Diálogo frente al espejo

Sobre la radionovela Donde no hacen falta los espejos y sobre algunas interioridades del trabajo en el medio radiofónico dialogó Juventud Rebelde con su creadora, la escritora Cary Cruz

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

Donde no hacen falta los espejos se titula la novela de la escritora Cary Cruz, facturada por la productora de dramatizados Radio Arte. En más de 60 capítulos, la obra explora las relaciones interpersonales y se adentra en la capacidad de los seres humanos para reaccionar ante situaciones singulares.

Acerca de algunos detalles de esta producción y de las interioridades del trabajo en el medio radiofónico, dialogó Juventud Rebelde con la creadora.

«La trama gira en torno a hombres y mujeres que han ido al exterior a desempeñarse como profesionales de la medicina y de otras especialidades. Estas personas son, por lo general, las cabezas de familia; y el interés se centra precisamente en la situación que queda en la casa cuando ellos se van. Comencé a indagar en ese sentido y pude constatar lo complicadas que son las experiencias de aquellos que viven circunstancias similares.

«El centro temático son las relaciones humanas e interpersonales. Tenemos a la protagonista que va a cumplir misión, con dos hijos y separada de su esposo, quien ya posee una pareja a la cual no le agradan los niños. Es propietaria de un hogar fracturado, donde además hay dos abuelas que se pelean por la tutoría de los chicos. Es decir, las situaciones son múltiples», expresó la escritora.

Asimismo, en la obra salen a relucir los conflictos laborales de cada uno de ellos y una serie de desafíos que representan la vida con toda su riqueza y complejidad.

Para la realización de esta pieza radial se contó con la dirección de Leyanis Rodríguez y la asesoría de Rosa Queijas, mientras el elenco está conformado por Sara Vega, Kenia Ortiz, Manuel Portela, Leidy Ruiz y Saúl Seijo, entre otros. «Fue un grupo compuesto por actores jóvenes y otros de más experiencia, que se acoplaron muy bien. Quedé satisfecha, porque todos se integraron e involucraron», precisó Cary Cruz.

Al indagar con la creadora acerca de sus preferencias como escritora, comentó que no le resulta embarazoso escribir historias para la radio. «Me es más fácil que para otros medios, porque te permite desarrollar tu imaginación y dejar correr todas las ideas que tienes. Te ofrece la posibilidad de cultivar más el ingenio y el espíritu, que es lo que un medio como la radio necesita. Te proporciona mucha más libertad creativa.

«Algunas de las dificultades están en la retroalimentación. Sucede que como Radio Arte es una productora y no una emisora con espacio fijo, ese proceso se hace más engorroso. En mi caso, como escritora, mi termómetro se basa en la reacción de los actores, cuando los veo motivados, entregados, identificados, sé que las cosas andan bien», señaló la premiada autora, quien ha escrito obras al estilo de Escapar, Anonimato y El diablo embotellado, y que ahora prepara un nuevo proyecto titulado Soledades, donde aborda los conflictos de mujeres maduras del medio artístico, que deben cuidar a sus padres ancianos.

—Abordar temas actuales en los medios siempre resulta una labor en la cual hay que cuidar muchos detalles. ¿Hasta qué punto se involucra la audiencia?

—Los oyentes desean que sus historias sean contadas. Si bien la audiencia quiere verse representada, tampoco le gusta sentirse «machacada». O sea, te dicen: «quiero ver la realidad, pero también deseo desconectar». Hay que ser muy sutil en la manera que se abordan los temas. Dice Isabel Allende que la ficción tiene que ser creíble, cuando la realidad, rara vez lo es. Eso te da la medida de lo complicado, porque el público toma la novela como algo personal. Por eso siempre trato de mantener un equilibrio que me permita contar una historia veraz sin herir sensibilidades.

—¿Se consume mucha radionovela en Cuba?

—Hay mucha tradición de escuchar radionovelas. Un amigo que trabaja en la parte de mantenimiento de la Radio, me dijo que cualquier programa se puede ir del aire, pero se arma un tremendo quebradero de cabeza cuando el espacio que se va es la novela. Los teléfonos se caen, porque los oyentes están muy pendientes y son realmente apasionados.

«Muchas veces me encuentro con personas que me dicen: “yo tengo una vida que si te la cuento tú haces una novela”. Y  yo respondo: ¡pues cuéntamela! Siempre hay algo interesante que las personas tienen que decir. La vida es una fuente de la cual constantemente se bebe y son esos mismos fragmentos de realidad los que te ayudan a conformar una historia, te sirven para caracterizar, matizar. Y es que, por suerte, todos tienen la novela de su vida».

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