Viaje a la esencia del hombre - Cultura

Viaje a la esencia del hombre

Lisa Janbell, directora general del grupo de danza sueco-cubano nombrado Somos Dance,  conversa con Juventud Rebelde acerca de las motivaciones y propósitos de Trans[e]ición, su más reciente producción

Autor:

Dachelys Alfonso Leal

Para «dejar a tu cuerpo recordar lo que nuestra alma ancestral ya sabe», Lisa Janbell escribió Trans[e]ición, un proyecto que va más allá del arte, porque viaja a la esencia del hombre. Es la más reciente producción del grupo de danza sueco-cubano nombrado Somos Dance Company, que dirige esta muchacha nacida en Suecia, quien además se desempeña como coreógrafa.

Desde sus 19 años, edad con la que llegó por primera vez a Cuba para estudiar Danza folclórica, en el Instituto Superior de Arte (ISA), Lisa Janbell se ha sentido muy unida a la Isla. «Siempre he sentido que los bailes africanos son la raíz de muchos estilos danzarios, pero no les han dado el prestigio que merecen. Lo ven como algo exótico y no solo como arte», enfatiza.

«Luego de graduarme en el ISA, comencé a trabajar en Suecia. Allí impartí clases y creé pequeños espectáculos, pero tenía otras aspiraciones con el folclor. En mi país esos bailes se usan normalmente en conferencias o actividades más comerciales, mas no en teatros. Entonces, quise colocarlos en espacios con prestigio, donde asistieran muchas personas. Por ello fundé Somos..., donde se dan la mano el street dance y el folclor, porque el hip hop es muy popular fundamentalmente en los jóvenes, y si muestras la conexión entre los dos bailes, das una referencia más fácil para que lo entiendan».

A Lisa Janbell se le ve orgullosa cuando recuerda cómo surgió el proyecto en el 2012, luego de obtener una beca en su tierra natal. «Realmente recibirla fue un premio, porque es el medio para financiar esos proyectos, lo cual es muy difícil de conseguir. Realizamos un primer espectáculo aquí en Cuba ese año. Después quise llevarlo a Suecia, lo cual ocurrió en 2013. Ese fue el antecedente de  Trans[e]ición.

«De los bailes folclóricos, lo que más me gusta es poder entrar en transe, pues se usan rituales; bailas para algo más grande que tú y llegas a una zona meditativa, en la cual el tiempo y el espacio no interesan. En ese momento te sientes más unido a las personas, sin que importe nada, menos el color de la piel. Y eso también lo quería transmitir con Trans[e]ición, porque Somos... se opone totalmente al racismo.

«En Suecia hay mucha discriminación, he ahí otra de las razones por las que escogí trabajar con expresiones que tuvieron su origen en negros y con bailarines que en su mayoría no son blancos. Nosotros vemos la diferencia como una fuerza. En vez de hacer una compañía en la cual todos tienen que ser iguales, trabajamos con la concepción de que cada persona tiene algo especial, y dependemos de cada una de ellas para que se desarrolle la sociedad.

«Mi meta con ese espectáculo que recientemente se presentó en Cuba no es que la gente diga: “qué lindo bailan”, sino que perciban lo que sentimos cuando bailamos.  Tuvimos que trabajar con los bailarines para que dejaran a un lado sus egos, porque para estar unificado no puedes pensar en cómo me veo, qué edad o color de piel tengo; solamente tienes que entregarte y tratar de sentir para transferirlo al público».

—¿Cómo conformó el elenco de bailarines de la compañía?

—Los bailarines suecos: Joanna Chrona y Yared Cederlund, los elegí personalmente cuando los vi en mi país. Me gustó cómo bailaban y pensé que podían congeniar con los preceptos de la compañía, y a ellos les interesó. Por otra parte, el cubano Danel Milián ha estado desde el principio. Lo conozco porque hemos trabajado aquí antes, baila muy bien y tengo mucha confianza en él como bailarín.

«Luego, Owen Beovides, decano de la Facultad de Danza del ISA, me propuso que valorara insertar a estudiantes de esa institución en la que yo también me formé y me pareció una idea genial. Allí hice un casting y elegí a las personas que consideré que aportarían al proyecto: Joao Aguilera y Claudia Ojeda. Los seleccioné porque aprecié en ellos sinceridad, porque percibí que encontraban en su interior algo que podían expresar, lo que para mí es más importante. A la hora de escoger prefiero que sean de ese modo antes que bailarines supertécnicos».

—A pesar de que generalmente las mujeres son quienes bailan Yemayá, en este espectáculo los hombres  lo hacen. ¿Tiene algún motivo especial?

—Creo que debemos trabajar contra los estereotipos de los géneros. Cuando estás estudiando en el ISA, los hombres tienen que bailar con sayas, al igual que las mujeres Shangó, pero normalmente en un espectáculo se pierde eso. Entonces quise mantenerlo porque realmente creo que se trata sobre todo de una fuerza. Por otra parte, vivimos en otros tiempos y tenemos que ser más libres en ese aspecto: no pasa nada si un hombre baila Yemayá, pero no es mi intención poner tanto peso en eso.

—En sus presentaciones se destaca la novedosa combinación entre luces, música y movimientos. Evidentemente, existe una relación muy fuerte con el equipo de trabajo, más allá de con los bailarines...

—La relación es muy buena. Antes de salir a escena, siempre nos reunimos no solo los bailarines, sino todos los que trabajan: sonidistas, diseñador de luces, técnicos... Quiero que todos sepan su valor dentro del proyecto. Es como el título de la compañía. Por eso siempre les digo: “Nosotros somos porque ustedes son”.

—¿Cómo se sintió en las presentaciones en Cuba?

—Todas fueron diferentes. El primer día me costó un poco relajarme y pensar solamente en el baile. El segundo, lo disfruté muchísimo, y en la última presentación, más: no me sentía cansada. Cuando se acabó la música quería quedarme. Creo que a los bailarines les sucedió lo mismo. Estamos conscientes de que cada día será distinto, porque trabajamos con sentimientos, algo que no se puede forzar.

«Y bueno, ya sabes: este es mi segundo país. Le agradezco mucho al ISA, pero además al pueblo cubano, por las tradiciones tan lindas que posee. Él me inspira por su manera de ser, su cultura y la solidaridad que existe entre la gente. Sin Cuba, Somos Dance Company no existe».

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