¿Un discípulo de Bach en Cuba?

El joven Moisés Santiesteban Pupo, organista titular de la Catedral de La Habana y maestro de su especialidad en la Escuela Nacional de Arte, asegura que uno de sus desafíos es rescatar el patrimonio organístico del país desde el punto de vista cultural

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

«Lo primero es cambiarse los zapatos por unos que sean de cuero… Así como estos, incluyendo la suela, que son además muy ajustados». Son caros, me dice, pero es el calzado ideal para tocar el instrumento.

Después conecta el cable, «porque este es de los más modernos, electrónicos». Coloca la partitura con tres pentagramas —dos para el teclado y uno para los pedales— y la Sonata III, II Movimiento, de Andante Tranquillo, de Félix Mendelssohn, comenzó a escucharse en la Catedral del Centro Histórico de La Habana Vieja.

Escuché entonces por primera vez este instrumento, —que algunos consideran el único capaz de elevar el alma humana—, gracias al joven Moisés Santiesteban Pupo, organista titular de la Catedral de La Habana y maestro de su especialidad en la Escuela Nacional de Arte.

Le tomé un video, y luego otro, porque quiere «que se escuche a la perfección», y antes de escribir estas líneas, vuelvo a verlos para encontrar en la magia que se desliza de las manos de Moisés, el motivo de su pasión.

«El órgano es considerado como el rey de los instrumentos y esa majestuosidad me atrapó cuando era estudiante de segundo año de piano en el Instituto Superior de Arte, y fuimos convocados a la clase magistral que ofreciera el francés Francis Vidil para la inauguración del órgano que se encuentra hoy en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís.

«Si este instrumento no se toca con regularidad puede destruirse, y para su mantenimiento fuimos escogidos dos estudiantes y solo quedé yo, enamorado de su sonoridad».

Solo aquellos que cursan estudios de piano en el país pudieran «entenderse» con el órgano, me explica, y en verdad no solo se trata de aprender a correr los pies por los pedales y leer el pentagrama. «Imagínate que ni siquiera sabía que este instrumento se afinara».

Rememora Moisés las clases que recibió del francés Francis Vidil, del español Juan Manuel Pedrero y del alemán Stefan Baier, con los que tuvo ante sí tres visiones diferentes que lo dotaron de los conocimientos suficientes como para arriesgarse y ofrecer conciertos regulares durante un año en la Iglesia de Paula.

En 2009 Moisés se suma al Conjunto de Música Antigua Ars Longa que, dirigido por Teresa Paz, había recibido la donación de la Universidad de Valladolid de un órgano positivo, como se le conoce a aquel que por sus dimensiones puede ser transportado con facilidad.

Luego de recibir clases magistrales y un curso de Organería en España, el también organista del Centro Nacional de Música de Concierto comenzó a estudiar —aún en curso— su Licenciatura y Máster en Interpretación al Órgano en la Universidad Católica de Música Sacra y de Pedagogía Musical de Ratisbona, en Alemania, y es precisamente Baier, rector de esa institución, quien se desempeña como su profesor principal.

He seguido un sueño pero no quiero ser el único, asevera. «En la cultura cubana muchos sueños se han desarrollado a plenitud y un ejemplo es el conocimiento del piano, así que quiero que en lo que concierne al órgano la experiencia sea similar.

«Mi desafío es rescatar el patrimonio organístico del país desde el punto de vista cultural, como instrumento esencial para conciertos y también en funciones litúrgicas.

«Ofrecer conciertos regulares y que se retomen las Rutas y Andares que ilustraban el funcionamiento del instrumento a los visitantes, permite que cada vez más el público cubano se interese por este repertorio.

«Desde la metodología y la pedagogía, persigo vincular más a los estudiantes de piano, por ejemplo, con el órgano. Mantuvimos un programa académico entre Ars Longa y el maestro Roberto Chorens, defensor del instrumento, en el Amadeo Roldán. Se mantiene además un taller en la Escuela Nacional de Arte con estudiantes de primer y segundo año, en los que espero encontrar «discípulos» que amen el instrumento y asuman con fervor la tarea de hacerlo crecer en el país».

Moisés aspira a que los estudios históricos sobre este se amplíen y que no solo los realice la musicóloga Miriam Escudero, directora del Gabinete del Patrimonio Musical Hispano de la Oficina del Historiador de la Ciudad, quien tocó el órgano en el conjunto Ars Longa durante años.

La imagen que llevo en mi mente es la de muchos órganos y organistas en todas las iglesias, comenta. «Quisiera que la gente inundara estos conciertos, que creciera la tradición de los organeros y sean más los que puedan restaurar o construir estos instrumentos. Estudio en Alemania pero realmente estoy muy preocupado por lo que pueda hacer aquí. Soy de los locos soñadores que dan por hecho lo que han soñado».

Sueña con que los haya con sistema mecánico o electroneumático, electrónicos, positivos o portativos, «que son los más pequeños, como un acordeón, más manuables». Son costosos pero es esencial que pueda seguir creciendo la presencia del instrumento en los diferentes espacios del país, opina Moisés, a quien le interesa, sobre todo, motivar a la familia cubana. «A los conciertos acuden generalmente las mismas personas y muchas de ellas son de la tercera edad que vienen acompañadas de niños. En ellos puede cultivarse el interés por este instrumento que en un principio puede resultarles curioso, llamativo, raro y luego, ¿quién sabe?».

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