¡Caribeños todos!

Entender la identidad cultural de una región diversa implica asumir su esencia desde una dimensión integradora e histórica

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Bajo un espíritu ecuménico se desarrollará la XXI Feria Internacional del Libro Cuba 2012, desde hoy al 19 en La Cabaña, y hasta el 4 de marzo en todas las provincias del país.

En esta ocasión se homenajeará a las culturas de los pueblos del Gran Caribe, concebido este como un mosaico cultural, diverso y unido por su historia.

Según aduce la autora Graciela Chailloux Laffita en su texto Las Antillas, el Caribe, el Gran Caribe, que publica el sitio digital www.cubaliteraria.cu, «la razón más relevante en las dificultades que entraña entender y explicar el Caribe subyace en su carácter multidimensional. Establecer exactitudes de su alcance geográfico, histórico, económico, sociológico, antropológico y cultural, constituye un empeño que entraña complejidad y requiere de la concatenación de multiplicidad de factores».

Y es que sobre la base de la diversidad y la multiplicidad cultural se erigió una identidad regional que hace del Gran Caribe una unidad especial desde su pluralidad.

Así lo ratifican las palabras de Alejo Carpentier, para quien el Caribe fue teatro de la primera simbiosis entre tres razas, «que como tales no se habían encontrado nunca: la blanca de Europa, la india de América y la africana. Una simbiosis monumental de tres razas por su riqueza y sus posibilidades de aportaciones culturales que habrían de crear una civilización enteramente original».

La conjunción de influencias culturales ha marcado al Caribe con un distintivo sello integrador, que debe ser asumido desde su amplia dimensión sociocultural e histórica y no a partir de una delimitación física o geográfica.

Son muchos los elementos afines a los pueblos del Caribe, entre ellos la singular condición de la cual gozan las zonas de clima tropical, el gusto por la música y la danza como pilares culturales, la afabilidad y cordialidad en el trato, el sincretismo, el entusiasmo y efusión, la creatividad, la hospitalidad...

Los autores Onelio Olivera Blanco y Omar Pozo Crespo, en su trabajo Identidad cultural en el Caribe, sostienen que esa región constituye la unión y la yuxtaposición de complejos influjos culturales en un espacio geográfico marcado por choques, encuentros y mutuas transculturaciones que dieron origen a un nuevo elemento identitario específico para toda ella. «Donde las diferencias existentes, y otras que nos quieren imponer, como la barrera lingüística, no han sido impedimento para que la diversidad de culturas que forman nuestro universo cultural conformen, al mismo tiempo, nuestra identidad».

La idea de esa integración que se  referencia en esta XXI edición de la Feria Internacional del Libro incluye los 14 Estados insulares, México, los seis países centroamericanos y los cuatro sudamericanos con costas en el Mar Caribe, y los territorios integrados en sus antiguas metrópolis, a lo cual se suman, por vínculos de similar naturaleza, la subregión de Nueva Orleans y la Luisiana, en Estados Unidos.

Así tenemos que el Gran Caribe es una región conformada por la parte insular y la continental. En la primera marcación tenemos las Antillas Mayores: Cuba, República Dominicana, Haití, Puerto Rico y Jamaica; y las Antillas Menores: Anguila, Antigua y Barbuda, Aruba, Barbados, Bahamas, Bermudas, Bonaire, Islas Caimán, Curazao, Dominica, Granada, Guadalupe, Martinica, San Cristóbal y Nieves, San Martín, Montserrat, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago, Islas Vírgenes y las Islas Turcas y Caicos.

En este punto es necesario puntualizar las diferentes dependencias de otros países: Puerto Rico (Estado Libre Asociado) e Islas Vírgenes, de Estados Unidos; Guadalupe, Martinica, San Martín e Isla de San Bartolomé, vinculados a Francia; Antillas Holandesas, a los Países Bajos; y Anguila, Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, y Montserrat, al Reino Unido.

Mientras, el Caribe continental está integrado por Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam (Sudamérica); y México y Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Belice y Guatemala (Centroamérica).

Esta zona, tan múltiple y única, no solo es poseedora de un invaluable patrimonio cultural desde el punto de vista de las tradiciones, la danza, la música y el folclor, sino también por su literatura. Así lo avala la existencia de seis Premios Nobel de Literatura caribeños:

El poeta Alexis Saint-Léger, de Guadalupe, fue el primer galardonado; el segundo en alzarse con el Nobel fue el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias y luego el colombiano Gabriel García Márquez. Los otros tres lauros fueron a manos del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, el poeta Derek Walcott, de Santa Lucía; y Vidiadhar Surajprasad Naipaul, de Trinidad.

Poema a la extranjera, Lluvias, Elogios y Pájaros y otros poemas se titulan algunas de las obras que dieron renombre a Saint-John Perse, como se hacía firmar Alexis Saint-Léger (1887-1975), no solo poeta, sino también diplomático. Realizó estudios universitarios en Burdeos y París. Cursó Letras, Derecho y Medicina. Aunque su quehacer poético es escaso, es muy valorado por la crítica y los lectores, que admiran el modo en que aborda temas como la soledad y el exilio.

Además de en su grandeza como escritor, Miguel Ángel Asturias coincide con Alexis Saint-Léger en que se desempeñó como diplomático. Solo que el guatemalteco (1899-1974), fue, además, un notable narrador, dramaturgo y periodista, considerado precursor del boom de la literatura hispanoamericana y uno de sus principales protagonistas en el siglo XX.

No poco se ha escrito y publicado en Cuba sobre García Márquez y Octavio Paz, no así de Walcott, autor del afamado poema épico Omeros, una historia alusiva, y reescrita, de la leyenda homérica, sobre la tradición de un viaje por el Mar Caribe y más allá hasta África, Nueva Inglaterra, el oeste norteamericano, Canadá y Londres. Este intelectual, nacido el 23 de enero de 1930 en el pueblo de Castries es, además, dramaturgo y artista visual.

Calificado como uno de los mayores escritores vivos en lengua inglesa, Vidiadhar Surajprasad Naipaul, de origen indio, ha regalado a sus lectores una amplia obra donde abunda el humorismo, la sátira y el costumbrismo, y no escasean la ternura ni la crueldad. A los 11 años decidió que sería escritor. Encontrar El lazarillo de Tormes resultó definitivo para él. Con otros libros anteriores, Una casa para el señor Biswas, tomada como obra maestra, le agenció el reconocimiento del mundo entero. La entrega del Premio Nobel de Literatura a Naipaul coincidió con la publicación de su novela Half a life (2001).

Por supuesto que es mucho más abundante la nómina de escritores sobresalientes de nuestra región. Y la XXI edición del evento editorial más importante de nuestro país ha llegado para recordárnoslo, y para convidarnos a descubrirlos o reencontrarlos. Por eso el aplauso a la FIL por este tributo a las culturas de los pueblos del Gran Caribe y el meritorio reconocimiento que reverencia estos aportes literarios al conocimiento universal.

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