Entre lo humano y lo universal

La compañía Teatro del Silencio continúa celebrando su décimo aniversario con el estreno de la obra El Maestro y la ninfa

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

El séptimo estreno de la compañía Teatro del Silencio tiene especial significación para ese colectivo, pues con El Maestro y la ninfa no solo continúan con las celebraciones por su décimo aniversario, sino que exploran nuevos horizontes.

En esa alegoría para dos actores, la agrupación da continuidad a la estética de pequeño formato que ha caracterizado su quehacer, mantiene principios como la búsqueda de una corporalidad extra- cotidiana y ratifica el teatro de imagen como centro. Sin embargo, el abordaje de este texto es diametralmente diferente a todo lo anterior, comenta Rubén Sicilia, dramaturgo y director del conjunto teatral.

«No cabe duda de que implica un giro de 180 grados. Sobre todo respecto a tema, género y estilo, no en cuanto a puesta en escena, aunque hay  ciertos cambios visibles. Tras nuestras entregas anteriores de Teatro de la Crueldad, la etapa de espectáculos históricos definida por La Pasión de Juana de Arco, o Juicio y condena pública de Charlotte Corday, o los detonantes iniciales medio surrealistas de una obra como Prisionero y Verdugo, era casi orgánico buscar algo lírico y poético. Buscamos entrar en otras zonas del ser humano, no olvidemos que somos ángeles y demonios y que el teatro debe estudiar las dos partes».

La pieza se desarrolla en un paisaje bucólico en una montaña, donde un gurú (Diaven Molina) y una muchacha (Mirtha Lilia Pedro) hilvanan una historia de amor que conduce al espectador a lo universal y humano de cualquier época.

«Precisamente a través de esta historia tuvimos el vislumbre de confrontar el dilema cada vez más intenso entre materialidad y espiritualidad, que se vive hoy en todas las sociedades contemporáneas. Nos interesa también la diferencia entre vida moderna y la secular, hay aquí muchas otras cuestiones de orden esencial como el problema de la felicidad. Por supuesto, esta es una obra para aquel que desea reflexionar».

La sala Tito Junco, del complejo cultural Bertolt Brecht, acoge las presentaciones los viernes, sábados y domingos, hasta el 1ro. de mayo.

Al decir de su director, Teatro del Silencio es una pequeña célula de investigación. Además de un equipo, es un proyecto de vida. Durante esta primera década de existencia su desempeño y proyección han situado al grupo en la línea de la experimentación teatral, sustentada en las potencialidades del actor, con una dramaturgia de resonancias contemporáneas, aun cuando aborde temas históricos. Esos y otros elementos se ponen de manifiesto en El Maestro y la ninfa.

«El centro de nuestro trabajo es la investigación artística, el hallazgo de nuevas formas y contenidos. Ese es nuestro arte. La búsqueda de un estado poético ancestral muy ligado a la espiritualidad, a la vida interior, para transmitir en imágenes un teatro que trasciende el realismo y evidenciar el compromiso con la vida que nos rodea. Defendemos una estética de lo no verbal, lo gestual, lo corporal. De ahí el nombre, Teatro del Silencio. Aquí gravita la duda sistemática como principio de trabajo. Para nosotros, que vemos una intrínseca relación entre arte y vida, tenemos al teatro como un canal de servicio a la humanidad».

La compañía se ha sumergido en los retos de sus primeros diez años de vida multiplicados en intensos períodos de actividad a través de work in progress, charlas y videos, reposiciones y estrenos.

Al referirse a la evolución del colectivo, Rubén Sicilia explica a Juventud Rebelde que ha sido «zigzagueante, como desde los creadores de la gran reforma de principios del siglo pasado. Ha sido, en mi opinión, todo teatro de investigación. Meyerhold, Stanislasvki, Brecht, Grotowski y otros son todavía hoy nuestros modelos e interlocutores. Si uno es sincero debe encontrar una respuesta personal, semejante a estos shamanes de la tribu teatral».

Cada paso es un momento de aprendizaje. Y ese principio los ha guiado: «El teatro de investigación no concluye, es un proceso, tantea, vuelve sobre sus pasos, busca caminos y se arriesga más allá de la zona conocida que lo condujo al éxito —afirma el dramaturgo. Cada espectáculo es un viaje, un diálogo con la realidad y con la conciencia creativa».

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