Viaje de cercanías y distancias

La pasión de Juana de Arco se esgrime un monólogo a dos voces encarnado por jóvenes actrices

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Situadas junto a las puertas de entrada a la sala, dos actrices confrontan al público. Con la inusual bienvenida, comienzan a tejerse y destejerse los hilos de una obra que tiene su base en la vida de Juana de Arco, una mujer que el tiempo convirtió en leyenda y cuya historia es retomada como puente para aludir a conflictos contemporáneos.

Bajo la concepción de «teatro dentro del teatro» —enfoque que singulariza el accionar escénico del grupo—, en La pasión de Juana de Arco se esgrime un monólogo a dos voces encarnado por jóvenes actrices. Con escasos recursos, apoyadas solo en transiciones marcadas por un preciso uso del cuerpo, máscaras faciales y voz, las intérpretes hilvanan un discurso polifónico a través del cual fluyen pensamientos, personajes y ambientes.

Con una visible carga simbólica, el tránsito por un tiempo donde pasado y presente interactúan constantemente, y la referencia a conceptos antagónicos como el bien y el mal, la pieza se cuestiona acerca de los resortes que mueven la vida de los seres humanos. Para conocer más de las interioridades de la obra, Juventud Rebelde conversó con Teatro del Silencio.

En referencia a la carga simbólica de la pieza, Rubén Sicilia, autor del texto y director general del grupo, explicó que recurre al uso de los símbolos porque «son puertas al subconsciente, al consciente colectivo y a la esencia de las personas, y adquieren mayor relevancia en un contexto caracterizado por la crisis de los mismos».

En tal sentido, Juana de Arco, con todas las interpretaciones que se mueven en torno a su figura como doncella, guerrera, religiosa y heroína, acumula la fortaleza de «desatar conflictos éticos vigentes en el presente para provocar, confrontar y hacer reflexionar al espectador.

«Tal vez, para el público cubano, que está acostumbrado a otro tempo, el espectáculo puede resultar un poco lento en el agarre o enganche de las primeras escenas, pero es con toda intención ya que se necesita un tiempo para penetrar en el personaje de Juana y paulatinamente eslabonar su relación con la realidad», comentó Sicilia.

—¿Por qué un monólogo a dos voces?

—Es un experimento. La pasión... se construyó y escribió como un monólogo, pero se fue dinamitando en la puesta en escena, hasta llegar al clímax en que los personajes fueron ganando espacio en las relaciones de dar y tomar entre uno y otro, e iban creando nuevos conflictos.

Llama la atención en la puesta, la noción de los personajes, cuya concepción no fue prevista de forma convencional, o sea, no comparten la plena capacidad de diálogo. A decir del director, esto se debe a que «se asume un eje —por momentos casi coral—, donde las actrices interpretan el soliloquio de Juana y cada uno de los personajes emergen a través de ellas».

Para Aliuska López León y Raiza de la Caridad D’Beche, quienes encarnan a Juana de Arco y a otros caracteres como Dios, el Diablo, una anciana y un soldado; la puesta supuso un enorme desafío, no solo por las complejidades propias del texto, sino también porque este constituyó su primer trabajo como profesionales, luego de haberse graduado de la Escuela Nacional de Arte (ENA).

«Implicó un gran reto que pudimos enfrentar gracias al estudio de cada personaje, sus conflictos, miedos, dudas, aspiraciones, etc.

«Asumimos el personaje de Juana de Arco después de una investigación de nueve meses que incluyó la lectura y estudio de tres biografías acerca de su vida, así como todo lo concerniente a la época. Precisamente, unos de los mayores retos consistió en acoplar todo eso a la actualidad. No es tarea fácil llevar algo que sucedió en el siglo XV hasta nuestros días».

Comentan que construyeron y compartieron su propia Juana desde la concepción de humanizarla, mostrar todas sus virtudes y defectos, para dotar al público de un punto de partida en el camino de formarse su propia imagen de ella.

Con La pasión..., tercer montaje del grupo, Teatro del Silencio apuesta por la relación público-escena desde la confrontación. En la medida que la obra deviene búsqueda de sentidos, se revela un examen individual y a la vez colectivo, como vía para cuestionar todo aquello que nos define en la compleja misión de encontrar nuestra verdad.

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