Canciones de Buena Fe

Israel Rojas y Yoel Martínez adelantan que, tras los conciertos del pasado fin de semana en un Karl Marx abarrotado, regresan este viernes al teatro con una selección especial de su repertorio

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Imagino que para Buena Fe, como para cualquier banda, fue todo un desafío gestar tres conciertos consecutivos con un repertorio diferente y coherente con las temáticas más abordadas en su carrera artística. Y luego quedaba hacerlo en el escenario de uno de los teatros más importantes de la Isla, el capitalino Karl Marx.

Pero eso precisamente me motivó a asistir a dos de sus últimas actuaciones (viernes y domingo) y corroborar que el grupo que lideran Israel Rojas y Yoel Martínez, es capaz de reunir a un número considerable de seguidores, quienes buscan en su obra más de una manera de identificarse.

Para aquellos que querían escuchar temas con una fuerte dosis de reflexión sobre el amor, Buena Fe les complació en la apertura de su trilogía de conciertos en el Karl Marx. Y cantaron 26 canciones suyas con esa visión del sentimiento más sublime —todas llenas de una mirada real, nunca edulcorada ni superficial—, y en las que se percibe cómo el Israel autor fotografía las vivencias que pueden ser propias o de terceros.

Escogieron para la velada un sonido más acústico. Prefirieron darle más protagonismo a la guitarra, y en el caso de la banda, vimos esta vez un formato estándar: piano/teclados, bajo y percusión, algo que desmarcó esta trilogía de presentaciones de las de años anteriores, en las que se apreciaba al grupo en la escena acompañado de un potente set de metales.

Abrieron el viernes con Arsenal, pieza que le da título a su segundo álbum; y continuaron con Nunca digas nunca, frase que resulta muy cierta cuando se habla de amor. Y luego emprendieron ese viaje por esas primeras entregas fonográficas en las que muchos los identificaron como el dúo Buena Fe. Recordaron así Propuesta, No juegues con mi soledad y Noviembre —que también reverencia a Leo Brouwer y hace alusión a Un día de noviembre, perteneciente a la banda sonora del filme homónimo de Humberto Solás.

Israel explicó al público que suelen ofrecer este tipo de actuaciones siempre cercanas a fechas como el 14 de febrero o el Día de las Madres. Sin embargo, lo que desmarcó la presentación del viernes de las anteriores, es que la llevaron al Karl Marx, lugar en el que interpretaron temas más recientes en el tiempo como De proa a popa, Dame guerra, Si yo fuera y Lealtad del alma, en el que se hacen acompañar del Trío Martínez, de Guantánamo.

Hago un aparte para Volar sin ti, pieza de una belleza única que grabaron junto al cantante gallego Andrés Suárez y que ahora Israel y Yoel Martínez protagonizan. La voz de este último armoniza perfectamente con la de Rojas y surte un notable efecto en el público.

Aunque tentadora fue la propuesta rocanrolera sabatina de la banda, seleccioné la presentación del domingo, la cual ya llevaba implícito el gancho de los Grandes éxitos de Buena Fe. Como salvedad su líder dijo a JR que el repertorio de esa tarde noche fue «una selección muy nuestra a partir de la experiencia que tenemos en los conciertos, y ya ves, la gente estuvo parada todo el tiempo, cantando los temas que conocían».

Psicología al día, esa reflexión que le abrió las puertas al público de la Isla, fue la primera canción de ese concierto. Coreadas con fuerza devinieron Catalejo, Nacimos ángeles, Fin de fiesta, Pi 3,14, Mamífero nacional y La culpa. También Afuera y Casanova, Cecilia Valdés y la Bella Durmiente, ambas con el cantautor Frank Delgado como invitado especial. Para cerrar prefirieron Acompáñame y dieron la buena noticia de que habrá un cuarto encuentro con sus seguidores el próximo viernes, en el Karl Marx.

En esa velada, adelantó Israel Rojas, «vamos a tomar las cosas más interesantes de las tres presentaciones anteriores y aprovecharemos para hacer un paquete donde también quepan hasta esos temas que no entraron».

Interrogado sobre el secreto de Buena Fe para abarrotar ese teatro, Rojas significó que todo se debe a «trabajar con coherencia, aunque eso hay que preguntárselo al público. Hay que derretirse para que la gente se vaya feliz, contenta. Nunca hemos irrespetado a nuestro público, nos hemos tomado el Karl Marx como ese palacio alto de la música en Cuba, el lugar más excelso, el templo de las tablas. Tratamos de llegar con la garganta lo mejor posible, con los músicos preparados, con las cosas lo más perfectas posible, con la sonoridad que siempre tenemos. Nos lo tomamos muy en serio.

«Eso ha creado una tradición con los seguidores que, cuando vienen al teatro, saben que disfrutan de un concierto donde le van a decir cosas... Queremos prolongar esa tradición, que este sea un espacio para la familia y los amigos, y que luego de pelear durísimo por las entradas, puedan disfrutar y salir diciendo: “¡Qué bien la pasé, qué momento tan importante para mi vida!”», concluyó el artista.

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