Cien años con Orson Welles

A partir de este miércoles, en la sede de la Cinemateca, el cine 23 y 12, y hasta el 31 de mayo, podrá ser apreciada una ambiciosa muestra que reúne todas las películas de este genio del cine

Autor:

Jaisy Izquierdo

Orson Welles cumplió este miércoles, exactamente, cien años. Para celebrar volvió a vestir su capa negra, se ajustó el sombrero de ala ancha y exhaló contra la cámara el envolvente y misterioso humo de un Habano para revelarnos otro de sus Grandes misterios, con su voz profunda, inalterada a pesar del tiempo.

Descorrió la memoria de un siglo para recordarnos sus primeros pasos en el teatro, cuando con apenas tres añitos se subió a un escenario junto a la Ópera de Chicago, y la magia de los telones y las luces atraparon su destino entre los hilos de Shakespeare para siempre.

Azuzado por la vanidad y la persistencia de los periodistas, no dejó de hablar del Ciudadano Kane, su obra primera, con la que saltó del teatro y la radio directo a la meca del cine, nada más y nada menos que con el trofeo de un Oscar en la mano al mejor guión, más nueve nominaciones, a pesar de todos los intentos que realizara el magnate de la prensa, William Randolph Hearst, por frustar sus estrenos y por desacreditar ese filme que se atrevió a inspirarse en su sacrosanta persona.

Tal vez evocar al Ciudadano..., considerado en la actualidad la llave al cine moderno por su uso creativo del flashback, su ruptura tanto de la cronología lineal como del omnisciente y único narrador, junto a sus aciertos en la edición y los efectos especiales, le hayan recordado a ese Welles joven, en plena efervescencia creativa, que aprendiera a filmar el día en que puso los pies en un plató y que sin tapujos afirmara entonces que para crear esta pieza tan diferente de sus contemporáneas, solo sacó seguridad de la ignorancia... «de la pura ignorancia. No existe confianza que la pueda igualar. Solamente cuando conoces la profesión es cuando eres tímido o prudente», como afirmara en una entrevista.

Después de tocar la cima de Hollywood, vendrían los días oscuros del Macartismo, su consecuente periplo por Europa, donde también haría sentir su genio sin par, y su alternancia como actor en películas de destacados directores como John Huston (Moby Dick), el cuarteto de Godard, Pasolini, Rossellini y Gregoretti (Ro.Go.Pa.G), Fred Zinnemann (Un hombre para la eternidad) y Claude Chabrol (La década prodigiosa). En estas producciones colaboraría para poder financiar sus proyectos personales, algunos de los cuales no pudo nunca terminar. Podrán ser apreciadas a partir de este miércoles, en la sede de la Cinemateca, el cine 23 y 12, y hasta el 31 de mayo, en una ambiciosa muestra que reúne todas sus películas.

Y es que cumplir un siglo y tratar de recordarlo, además, no es cosa de coser y cantar. Los recuerdos se agolpan y se mezclan, y veo cómo se le exaltan los sentidos al tratar de explicar cómo logró la consonancia de movimientos para coreografiar esa excelente toma ininterrumpida de varios minutos con que comienza Touch of Evil. Y late apresurado el corazón al rememorar a la apasionada Dolores del Río, el rostro más bello de México; o mientras se ve dirigiendo y amando a la vez a Rita Hayworth, en esa clásica incursión suya en el cine negro que es La dama de Shanghai.

Pero cuando un toro enfebrecido clava los cuernos en sus remembranzas, España resurge como otro de sus grandes amores, donde logró filmar Campanadas a medianoche y su último proyecto inconcluso basado en la novela Don Quijote de la Mancha, personaje con el cual se sentía profundamente identificado.

Una centuria con Orson Welles, y el cineasta inmortal parece jugar nuevamente a La guerra de los mundos, a confundir ficción con realidad, a ser mito y certeza viva. Pero acaso esta vez, de las sombras ocultas de la creación más indómita que supera el paso del tiempo, algún lector sorprendido podrá escuchar otra vez la espeluznante noticia de una invasión, no sé si del quinto planeta o del séptimo arte, que retumbará inquietante: «Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea...».

…El misterio de Welles.

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