Honor a quien honor merece

Zoila Lapique Becali nos muestra su talento como investigadora y su cubanía innata, lo cual la hizo merecedora, junto al escritor Ambrosio Fornet, de que se les dedique la próxima Feria Internacional del Libro

Autores:

Mariateresa Hernández Martínez
Javier Tamayo Ramírez

Consagrada a la investigación de nuestra música desde hace más de 40 años, apasionada por el mundo de los ingenios azucareros, así como por las diversas manifestaciones de la gráfica colonial y la prensa satírica y humorística del siglo XIX, Zoila Lapique Becali se ha convertido en una de las figuras más representativas de la cultura cubana.

Premios como el de Musicología Pablo Hernández Balaguer (1974), el de Ciencias Sociales (2002) y el de Investigación Cultural por la obra de la vida (2010), entre otros, avalan la obra de la renombrada creadora.

Amante de los felinos, nuestra charla transcurrió entre algunos de los nueve que posee. Conversar con ella es una clase magistral de sabiduría, sencillez y fidelidad a nuestras raíces.

Compromiso con la literatura

Por sus innumerables aportes y méritos, a ella y al escritor e investigador Ambrosio Fornet Frutos se dedicará la edición 21 de la Feria Internacional del Libro, que tendrá lugar del 9 al 19 de febrero.

Este reconocimiento —declara— la tomó por sorpresa durante la clausura de la pasada Feria. «Me avisó la misma Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, cuando nos citó a Ambrosio y a mí. Me pareció un poquito “exagerado”, pues existen otras figuras que también merecen ser reconocidas. Pero me alegré mucho por dos razones: porque pensaron en mí y porque me permitirá publicar algunos libros que tenía engavetados y sin editar.

«Por ejemplo, saldrá Ingenios, trapiches y centrales de Cienfuegos, que escribí en colaboración de Orlando Segundo Arias, gran investigador, quien se ha dedicado a historiar el Cerro. Ese es un barrio al cual quiero especialmente, porque en él transcurrió mi niñez.

«También se reproducirá una antología de trabajos publicados en la revista de la Biblioteca Nacional, con prólogo de Eusebio Leal, quien me dedicó una de las páginas más hermosas que hayan escrito sobre mí; creo que no merezco tanto, pero ahí está. Quienes vengan detrás dirán si él tenía o no razón».

Según Lapique, antes de la Feria deberá publicarse por Ciencias Sociales su estudio sobre la prensa satírica y humorística en el siglo XIX. Además, tiene inédita una iconografía de la Guerra de los Diez Años, realizada con la colaboración de Manuel Moreno Fraginals.

«Aunque Moreno ya murió, edité el libro junto a su hija Beatriz. Es muy interesante porque muestra escenas y momentos de la época. Lamentablemente, los grabados de que disponemos están en publicaciones seriadas españolas que no reflejan fielmente la realidad; ellos tienden a hiperbolizar la gloria del Ejército Español. Quiero que sea un homenaje a la labor de Eusebio Leal, a quien admiro por todo lo que ha hecho con la Oficina del Historiador».

Música, tabaco y azúcar

A pesar de que Zoila nunca ha tocado un instrumento, siente una gran pasión por la música: «Esa predilección nació desde que tengo uso de razón, aunque también aprecio las artes plásticas y la literatura».

Sus primeras publicaciones fueron en el área musical, entre 1943 y 1944, en la revista juvenil Alba, donde también escribía Roberto Fernández Retamar. En 1955 matriculó en la Escuela de Bibliotecarios  de la Sociedad Económica Amigos del País (SEAP), y con solo 28 años de edad se especializó en Referencias y Bibliografía Colonial Cubana. «Dentro de la Bibliotecología, la Referencia es una de mis pasiones, pues constituye el paso anterior a la investigación. A mí me llevó de la mano la Doctora María Teresa Freyre de Andrade, mi profesora de esa asignatura».

En 1959, con el triunfo de la Revolución, comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional José Martí como auxiliar de bibliotecaria. Aunque entró directamente al Departamento de Música, en ese lugar inició su indagación sobre otros de los temas que la apasionan: el azúcar y el tabaco. «Es que son elementos muy raigales en los cubanos. Recuerdo que me iba al interior del almacén de la biblioteca, al departamento de Colección Cubana, a revisar los libros con el objetivo de dar un buen servicio de referencia a los lectores que iban pidiendo mi ayuda. Así comencé a investigar sobre el azúcar, buscándole datos al investigador Manuel Moreno Fraginals.

«Aparte de los ingenios, también indagué en los temas del tabaco y los grabados e impresos del siglo XIX. Empecé a estudiar esta etapa por las etiquetas de los habanos».

Su primer libro, Música colonial cubana, una indagación de esta manifestación en la prensa seriada del siglo XIX, recibió el Premio Pablo Hernández Balaguer, en el I Congreso Mundial de Musicología.

Amigo y ejemplo

Entre las personas que han inspirado a Zoila a lo largo de su vida, figura Juan Pérez de la Riva, historiador y demógrafo, autor de El barracón y otros ensayos.

«Admiro a muchos investigadores, que he tratado de tomar como modelos; uno de ellos es Juan, todo un erudito. Se formó en Europa y hablaba muy bien el inglés y el francés. Lo envidiaba sanamente y traté de aprender de él lo más que pude.

A los 81 años de edad, Zoila, con picaresca sonrisa, afirma que está en la mejor etapa de su vida. «Juventud, divino tesoro, decía Rubén Darío, pero si hubiera tenido la experiencia de ahora con la juventud de años atrás, hubiera sido tremendo eso».

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