El álbum de Broadway

Los Embajadores de Broadway, de la compañía Nederlander Worlwide Entertainment, se presentaron en el recién finalizado 14 Festival Internacional de Teatro de La Habana, con una selección de piezas emblemáticas de célebres musicales

Autor:

Frank Padrón

Cuando en 1985 Barbra Streisand lanzaba su CD The Broadway Album (y en 1993, la secuela Back to Broadway) estaba dando a conocer al mundo, en su incomparable voz, versiones de algunas de las piezas más famosas de la Meca: la sede del musical en el mundo, comoquiera que no son demasiados quienes pueden asistir in situ (aun visitando New York) a la mayoría de esos espectáculos, por los elevados precios de sus boletos.

Recuerdo que esos fonogramas —primero en casetes, después en CD «quemados»— circulaban de mano en mano entre los melómanos, quienes después fuimos apreciando en semejantes condiciones, videos y filmes que daban fe de esos famosísimos shows, hasta que algunos de ellos (en sus versiones originales o en «relecturas» cinematográficas) comenzaron a ser programados en funciones de la Cinemateca, e incluso en exhibiciones comerciales.

De cualquier manera, nunca esperamos tener «en casa», en uno de nuestros escenarios más queridos, ese que ha recibido otros grandes huéspedes del arte danzario, lírico o popular (el Gran Teatro de La Habana) una embajada desde el mismo corazón de la Gran Manzana, aunque su sede  radique en Detroit, Michigan.

Los Embajadores de Broadway, de la compañía Nederlander Worlwide Entertainment, se presentaron en medio del recién finalizado 14 Festival Internacional de Teatro de La Habana, con una selección de piezas emblemáticas de célebres musicales procedentes de esa red teatral en Manhattan.

Fue un espectáculo sencillo, con una presentadora que anunciaba y aportaba algunos datos de varias de esas piezas (en otros casos, por lo archiconocidas, bastaba con la aparición del título en una pantalla) y un grupo de músicos, algunos cubanos, ocupando el escenario, bajo la dirección musical de Jeremy Roberts (también al piano), y general de Thomas W. Schlling.

Los últimos 50 años de Broadway fueron admirablemente resumidos y defendidos por cuatro extraordinarios cantantes, de esos que han hecho carrera allí donde, como reza el aserto bíblico, «muchos son llamados y pocos escogidos». Con arreglos muy semejantes a los originales sobresalieron en los acompañamientos las secciones de cuerdas y viento que privilegiaron células distintivas de tantas décadas de sonido norteamericano: jazz, blues, rythm and blues, soul, funky, rock, pop, balada... a veces mixturado, otras puro, mas sentando una cátedra que ha aportado al mundo las pautas de un género, una escuela, un magisterio.

Pedir fragmentos de esas piezas, coreografías, etc., como acaso «tocaba» en el contexto de un festival de teatro, hubiera sido lógico pero a la vez demasiado. De veras que resultó un privilegio disfrutar de una voz pletórica de energía y matices como la de Lubica Anna Mason, quien se pasea como por su casa entre los registros grave, medio y alto, sin que apenas notemos las transiciones; escucharla en Chicago (que durante 13 años representó allá), Las locuras de Will Rogers o la Tiendecita del horror; o sumarse a los encendidos aplausos que su pareja en la primera obra, Norman Orell Lewis —un fabuloso barítono— arrancó con sus interpretaciones de esa, a dúo con ella, o solo en Hello, Dolly; Company o la más representada de todas: The phantom of the Opera.

Conocer tan de cerca las virtudes de un tenor afinadísimo y de tan hermoso color vocal como Robert Evan Buchen (quien bordó sus incursiones en Jekyll and Hyde, Los miserables y Tarzán) o la gracia, el timbre privilegiado y la sensualidad de una diva como la cantante negra Capathia YveCe Jenkins, quien acercó momentos de Dreamgirls, The Wiz o la célebre West Side Storie. O apreciarlos a todos en Nana a Broadway, la simpática Hairspray o (como encore) el inolvidable Acuario, de Hair.

Nuevas reverencias —desde Estados Unidos pero en La Habana— al arte de Oscar Hammerstein, Richard Rodgers, Andrew Lloyd Webber, Alan Menken, Kander & Ebb, Jerry Hermann y otros tantos que han aportado lo suyo a un género de todos, que tiene en Broadway su templo mayor, y algunas de cuyas páginas antológicas pudimos repasar y disfrutar por estos días.

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