Las fabulaciones de Elaine

«Para mí, la literatura nunca será angustia… sino alegría», expresó a JR la joven escritora Elaine Vilar Madruga, quien ha sido laureada en cuatro ediciones del Premio Calendario de la Asociación Hermanos Saíz

Autor:

Jaisy Izquierdo

A sus escasos 25 años Elaine Vilar Madruga acumula el premio internacional de poesía fantástica miNatura 2009, el primer premio del concurso internacional de cartas de amor Escribanía Dollz 2010, el Farraluque de poesía erótica 2010, el de poesía especulativa Oscar Hurtado 2011, el Elsino de teatro 2012 y el Accésit del concurso de novela Óscar Wilde 2012. Además ha publicado la novela Al límite de los olivos, ha coantologado la recopilación de cuentos cubanos de fantasía Axis Mundi y ha sido coordinadora de diferentes proyectos relacionados con la literatura fantástica, entre los que destaca el taller Espacio Abierto.

Poeta, narradora, dramaturga…, transita de un género a otro con total libertad creativa y, cuando le pregunto con cuál se siente más en confianza, asegura sin ambages: «Con todos y cada uno de los que mencionas. Cuando escribo un género lo hago en estado de absoluta necesidad. Necesito escribirlo, leerlo y escucharlo, y le dedico todas mis fuerzas y tiempo. Es imposible que no me sienta a gusto de esa manera. Me muevo sin traumas ni angustias ante la página en blanco, ni profundos bloqueos creativos que me invaliden por días. Para mí, la literatura nunca será angustia… sino alegría. Sí existe la angustia y lo opresivo en lo que escribo, pero en el acto de la creación nace como un grito completamente opuesto».

Entonces evoco la semilla, para atrapar acaso el cómo y el cuándo la fascinación por inventar historias atrapó la imaginación prolífera de esta joven escritora. Elaine confiesa —y no creo que fabule— que tal obsesión nació con ella: «Siempre he sido una buena lectora, bastante precoz de niña para los libros y la escritura. Tuve también una familia que supo descubrir con rapidez dónde estaba mi vocación y la pizca primigenia de talento, y me guiaron para lograr mi sueño. Mis primeros poemas y cuentos datan de mis siete u ocho años, no más. Luego estudiaría música, pero la verdad es que escribir siempre fue el epicentro de mi vida, y nunca dejé de hacerlo, hasta que a los 16 años tuve la oportunidad de crear “en serio”, llegaron premios y publicaciones, y el camino del sueño comenzó a convertirse en asunto sólido».

—¿Cuáles escritores te han acompañado a lo largo de este camino literario?

—Tengo pocos escritores favoritos, y muchos que considero indispensables y con cuyas obras mantengo un diálogo cercano, de asimilación y ruptura, de estudio del oficio y respeto por lo legado. Saramago, Sastre, Martí, Heiner Müller, Rimbaud, Faulkner y Úrsula K. Le Guin, casi desconocida para aquellos que no leen ciencia-ficción o fantasía. Supongo que un autor joven no puede escapar de las influencias, y esas están ahí —más o menos perceptibles— en la corta obra que he realizado. Trato de tener, sobre todo, una actitud ante la creación como oficio solitario, pero que puede ser compartido con los otros. La palabra es vida, ¿cómo negarle entonces el movimiento? Por ejemplo, cada vez que escribo pienso en el discurso de aceptación del Premio Nobel que realizó William Faulkner y que conservo como una reliquia entre las cosas más valiosas de mi vida: en él se habla de la ética y la responsabilidad del oficio creativo, ante el mundo y ante uno mismo, como demiurgo y ser humano. Y trato de vivir y escribir acorde con esto.

—En tu corta carrera ostentas numerosos premios, ¿qué importancia le otorgas a los reconocimientos?

—Los concursos son siempre una ruleta, en la que puedes resultar ganador… ¿cuántas veces? Por lo tanto, trato de recibirlos siempre con felicidad y pongo enseguida los pies en la tierra. Pienso: «¡Ojalá se repita!», porque en realidad son la oportunidad más inmediata y fácil de un autor joven de ver su obra publicada antes de que sea sometida a procesos editoriales muchas veces morosos, con toda la carga que esto significa para el texto, que muchas veces envejece antes de que le llegue su tiempo. Pero, una vez que recibo un premio, me centro en lo otro, lo realmente importante: continuar escribiendo.

«Esto no quiere decir que los premios carezcan de importancia. Creo que ganar un concurso es una estrategia en aras de la publicación del texto. En un país como Cuba, donde hay una explosión de creadores jóvenes, obtener un premio puede ayudarte a ser visualizado, promocionado, sobre todo estimulado. Porque yo, al menos, no escribo para acumular polvo en las páginas o creerme de manera autofágica la mejor escritora inédita del universo: escribo para ser leída por otros que puedan encontrar en mi obra el amor que empleé a la hora de sentarme a pensar y redactar un libro».

—Tus cuentos han sido incluidos en varias antologías sobre narrativa de ciencia ficción y literatura fantástica. ¿Crees que este es un género que goza de buena salud dentro del panorama literario cubano actual?

—Agradezco que me hagas esa pregunta. El género fantástico en Cuba —nunca me cansaré de decirlo— se encuentra en este momento en una «edad de oro» interesantísima. Autores ya decanos, junto a voces novedosas, han nucleado sus esfuerzos en eventos, talleres, publicaciones —tanto antologías como libros individuales— y, sobre todo, creación que, como ya te comentaba, es siempre lo primero e indispensable. Las editoriales han comenzado a revertir el signo de que «literatura de ciencia ficción y fantasía es puro escapismo», pues, en este preciso instante, los autores somos capaces de publicar nuestros textos en las más prestigiosas editoriales del país —Gente Nueva, Letras Cubanas, Abril—, pero también en el extranjero. Se hace necesaria, cómo no, una mayor promoción institucional, pero siempre tengo la esperanza de que eso llegará pronto.

«El espectro de tendencias y estilos es tan variado como los son sus creadores. Se escribe space opera, steampunk, ucronías, distopías, ciencia ficción hard, de tipo biológica, entre otras tantas tendencias. Además, se está validando la poesía especulativa, o sea, afín a la ciencia-ficción y la fantasía, así como el ensayo, la reseña y la crítica».

—¿Cuáles han sido los frutos más visibles del taller Espacio Abierto?

—Un importante papel en la formación escritural de los autores lo juega en este momento el Taller de creación literaria Espacio Abierto, del que tengo gusto de ser una de las coordinadoras y promotoras junto con Carlos Duarte, Raúl Aguiar, Jeffrey López y Gabriel Gil. Como su nombre lo indica, este taller pretende ser un lugar de confluencia para todos los escritores de ciencia-ficción y fantasía de Cuba, residan o no en La Habana. Nuestro núcleo de trabajo se centra en el debate y la discusión de textos, pero también impartimos conferencias sobre el género, técnicas literarias u otros elementos que pensamos puedan ser de interés para la promoción.

«Entre nuestros logros se encuentra el haber realizado durante cinco años consecutivos un evento homónimo en las más importantes sedes culturales del país (la Uneac, el Centro Onelio Jorge Cardoso), donde se ha promocionado la creación y el arte fantástico desde el respeto por el oficio de la creación, y apostando siempre por lo fraterno. Además, convocamos anualmente al Premio Oscar Hurtado (en las categorías de relato de ciencia-ficción, relato de fantasía, poesía especulativa y ensayo), publicamos la revista digital Korad y en  2013 dimos a luz —junto a la editora Gretel Ávila, madre de la colección Ámbar, de Gente Nueva— la primera antología de nuestro taller: Hijos de Korad, resultado de cinco años de vida y trabajo».

Háblanos de tu noveleta Promesas de la Tierra Rota, presentada en la pasada edición de la Feria del Libro.

—Fue publicada en 2013 por la colección Ámbar, de la Editorial Gente Nueva. Es una noveleta para jóvenes que habla de dragones, en la cual existe la aventura y la distopía, pero que su principal motivo es la reflexión. Es una novela que cumple con el objetivo de explorar un universo que tendrá continuidad en un libro que planeo escribir en los próximos años. Pienso que resulta entretenida y a la vez poética, y puede ayudar a que la magia —tan necesaria— no muera en la imaginación de los más pequeños. El lector interesado puede ser niño, adolescente o adulto, pues es un texto que pretende hablar con muchas voces y tocar la sensibilidad —no la sensiblería— del ser humano, ese del mejoramiento posible, como diría Martí.

—¿Otros sueños en el tintero?

—Los proyectos son múltiples. Me encuentro enfrascada en la escritura de dos novelas: la primera es una trilogía que se ha convertido en obsesión y leit-motiv de algunos de mis cuentos, y la segunda se titula El trono de Ecbactana, una reescritura en clave de ciencia-ficción de El fantasma de la ópera, de Gastón Leroux. Un poemario. Y dos obras de teatro. En gaveta se encuentran cuatro poemarios, esperando por la editorial o el concurso… Ya veré cómo encaminarlos. En este 2014 verán la luz Alter Medea, un texto teatral que será publicado por la Editorial Antares, en Canadá, y De caballeros y dragones, un libro interactivo para niños, con cuentos, dibujos para colorear y figuras para recortar. Es un sueño que estoy llevando a cabo con el apoyo indispensable de editorial La Luz, de Holguín. ¡Son gente maravillosa que sueña con los ojos abiertos! Mis sueños literarios son ir tan lejos como las alas del corazón me lleven. Siempre eso: escribir».

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