sea hoy día uno de los intereses de los jóvenes cineastas a la hora de filmar». Y como en un último acto para inspirar nuevas historias, dijo simplemente: Les deseo amor a todos.

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