Celebran décimo aniversario del programa de instructores de arte

Desde su posición de maestros de la vida, estos jóvenes tratan de defender sus ansias de enseñar y salvaguardar la cultura cubana, primordial para mantener nuestra identidad

Autores:

Alex Pérez Pozo
Luis Alejandro Rivera Paredes

Diez años de existencia no han disminuido ni un ápice el entusiasmo de la Brigada José Martí (BJM), que trasciende fronteras. Su semilla germinó como parte de la Batalla de Ideas en 2001, pero el objetivo sigue siendo formar profesionales revolucionarios con amplia cultura, conciencia social y capacidad de apreciación de las artes.

Inspirados en Olga Alonso, quien fuera la guía para esta generación de forjadores, la BJM celebra por estos días el aniversario 50 de la creación de las primeras escuelas de instructores de arte.

Desde su posición de maestros de la vida, estos jóvenes tratan de defender sus ansias de enseñar y salvaguardar la cultura cubana, primordial para mantener nuestra identidad, ya sea desde una escuela, una casa de cultura o mediante una manifestación cultural en la comunidad.

Retoños de cultura

De la mano de Lisbet Ruiz, presidenta de la Brigada de Instructores de Arte en La Habana, andamos los pasillos de la escuela formadora de estos promotores de la cultura en Cuba. Conversamos con niños pertenecientes a los proyectos comunitarios El Hombrecito Verde y Cascabelitos, quienes nos dieron sus impresiones:

«Me siento bien en el grupo. En El Hombrecito Verde llevo tres años y el “profe” Jorge me ha enseñado mucho. Ensayamos bastante para que todo nos quede bien. Primero analizamos los personajes y después los textos. Lo que más me ha gustado hacer es La caja de las maravillas, una obra con fragmentos de los cuentos de José Martí. Y me gustó porque fue mi estreno en la compañía», nos cuenta Frank Luis Jiménez González, de diez años de edad.

Rebeca Roque Valdés, de 14, lleva la mitad de su vida en la compañía Cascabelitos. «Pertenecer a ese grupo le ha dado verdadero valor a la cultura para mí. La música es la manifestación en la que me defiendo y creo que me dedicaré a ella en un futuro. Quisiera llegar a trabajar como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés o Milagros de los Ángeles, una excelente cantante lírica».

El grupo Artestudio El Hombrecito Verde surgió cuando su director, Jorge Pedro Hernández, cursaba el primer año de la Escuela de Instructores de Arte (EIA) Eduardo García Delgado, aunque contaba con la rica experiencia de haber formado parte de La Colmenita. Mientras Cascabelitos, bajo la dirección de Abel Ramos, es un proyecto impulsado por instructores en el municipio de Arroyo Naranjo. Se inició como un experimento para demostrar que el contacto con la cultura hacía mejores a los niños, los disciplinaba más.

Ejemplo vivo

En la Eduardo García Delgado los estudiantes cursan cuatro años de formación integral. Reciben asignaturas básicas de música, teatro, danza y artes plásticas. Al graduarse reciben el título de Bachiller en Humanidades.

Entre los profesores hay muchos que provienen de grupos profesionales y otros son egresados de la misma escuela, mas todos transmiten a los alumnos sus experiencias y los motivan a seguir formándose.

El director del centro, Mario Pérez Márquez, es muy especial para el alumnado. Según los muchachos, Pérez Márquez se pasa todo el tiempo trabajando; no lo ven nunca sentado. Recorre la escuela para ayudar a los alumnos en lo que les haga falta. A él lo tienen como figura principal, como un padre. Por esas razones recibió en el acto central por el Día del Instructor de Arte el Sello que la compañía El Hombrecito Verde otorga por su labor pedagógica a favor de la promoción de la cultura.

Ejemplo vivo para el resto de sus compañeros es Elianne López Carballo, estudiante de segundo año de Teatro. «Desde que estaba en octavo grado soñaba con entrar a esta escuela, porque siempre aprecié mucho la labor de la instructora de arte de mi secundaria. Y esta es una carrera que me permite llevar adelante dos cosas que amo: ser educadora y el teatro».

«Soy de Sancti Spíritus y un día La Colmenita actuó allá. Me entrevistaron para formar parte del grupo, pero en aquel entonces mi papá no me dejaba venir sola para La Habana. No sabía que la carrera de instructor existía. Cuando vine a la capital hice las pruebas y llegué a la escuela; entonces me di cuenta de que había escogido lo correcto».

El fruto de un sacrificio

Los años de estudio y el sacrificio personal que entrañan resultan gratificantes para un instructor de arte. Para saber de los sentimientos encontrados y los recuerdos de quienes ya pasaron a la realidad laboral conversamos con Yanela Hernández Lorenzo, de 22 años, egresada de la cuarta graduación y actualmente jefa de la Cátedra de música en la Casa de Cultura de San Miguel del Padrón.

«Justo ahora cuando venía para participar en la actividad central por nuestro día recordé los cuatro fabulosos años que aquí viví. Fue una etapa muy enriquecedora, en la que adquirí un conocimiento, digamos, completo. Recibí nociones generales del arte y pude profundizar en la especialidad de música.

«Pienso que lo que se ha hecho es sumamente importante, porque hemos logrado superar en lo cualitativo el trabajo cultural comunitario que antes se hacía en Cuba. Esto ha sido posible gracias a la formación que hemos recibido y al numeroso ejército de promotores de la cultura que hoy tenemos».

El décimo aniversario de la creación de la Brigada José Martí se celebró en el municipio de Boyeros y así se saludó también el aniversario 50 de la declaración del carácter socialista de la Revolución.

En el acto se hizo entrega de un reconocimiento especial de la BJM a Danay Yera Guerra, joven que cumple misión en la República Bolivariana de Venezuela.

Entonces Arley Abreu Fernández, presidente de la Brigada, expresó: «La humanidad necesita corazones que siembren la libertad verdadera como sentido de nuestras vidas. Estamos en el deber de brindar todo por la defensa de las tradiciones culturales y transformar desde el arte todo vestigio de banalidad».

En declaraciones a JR, el dirigente expresó: «El movimiento arriba a este aniversario con más compromiso con una generación de niños, adolescentes y jóvenes que necesitan conocer lo más autóctono de sus raíces, de su identidad. ¿Quiénes podemos lograrlo si no nosotros, que logramos nuestra formación en las nuevas escuelas, gracias a la Revolución?».

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