Tras las rutas de una visualidad contemporánea - Cultura

Tras las rutas de una visualidad contemporánea

Una visión integradora y plural de lo mejor del arte cubano ofrece la actual edición de la más grande fiesta de las artes visuales, que hasta el 11 de junio ocupará calles, galerías y plazas del país

Autor:

Aracelys Bedevia

Si una propuesta atrae la atención del público asistente a la Oncena Bienal de La Habana es la muestra de arte cubano que desde el 10 de mayo invade plazas, galerías, calles y parques de la urbe capitalina. El Complejo Histórico Militar Morro-Cabaña acoge la mayor cantidad de estas producciones, incluidas como parte del programa colateral al evento.

Este espectáculo gigantesco es, a decir de Rubén del Valle Lantarón, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas y también de la Bienal, la más grande exposición de arte cubano contemporáneo organizada hasta el momento. A interactuar con el público asistente convidan los autores de las obras participantes en esta fiesta visual, donde confluyen una amplia variedad de estilos y tendencias.

Cientos de piezas de pequeño, mediano y gran formato ocupan en este momento bóvedas y espacios exteriores de La Cabaña. El encuentro con cada una de ellas permite apreciar y, al mismo tiempo, reflexionar sobre la visualidad en la Isla y su conexión con los derroteros artísticos del mundo.

Tres esculturas de máquinas extractoras de petróleo, cubiertas prácticamente de enredaderas naturales, sirven de soporte a la instalación Resistencia del origen, de Diana Teresa Almeida. Ubicada en uno de los fosos del puente que cierra o abre las puertas de la muralla, Resistencia... discursa sobre la contaminación ambiental que afecta a la humanidad y el modo como la naturaleza recobra poco a poco el espacio que le ha sido arrebatado.

Entre la melancolía y la construcción del hombre nuevo está uno de los grandes de la plástica del patio, Alexis Leyva, «Kcho». Obsesionado con el tema del mar y sus atributos, como fuente de inspiración en sus piezas, este creador asume, a decir del poeta y etnólogo Miguel Barnet, «un discurso ideológico sabido, trasuntado, manoseado en los vericuetos de la vida, pero muchas veces ausente en los medios de difusión. He ahí la valentía de su arte y su capacidad recreativa y transgresora, el profundo buceo en lo reflexivo a partir de lo cotidiano, de la memoria y el recuerdo y de pasajes históricos que han marcado una huella en la realidad del cubano de hoy».

La instalación refleja el proceso de construcción de la obra, que inserta primero al público en una carpintería que da paso al interior de la bóveda donde está Entre la melancolía..., la cual forma parte de un discurso expresivo equilibrado y conmovedor.

Al encuentro con Noche insular: jardines invisibles, de Vicente Rodríguez Bonachea, convida también esta megaexposición. Rodríguez Bonachea interactúa con el espectador a través de una obra que parte de la idiosincrasia del cubano: humor, lirismo, ironía, sensualidad. Vemos pues, una vez más, en sus pinturas y dibujos rigor constructivo y una estética que distingue por la racionalidad de los elementos y la síntesis en la representación.

Mabel Poblet Pujol, entre las jóvenes artistas que se abren paso con fuerza, ocupa igualmente uno de los espacios expositivos del área interior. Por medio de Reunificación familiar, aborda problemáticas que conllevan a la separación de las familias. A disímiles lecturas incita esta propuesta, resultado de un conjunto de piezas donde las casas constituyen el soporte de las historias: el lugar al que siempre se puede regresar.

No hay otra salida, recorriendo La Cabaña, que encontrarse con Carlos Montes de Oca, quien conceptualiza el espacio como protagonista de la obra mediante el uso de una caja de luz, con la imagen fotográfica de la puerta de entrada de ese recinto. La construcción de falso arco simula un túnel que invita a transitar a través de él, y «es en este clic psicológico donde enfoco mi acción: en la imposibilidad de fluir y rebasar dicho trayecto. Al tiempo, propongo el retorno a la salida como un contrasentido mental con un desenlace contradictorio», afirma Montes de Oca.

Sin torres ni abedules constituye el más reciente trabajo de Cirenaica Moreira, donde representa a la mujer de mirada baja, casi inmóvil, directamente ligada a la visión del hombre imprescindible y seguro de sí mismo.

Otra interesante propuesta que atrapará la atención de los asistentes es La marea, de Tamara Campos, quien cuelga billetes del techo, por medio de hilos casi imperceptibles, transmitiendo una sensación de ingravidez, al tiempo que  ofrece infinidad de lecturas y visiones estéticas.

Una visualidad de armas tomar

Impresionante resulta el hallazgo de Caja de palabras, de Damián Aquiles, un cubo de metal (de dimensión 3x3x3 metros) conformado a base de letras de diversos tamaños. Caja… evoca el poder de la palabra que, según explica su creador, cae de manera abrupta en la superficie donde están ocurriendo los hechos y discursa sobre el fenómeno de la diversidad cultural, de etnias, sexual.

Otro de los artistas participantes es el colega Arístides Hernández, «Ares», quien en El otro horizonte extrapola su imaginario visual a la tela. El agudo dibujante y también pintor, levanta «(in)directas moles arquitectónicas para (re)situar al hombre-raíz y al hombre-hoja», como diría Axel Li, sin dejar de explorar una y otra vez en el papel y la cartulina.

Entre las propuestas sobresale asimismo la muestra personal de Ernesto Rancaño, titulada La mitad de mi vida, la cual evoca ese momento en que miramos hacia atrás en busca de verdades que nos permitan seguir adelante. Por medio de espejos a los que incorpora una amplia variedad de fragmentos de objetos, Rancaño recrea el ambiente de una casa y los diferentes estados de ánimo por los que transitamos los seres humanos.

Luego de haber avanzado por una gran parte de las bóvedas, se tiene la impresión de haber perdido el rumbo al entrar al espacio expositivo Taller de mecánica, de Guillermo Ramírez Malberti. La instalación presenta el interior de un auto sin carrocería ni asientos. Taller… rinde homenaje a la inventiva del cubano que ha permitido mantener funcionando los famosos «almendrones».

El ambiente del lugar es el mismo de un taller en cualquier barrio: neumáticos, herramientas, cámaras, tanques con aceite, trapos viejos. Le acompañan dos grandes telas en las paredes: Carrusel e Islalmendrón. La segunda se refiere a la intervención urbana que tendrá lugar hoy en horas de la mañana frente al Capitolio, donde 28 «almendrones» conformarán la imagen de la isla de Cuba.

Si de Quejas y sugerencias se trata, el buzón de correos instalado por Michel Mirabal constituye una excelente opción para quienes decidan adentrarse en los caminos estéticos actuales.

Las banderas cubanas y otras imágenes características de sus producciones artísticas reaparecen en la exposición preparada para la Bienal. Mirabal, quien está presente además con Créeme, «es un artista en busca de sentido para su obra, de esta forma se reinventa periódicamente, no se estanca en ninguna estación creativa, es febril en su imaginario visual, como un cronista que anota febrilmente sus apuntes sobre la realidad que sufre y disfruta a un tiempo; observa, anota, crea sus íconos», según expresa el curador Rafael Acosta de Arriba.

Mientras, en En mala forma irrumpe el kitsch. La muestra agrupa los trabajos de jóvenes artistas que incorporan elementos de la iconografía de procedencia popular al llamado «arte culto». Esta convivencia, aclaró Chrislie Pérez, su curadora, «puede considerarse como la manifestación de la imbricación entre alta y baja cultura. No es primera vez que lo vernáculo aparece como sujeto de representación en la plástica cubana. Sin embargo, la actitud para acercarse a estos temas se manifiesta ahora de un modo más espontáneo y desenfadado».

Destaca dentro de este abanico de creaciones De lo vivo... a lo pintao. Esta muestra colectiva de arte abstracto refleja el estado actual de esa expresión, que se enriquece con las más jóvenes generaciones. «Efectos luminosos, exageraciones gestuales, descomposición geométrica, delirio subversivo, texturas, transparencias..., poéticas diferentes, incluso contrapuestas, animan estas visiones que dan una idea lo más completa posible acerca de lo mucho que dice también la abstracción cubana, presente en el arte contemporáneo», explica la crítica de arte Virginia Alberdi, curadora del proyecto.

Haciendo presión están los grabadores poniendo de manifiesto la libertad con que se asume este medio en Cuba. La exposición brinda una mirada al acontecer del grabado cubano de hoy a través de la obra de creadores que han alcanzado importantes logros en los últimos 15 años.

Pero esto es solo un adelanto de lo mucho y bueno que los asistentes a la Oncena Bienal encontrarán en La Cabaña. Ojalá que lo tentativo de las propuestas que están en la ciudad, al alcance de la mano, no atente contra los propósitos de los organizadores de agrupar en la antigua fortaleza la mayor cantidad de obras de nuestros artistas, en aras de mostrar una visión integradora de lo mejor del arte cubano.

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