Me interesa expresar lo que siento

El joven director, Andy Álvarez Hernández, de Teatro Espíritu conversa con JR acerca de los orígenes del grupo y su labor con los adolescentes de Sancti Spíritus

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— El sol se despide del parque Serafín Sánchez Valdivia, pero todavía se puede observar la alta silueta de un joven delgado que recibe a un grupo de adolescentes en la puerta de la Casa de Cultura Osvaldo Mursulí, de la ciudad del Yayabo.

Puede resultar, para muchos, una acción monótona. Mas para los diez integrantes de Teatro Espíritu y su director Andy Álvarez Hernández es el momento clímax de cada una de las jornadas en que se proponen ser mejores seres humanos.

«Luego de mi graduación comencé a trabajar en la Casa de Cultura con el objetivo de impartir talleres de creación a adolescentes. No fue fácil. Son inquietos y sin experiencia. Pero con tantas ganas de aprender que me motivaron a continuar. Ya somos una gran familia», cuenta Andy.

—¿Por qué el nombre?

—Cuando comenzó el grupo todavía no tenía el nombre bien definido, el cual nació como resultado de los talleres. Los muchachos llegaban cansados de sus respectivas escuelas, pero la energía que desbordaban era sorprendente. Tanta pasión, tantos deseos, desprendían un espíritu único. De ahí le viene el nombre.

Los adolescentes, estudiantes de las secundarias básicas urbanas Pedro Fermín Armas y Ramón Leocadio Bonachea, y el Instituto Preuniversitario Urbano Honorato del Castillo, de la cabecera provincial, ya conocen las herramientas para interpretar cada palabra, en consonancia con los movimientos del cuerpo y la proyección de la voz en escena. Cada quien se apropia de los matices y psicologías de los diferentes personajes.

Alejandro, Carlitos y Daniela son algunos de los muchachos que mantienen en vigilia a Andy, mientras Lapatún, Romeo y Julieta han cobrado vida gracias al ingenio de esos adolescentes, timoneados por el joven director de apenas 25 años.

«Les exijo, primero, más de 85 puntos en todas las asignaturas. Hay que ser buen estudiante para ser actor. Deben leer mucho, estar actualizados, conocer de todo un poco, para poder enriquecer la psicología de los diferentes personajes».

Teatro Espíritu sedujo al público espirituano por vez primera con una puesta en escena titulada Por los senderos, la cual revisita textos universales como Dos de amor, del dramaturgo venezolano José Gabriel Núñez, y Romeo y Julieta de William Shakespeare, conjugados con parlamentos de Andy.

Las representaciones tuvieron lugar en los consejos populares más alejados del centro de la ciudad y, posteriormente, en el evento Lunas de invierno, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz en el territorio.

—¿No resultó arriesgado presentar al Premio Escaramujo, que concede la Brigada José Martí, una pieza como Y sin embargo, se mueve,  llevada a las tablas y al cine por La Colmenita?

—Cuando comencé a trabajar con ellos Y sin embargo… solo pensé en cuánto les podía aportar esa obra. Ellos viven momentos de engaño, mucha mentira, falsedad..., y en ese texto se hostigan esos malos vicios y se concretan los valores que deben tener los adolescentes. Pienso que en todas las ciudades y en todas las escuelas existen esos problemas.

«Nuestro montaje respeta la esencia de la versión de Carlos Alberto Cremata, pero con mi punto de vista, desde mi Sancti Spíritus, desde mi concepción. Además de los integrantes del grupo, utilizamos a dos instructoras de arte como invitadas».

—¿Sorprendido con el premio?

—Nosotros no trabajamos para premios o concursos, por lo menos yo no lo tengo como meta. Me interesa expresar lo que siento. El jurado al pasar por aquí elogió mucho la puesta en escena. Y aunque no contamos con una escenografía de lujo, grandes trajes y producción, sí logré que mis muchachos se entregaran en la interpretación de personajes. Creo que eso fue lo que nos dio el reconocimiento. Y claro, ¡cómo no nos íbamos a sorprender!

—¿Qué prefieres: dirigir o actuar?

—Desde muy pequeño descubrí que mi gran pasión era la actuación. Me gradué en el 2008 de la Escuela de Instructores de Arte Manuel Ascunce Domenech, de Villa Clara, como especialista en Teatro. Luego trabajé con el reconocido grupo Cabotín teatro, donde completé mi formación y, sin desprenderme aún de allí, inicié mi sueño con estos muchachos que hoy son mi orgullo.

«No me creo el título de director. Solo les transmito a ellos lo que sé, con la esperanza de que puedan convertirse en profesionales o, simplemente, que sean mejores seres humanos. Aunque te confieso que añoro muchísimo volver a la escena, y por ahí anda una propuesta que quizá se concrete para el Festival de Artistas Aficionados Olga Alonso. Hay que esperar».

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