El secreto de un largo amor

La Casa del Alba Cultural abre sus puertas este martes a las 6:00 p.m. para que la comunidad búlgara en Cuba se encuentre con sus coterráneos provenientes de Nueva York, Estados Unidos

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Con la velocidad de un relámpago, viajé en reversa 30 años atrás. La música tradicional, el joro, me trasladaron de repente al 24 de mayo de 1986, cuando junto a mis compañeros de estudio y profesores celebré por primera ocasión el «Den na bulgarskata prosveta i kultura i na slavianskata pismenost»... El Día de la cultura y educación búlgaras y del alfabeto eslavo... La fiesta nacional de Bulgaria en honor a Cirilo y Metodio, considerados los creadores del abecedario que aún se utiliza en esas lenguas con las que muchos se comunican en Europa Central y Oriental, los Balcanes y en el norte de Asia.

Y justo una semana después de esa fecha, que por diversas razones ha quedado marcada en mi memoria, por gentileza del Ministerio de Cultura y del poeta, ensayista, narrador y periodista Waldo Leyva, su director, la Casa del Alba Cultural abre sus puertas este martes para que a las 6:00 p.m. la comunidad que conforman aquí los hijos de la tierra de los también grandes poetas Hristo Botev y Vasil Levski se abracen con sus coterráneos, provenientes de Nueva York, Estados Unidos. Los mismos que acaban de arribar, además, con el enorme deseo de actuar para no pocos cubanos que aman al «país de las rosas», en medio de los 55 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones (2015), que todavía se celebran.

Cantante, compositora y directora coral, Vlada Tomova está que no cabe de felicidad, al igual que el resto de la delegación que la acompaña, a la que se han sumado algunos norteamericanos admiradores fieles de la cultura de los Balcanes y, por supuesto, de la búlgara.

De lo que se trata es, dice la Tomova, de regalar una tarde inolvidable a quienes se acerquen a esta institución del Vedado (calle Línea, esquina a D). Hemos puesto nuestra energía en función de que la cultura de nuestros pueblos esté de fiesta. Un anhelado sueño que se ha hecho posible gracias al apoyo además de la Embajada de Bulgaria en Cuba, que ha permitido que esta vez puedan mostrar su arte una representación del coro Voces Claras y de la escuela Voces Jóvenes Búlgaras Nueva York; así como el ensamble tradicional Bosilek, y los instrumentistas Boyana Trayanova (tupan, especie de tambor) y Mathew Fass (acordeón).

Claro que Vlada Tomova también estará con sus canciones folclóricas y sefardíes, y con su jazz, ese género que la conectó con el famoso colegio Berklee College of Music, en Boston. Y exactamente allá, en Estados Unidos, donde la distancia la hacía añorar con insistencia a los suyos y a su país, fue donde esta hermosa mujer empezó a aferrarse con mayor fuerza a sus raíces.

«A partir de esa experiencia he conocido más de mí misma, de nuestras costumbres y tradiciones, y ello me llevó a redescubrir el folclor que nos distingue y nos llena de orgullo por doquier. Me daba por escuchar grabaciones, por aprenderme canciones, por interesarme en nuestros bailes e instrumentos... Era una manera de estar más cerca de la patria.

«También en Berklee College of Music, que es como una escuela de todas las naciones del mundo unidas, estaba totalmente abierta a la cultura de otros países. La elegí para concentrarme en el jazz y terminé asimilando muchas otras músicas, como la de Brasil, por ejemplo. Cuba me llegó más tarde, al menos desde el punto de vista musical, porque en lo emocional siempre ha estado en nuestros corazones».

Fue esa nostalgia por Cuba la que condujo a Vlada a contactar con la embajada de su país en La Habana, cuando escuchó a colegas suyos hablar con contagioso entusiasmo sobre los encantos de esta Isla. Así realizó su primera visita un tiempo atrás en la que le sacó las lágrimas a su gente con su voz espectacular cuando se adueñó del recinto diplomático con la complicidad de su esposo, el músico y compositor Chris Rael, y hasta de su pequeño hijo, que con menos de cinco años es un «experto» de la percusión.

En aquella velada en la que este cronista tuvo la oportunidad de descubrirla, Vlada, autora de la ahora muchas veces interpretada La canción del alfabeto eslavo, recibió la invitación de Waldo Leyva para que actuara en la Casa del Alba, lo que por fin sucederá este martes. «Para nosotros que nacimos y crecimos en Bulgaria, Cuba es muy cercana, a pesar de lo diferentes que son nuestras culturas. No puedo explicar en qué radica el secreto de este largo amor, pero es bien grande y hemos llegado aquí para demostrarlo una vez más».

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