Esencia, vida, aire...

La novel compañía A Compás Flamenco surgió a partir de un proyecto comunitario que busca preservar y respetar los valores más auténticos de ese estilo danzario y musical

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

El barrio de Los Sitios, en el capitalino municipio de Centro Habana, es un lugar palpitante, agitado, y por momentos convulso. El ir y venir de personas fluye como torrente inalterable por sus arterias. Sin embargo, en la calle Maloja, entre Águila y Ángeles, hay algo que llama la atención. Los caminantes frenan el paso. Se detienen a observar.

En el número 23 de esa dirección, en un pequeño local otrora consultorio médico, ensayan unas jóvenes que estremecen todo con su fuerte taconeo y atrapan las miradas con la intensidad de sus movimientos. Ellas forman parte de la compañía de danza A Compás Flamenco, una novel agrupación nacida del proyecto comunitario de igual nombre. Con su creadora y dos de sus bailarinas conversó Juventud Rebelde.

Karelia Cadavid trabajó durante 21 años vinculada a la danza española. Pasó por diversas compañías hasta que tuvo la idea de crear su propio grupo. «El objetivo fundamental era recibir a todos los niños que les interesara o gustara el flamenco».

A Compás Flamenco surgió de un proyecto comunitario de acción formativa —perteneciente a la Uneac— creado en noviembre de 2005. Karelia explicó que las bailaoras que actualmente están en la agrupación se formaron dentro del mismo. Una vez desarrollada su técnica y metodología se creó la compañía, que nació en octubre de 2009 con el espectáculo Arte... Vida, que acompañó la inauguración de la muestra Antonio Gades: 50 años de danza española.

«Nos distingue el empleo y manejo de la técnica, así como la autenticidad y el trabajo coreográfico, pues nuestras bailaoras y los niños están asesorados por el Centro de Arte Flamenco y Danza Española Amor de Dios, con sede en Madrid, y donde existen reconocidas figuras que son las que imparten las clases a nuestras chicas. También nos preocupa enseñar no solo lo relacionado con los aspectos técnicos de la danza, sino de su historia».

Asimismo, la directora de A Compás Flamenco comentó a nuestro diario que ellos realizan intercambios. Una vez al año las integrantes de A Compás Flamenco van a España y de Madrid llegan destacados profesionales para asesorar la labor que realizan.

«Quien nos atiende directamente es la bailaora María Juncal, aunque hemos recibido lecciones de otras figuras como Lola Greco. De igual manera, la Fundación Antonio Gades mantiene estrecha relación con nuestra compañía».

A Compás Flamenco está conformada por siete bailaoras entre los 18 y 23 años, dos cantaores, un guitarrista y un percusionista. Además, ellas son de todo un poco porque también son cantaoras y percusionistas, lo cual demuestra el nivel de habilidades alcanzado. Por su parte, el proyecto está formado por 120 niños a partir de cuatro años. Las matrículas están siempre abiertas.

Respecto a la significación que una empresa así ha tenido en el barrio, señaló Karelia Cadavid que «Los Sitios es una comunidad desfavorecida en muchos aspectos y con esta idea los niños amplían más sus horizontes y suman otras aspiraciones y esperanzas, lo cual repercute para bien en el resto de la familia».

Un aspecto interesante del conjunto es que las bailaoras que reciben en las mañanas clases de ballet, preparación física y flamenco, en las tardes se convierten en maestras de los más pequeños.

Jessica Cibrián está entre ellas. Comenzó en la compañía cuando contaba con 16 años y ahora tiene 23. Para ella impartir clases es un reto. «Enseñar te permite compartir tus conocimientos y te completa, pues es un proceso en el cual preservamos las raíces del flamenco al tiempo que estimulamos el desarrollo del estilo personal.

«Este proyecto y la agrupación han sido mi casa, mi familia, somos muy unidos. Aquí se respeta lo que puedo hacer. El flamenco es esencia, vida y aire».

Por su parte, Karla Paz, de 20 años, llegó cuando tenía 12. «Empecé a bailar con cuatro, pasé por muchas escuelas, pero todo lo que sé lo debo a este conjunto. Me gustaría que nuestra labor se diera a conocer más. La aspiración de todos es presentarnos en un teatro, con un espectáculo propio», aseguró.

La guitarra y el cajón suenan. Comienza el cante. Las bailarinas taconean con fuerza. Lo entregan todo en el ensayo. La fatiga, el calor y el cansancio terminan olvidándose. La mirada y el pensamiento están en lo que queda por lograr.

Así lo siente su directora: «Somos una agrupación que busca abrirse camino, y no con pasos falsos, sino con esfuerzo, demostrando el talento y el dominio de la técnica. Ese sendero es largo. Queremos seguir abriendo puertas y ganarnos un espacio. El conjunto lleva siete años preparándose. Estamos listos para conquistar escenarios».

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