Larga vida a la rumba de Papá Montero

El primer bailarín y director de la Compañía de Danza Tradicionales de Cuba JJ, Johannes García, y el actor Tony Arroyo conversan con Juventud Rebelde acerca del espectáculo La otra rumba de Papá Montero, que permanecerá en la cartelera del Centro Cultural Bertolt Brecht del viernes al domingo venideros

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Hará unos cuatro o cinco años que Antonio «Tony» Arroyo, el popular actor y presentador de la radio, el cine, el teatro y la televisión  (Dando vueltas, Lucas, Todo con Tony, Añorado encuentro, Los pequeños fugitivos...), formó parte de una experiencia profesional que lo marcó por diversas razones. Se trataba del homenaje al  cineasta Octavio Cortázar, responsable de importantes títulos de la cinematografía nacional como El brigadista y Guardafronteras, donde lo dirigiera.

Y la experiencia lo marcó porque, como le confesara a Juventud Rebelde, no solo se dio el goce de trabajar con alguien a quien admira profundamente «por su altura artística, estética y humana», el primer bailarín y director de la Compañía de Danza Tradicionales de Cuba JJ, Johannes García, sino también porque se reencontró con el docudrama La última rumba de Papá Montero.

De aquella película narrada en dos tiempos, protagonizada justamente por García, quien además se había encargado de la producción, a Tony siempre le atrajo la música, y el triángulo amoroso que constituía el centro del drama que terminaba en tragedia. «Por algún motivo, La última rumba... me venía a la cabeza una y otra vez. Ahora comprendo que se debía a su atractiva historia, la cual se me antojaba perfecta para que fuera llevada al teatro».

El bombillo se le encendió con Rent, el afamado espectáculo de Broadway que se llevara a la escena de la sala Tito Junco. «Enseguida supe que lo que quería hacer con ese docudrama era un musical, pero desde el más auténtico folclor cubano». E inmediatamente le vino un nombre: el maestro Johannes García.

Y no se hizo de rogar el creador que como primer bailarín y coreógrafo también contribuyó a situar al Conjunto Folclórico Nacional en un lugar cimero a nivel mundial. «La idea de Tony me cautivó», reconoció García. «¿Qué es el teatro musical, sino un drama musicalizado y danzado? Si es así nosotros lo tenemos desde hace algunos años dentro de nuestro folclor. Con anterioridad no se escuchaba la voz del bailarín-cantante-actor en esas obras que pudieran demostrarlo, pero ya sí viene sucediendo con algunos espectáculos netamente folclóricos para que el público pueda entender mejor la propuesta artística».

Esto último es uno de los grandes empeños de Johannes, quien se ha impuesto con mucha fuerza «que el canto folclórico de raíz africana se traduzca y se cante en español, para que el que esté sentado en la luneta sepa qué le están expresando, algo que se podrá apreciar en Mezcla, donde la comunicación se produce a través de la música y el movimiento, pero también por la utilización de ambas lenguas.

La otra rumba

La cuestión es que La otra rumba de Papá Montero, como Tony denominó a su musical, ya subió a las tablas de la sala Tito Junco este fin de semana, y permanecerá en la cartelera del Centro Cultural Bertolt Brecht del viernes al domingo venideros, siempre a las siete de la noche.

Sucedió que después de disfrutar Rent, Arroyo retomó parte del argumento de la cinta de Cortázar. «De vuelta a casa me dispuse a escribir la escaleta. Agregué personajes, subtramas; compuse algunas canciones..., y se lo mostré a Johannes, quien entusiasmado se dio a la tarea de montarlo. Porque desde un inicio, el maestro decidió acompañarme en este proyecto que ha acogido con el profesionalismo, el altruismo y la seriedad que distinguen a un gran artista, pues debo decir que hemos hecho este espectáculo con cero pesos. Sin embargo, tiene muchas pretensiones», enfatizó Tony y continuó explicándose:

«Pretensiones, porque creemos que con La otra rumba de Papá Montero tenemos algo único en la mano. Lo primero es que he “obligado” a Johannes a que baile, porque cuando él está en escena hay que atenderlo. Yo quería rendirle homenaje a la rumba, a los tambores, a lo que nos identifica, contado desde nuestras tradiciones, y si hay alguien que conoce de eso es Johannes».

El caso es  que «independientemente de que es un musical que se erige a partir de nuestras raíces, estamos ante una obra bien contemporánea», esclareció Johannes, quien considera que parte importante de la población no conoce a plenitud nuestro folclor. «Lo identifica como símbolo, pero no lo tiene como conocimiento.

«Sucede con lo afro, a pesar de que  está en nuestros genes, llevamos esa información. Por eso nuestros gestos, movimientos, porque forman parte de la tradición cultural, nos salen de puro corazón, pero no sabemos de dónde vienen».

Ello explica que tanto Johannes como Tony, quienes comparten la dirección general, apuesten por La otra rumba de Papá Montero, que le hace honor en mayúscula a ese género músico danzario considerado Patrimonio Cultural de la Nación.

El mejor laboratorio

Lo que Tony no duda es que el auditorio tendrá que aguantarse para no arrancar a bailar o a cantar al compás no solo de la rumba, sino también del guaguancó, el bolero, la balada, el rap..., mientras descubre el desenlace del enfrentamiento que se producirá entre dos hombres que representan a los guapos del siglo XXI: Papá Montero y Cheo Malanga —interpretados respectivamente por Oddebí García Fabars y Joan Morell—, quienes rivalizarán por tal de conseguir los favores amatorios de Gabriela (Danay Menéndez)», explicó Arroyo.

Los primeros bailarines Oddebí García Fabars (primer plano) y Joan Morell, ambos de la compañía Ballet Lizt Alfonso Dance Cuba, representando a dos guapos del siglo XXI: Papá Montero y Cheo Malanga. Foto: David Ravelo Rodríguez

El elenco lo completan: Yunier García Hernández (como Rica Ricarda), Edgar Medina (Rafael), Rigoberto Rufín (Michel Dellano), Winter Walker (Cobrador) Carlos Peki Pérez (Peki) y Fina (Samari Simpson), «que asume el rol de la mujer de Papá Montero, un personaje que no aparece en la película, pero que al entregárselo a esta actriz tan versátil, fue creciendo en la misma medida que lo hacía esta obra», señaló quien se estrenó con la escritura para las tablas.

«Quizá sea un “lanzado”. Hasta ahora solo había escrito varios proyectos para la televisión, pero esto es otro código, otra manera de enfrentar un hecho artístico, que en el proceso de montaje se transformó en un laboratorio, porque fuimos probando cosas con los actores, bailarines, cantantes, para quedamos con la mejor impresión.

«Al principio Rubén Bárzaga colaboró con los arreglos musicales, y Alfredo Cordoví se encargó de los vocales. Y ello fue fundamental para que todo sonara actual, sabroso... Después el maestro Rey Montesinos se ha responsabilizado, para total satisfacción nuestra, con la dirección musical.

«Danaché interpreta la música en vivo  en esta creación colectiva en que Lázaro Dobouchet realizó el diseño de vestuario, Teresita Izaguirre compartió conmigo la producción, y Johannes, como es de esperar, concibió las coreografías. No sé qué nos hubiéramos hecho sin Siria Robles como Regisseur... Para mí ha sido una experiencia única, maravillosa. ¡Esto está bueno!, José Luis», aseguró Arroyo confiando en que los lectores de JR le seguirán.

Evidentemente, La otra rumba... indicará un antes y un después en el quehacer de la Compañía de Danzas Tradicionales de Cuba JJ. Lo sabe su líder Johannes. «Es que estamos hablando de una puesta en la que pasamos por varias técnicas danzarias y musicales. No solo se baila folclor, sino además danza moderna y baile urbano, aparece la pantomima... Este montaje tiene una estética muy actual».

—Johannes, ¿está pensada la compañía para enfrentar desafíos de este tipo?

—La Compañía de Danzas Tradicionales de Cuba JJ es resultado de un trabajo que hemos venido desarrollando desde 1969, cuando fundamos el Conjunto Folclórico de la Universidad de La Habana. Siempre hemos defendido la idea de que el bailarín también sepa tocar algún instrumento, cantar, y posea aptitudes para la actuación. Solo así podrá enfrentar a cabalidad el arte folclórico.

«Quien se vaya a enfrentar a la tradición para representarla en un escenario, debe estudiar su personaje, ya sea un orisha o una persona que fue testigo del nacimiento del chachachá. Si no eres del 53, ¿cómo conocer de qué manera se bailaba este ritmo? ¿Y cómo lo harás: de manera mecánica o como entonces, sintiendo ese ambiente musical, social en que Jorrín lo creó?

«No es suficiente con vestirte con una guayabera, un pantalón de tubo, zapatos de dos tonos y repetir los pasos como te lo ha marcado el coreógrafo. No, no, tienes que sentirlo, convertirte en el personaje, para que sea creíble. El quid de la cuestión radica en que el bailarín se prepare ante cada puesta con un estudio individual, serio, para que pueda llegar más allá de interpretar una coreografía.

«Entonces ese ha sido un empeño de la Compañía de Danzas Tradicionales de Cuba JJ desde su surgimiento, desde que se llamaba Compañía Folclórica de Turarte para más tarde pasar a ser Compañía Folclórica JJ, hasta que nos dimos cuenta de que debíamos acercarnos a esa verdad que queremos mostrar y tomamos este nombre definitivo. Siempre hemos tenido en mente que se cante, se baile, se toque algún instrumento y se actúe, porque no ha existido un bailarín folclórico que haya llegado a la cúspide, que no posea todas esas habilidades.

«Cuando me desprendí del Conjunto Folclórico Nacional, aunque de alguna manera permanecía en sus filas, me di cuenta de que deseaba una compañía con estas características, definitivamente... ¿Que si mis muchachos están preparados para enfrentar La otra rumba de Papá Montero? ¡Por supuesto! Nos hemos entregado para que esta obra represente una etapa distinta en nuestra trayectoria. Aquí no se cierra con La otra rumba..., sino que se abre un nuevo capítulo».

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