Entre imágenes y textos: dialéctica y controversia

Como pedía el lema central de la 12 Bienal de La Habana, la exposición de pinturas y fotografías Dialéctica y controversia (entre imagen y texto), fue una suerte de correspondencia entre la idea y la experiencia

Autor:

Aracelys Bedevia

Mucho se ha hablado en los dos últimos meses de la 12 Bienal de La Habana. La mayoría de las opiniones han estado a favor de lo que sucedió durante esta gran fiesta de las artes visuales. Aun cuando no faltó quienes se empeñaron inútilmente en querer desacreditar el evento que, en mi opinión, fue un éxito y logró hacer del público su principal protagonista.

En Zona franca, por ejemplo, se pudo apreciar el rico abanico de estilos, soportes y técnicas de los que se sirven actualmente nuestros creadores para comunicarse. Esta exposición agrupó lo mejor del arte cubano presentado en el programa colateral. Sin embargo, más allá de los predios de la Cabaña se exhibieron igualmente propuestas de calidad que bien vale la pena mencionar. No solo por lo que representaron, sino también por la magia que les acompañó y la huella dejada en quienes tuvieron la oportunidad de disfrutarlas.

Tal es el caso, por ejemplo, de la exposición de pinturas y fotografías Dialéctica y controversia (entre imagen y texto), que se expuso en los salones de la planta baja del Museo de los Trabajadores de Cuba, Palacio de los Torcedores. En una suerte de correspondencia entre la idea y la experiencia, como pedía el lema central de esta edición de la Bienal, y mediante la visión de la imagen y del texto, sus autores se las ingeniaron muy bien para propiciar el diálogo sobre temas muy a tono con lo que sucede en la Cuba de hoy.

La mirada certera del periodista, curador y crítico de arte, Jorge Rivas, guió el concepto curatorial de esta exposición, la cual estuvo integrada por seis artistas, en su mayoría jóvenes, quienes a través de sus obras se propusieron exteriorizar sus pensamientos en imágenes y en palabras, «dos formas de representación iconográfica que, desde la aparición de la escritura en la Edad del Bronce (finales del IV milenio a.C.), le han permitido al hombre adquirir y transmitir infinidad de conocimientos».

Un caudal de emociones provocó las obras elegidas para esta exposición. Abel Rodríguez, el más joven del colectivo de Dialéctica y Controversia, sobresalió por su ideario pictográfico, en el que predomina una especie de entretejido de técnicas —óleos, acrílicos, acuarelas, grabados, collages, mixtas…— que le adjudican «cierto aire didáctico y experimental». Erik Varela nos enfrentó a un discurso argumentativo, apoyado en algunos de los versos del Poeta Nacional Nicolás Guillén pero defendiendo su punto de vista. En sus discursos geométricos, como bien apuntó Rivas, «el texto ocupa una función instruccional, de conducción psicológica del espectador sobre una geografía pictórica que busca espacio más allá de los límites de la apariencia».

Sobre la base de la imagen de un mismo personaje, Juan Carlos Muñoz, el Taco, recreó una serie de propuestas visuales, «amén de los cambios que se esquematizan en cada una de ellas, y acentuado por la forma de ubicar el texto imitando la “infocinta” que corre debajo de la imagen televisual, pone ante el espectador distintas dimensiones del lenguaje mediante la apariencia o representación de lo real». Mientras que un lírico desciframiento sobre cuestiones relacionadas con la experiencia individual y colectiva nos trasmitió, por su parte, Adis Castellanos Martínez cuya fuerza dramática contribuyó notablemente en el diálogo establecido con el espectador.

Novedosas composiciones fotográficas tomadas a herramientas y otros objetos de uso para la mecánica motriz presentó en esa ocasión Denys San Jorge. Palabras que a modo de signos conformaron textos icónicos —verbales, además de las imágenes en sí, constituyeron esas recreaciones suyas.

Muy acertada resultó también la inclusión en Dialéctica…, del fotorreportero Roberto Carlos Medina. «Sus fotos, que buscan la inserción dentro del lenguaje artístico contemporáneo, establecen divergentes características al apropiarse de circunstancias —letreros y paisajes— existentes en el complejo y variopinto mundo urbano, algunas con intención irónica; otras, lírica, social, dramática o simplemente expresiones casuales tomadas de ese amplio universo», comentó Rivas.

A la reflexión y la toma de conciencia sobre el mundo en que vivimos nos condujo esta exposición que, en ese vínculo logrado entre imagen y texto, nos enriqueció e hizo mejores seres humanos.

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