Quiero ser una de las voces de mi generación

Quienes la conocen desde siempre, aseguran que la increíble Annie Garcés, ganadora de la beca El reino de este mundo, cantó mucho antes de que comenzara a hablar

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Quienes la conocen desde siempre, aseguran que la increíble Annie Garcés cantó mucho antes de que comenzara a hablar. En su Isla de la Juventud natal todavía muchos la recuerdan de protagonista de distintas versiones de Cantándole al sol, organizado en aquel territorio que esta muchacha llegó a representar, con Mi gatico callejero, en la edición de 2001, cuando apenas contaba con cinco años.

A esa edad la pequeña Annie ya visualizaba su futuro: sería cantante. Era lo que le «tocaba» en medio de ese ambiente familiar en que si algo no faltaba eran los artistas. «Me crié rodeada de arte: mi mamá era cantante, pero sobre todo promotora cultural nata —ahora es mi representante y trabaja con Teatro Pálpito, que dirige Ariel Bouza—; mi tío, que vivía a nuestro lado, es escritor; mi hermano se graduó de ballet y en la actualidad se desempeña como actor; y mi papá... dice mi mamá que es el más artista de todos nosotros (sonríe)».

—¿Aún recuerdas tus tiempos en tierra pinera?

—¡Cómo lo voy a olvidar! Yo vine para La Habana con diez años, así que tuve tiempo para vivir y disfrutar de la Isla. De hecho, allá comencé a estudiar flauta en la Escuela Vocacional de Arte Leonardo Luberta. Desde niña me involucré en cuanto proyecto cultural existía. Llevaba adelante hasta un espacio nombrado Pitufiando en Radio Caribe, dentro del programa LHD; actué en obras de teatro, mi mamá conserva fotos mías encima de las carrozas... Es decir, que mi infancia fue muy divertida, pero siempre alrededor del arte.

—¿Por qué justamente la flauta?

—Porque ya cantaba desde que era una niña y quería estudiar un instrumento. Recuerdo que hice pruebas de trompeta, clarinete, guitarra y, claro, flauta, que puse como primera opción. No sé, ese instrumento me llamaba poderosamente la atención, tal vez porque tiene mucha presencia en la música cubana.

—¿Cómo resultó el cambio hacia la capital?

—Fue una decisión familiar, pero creo que todo en la vida ocurre por una razón, y caí en el Guillermo Tomás, de Guanabacoa: mi conservatorio adorado, desde el nivel elemental hasta el medio. ¿Te imaginas? Desde los diez años hasta los 18, y después uno más como profesora, cumpliendo mi servicio social. Realicé allí mi ciclo completo.

«Vivo en Alamar pero Guanabacoa es mi casa, sinónimo de familia. Al conservatorio le debo, por ejemplo, haber aprendido a tratar con el público. Me habitué a actuar para personas de diferentes países, pero también para los vecinos de la comunidad, pues lo más común del mundo es que los alumnos de la escuela se presenten en el parque, en la galería... Por eso la gente se identifica tanto con el conservatorio, lo siente suyo. Y yo era como la “apagafuegos”, con la profesora Yamilé García como mi ángel de la guarda».

—¿Siguió la flauta contigo hasta el final?

—Pues sí. Me gradué bajo la guía del profesor Erasmo López, quien me ponía a cantar cuando me hacía las pruebas y me decía: «Doble excelente para ti». Fui una alumna muy aplicada, muy entregada a mi instrumento, aunque ahora apenas lo toque, porque cantar me absorbe casi completamente.

—Supongo que el estudio de la flauta haya sido útil para ti a la hora de cantar...

—Recuerdo que en los inicios ese ejercicio de soplar para sacarle sonido me daba hasta mareos. El desarrollo de la respiración y el modo como esta se puede aplicar a la hora de la interpretación musical, necesitan de un aprendizaje y práctica especiales, porque es muy importante saber controlar el aire. Sin dudas, la calidad y cantidad de nuestra respiración influye decisivamente en el nivel de la técnica de ejecución. Y ese dominio resulta fundamental a la hora del canto.

«Más que cantante, soy instrumentista, músico. Muchos cantan porque tienen ese don natural, porque es una condición con la que se nace. Pero si además eres músico, es decir, posees la capacidad de leer partituras, de entender la armonía..., entonces ese acto se enfrenta de una manera más consciente... Eduardo Sosa dice que yo canto como si estuviera tocando flauta».

—¿Por qué sobre todo la trova?

—Mira, no sé en qué momento uno dice: este es el género que defenderé. Mi mamá es fanática a la trova y esa fue una influencia importante. Luego, en el conservatorio, me encontré con la peña de Pepe Ordás, quien también se formó allí, lo que acabó por hacer que me enamorara de ella, gracias al vínculo que él establece con los estudiantes. Luego comencé a trabajar con su hijo José Manuel, como mi guitarrista. Llevamos como cuatro años juntos. Entonces, estar más cerca de Pepe y de su hermosa familia me ha permitido descubrir un repertorista extraordinario.

—¿Cómo te encontraste con la Asociación Hermanos Saíz (AHS)?

—Siempre supe que la AHS existía. Entre mis planes estaba convertirme en uno de sus miembros, porque me parece genial que haya una organización que agrupe a artistas jóvenes. Sucedió que mi primer videoclip, Gracias a la vida, de Pedro Enrique Moya y Leslie Salgado, estuvo entre los premios del Concurso Now, convocado por La pupila asombrada. Entonces, se me acercó el vicepresidente de la Asociación, Rafael González, para convidarme a que formara parte de esta linda y gran familia.

«De ese modo comenzó mi camino por la AHS, donde llevo solo un año, tan intenso que “me asusta”. Solo te puedo asegurar que en mi carrera su papel ha sido esencial. Su primer regalo fue convidarme a escalar el Pico Turquino, una experiencia inolvidable que me acercó a nuevos amigos supertalentosos, diseminados por toda la geografía nacional. A mi regreso opté por la beca El reino de este mundo, con un proyecto de DVD que recogería un concierto de canciones interpretadas por mí y escritas por noveles compositores, y otra vez recibí un apoyo tremendo.

«Como si fuera poco, luego me convocó para que me sumara al videoclip Con un poco de amor, hermoso tema de Silvio Rodríguez con el que estamos saludando el aniversario 30 de la Asociación. Tenía muchas ganas de que me invitaran a participar en un proyecto así, y me encantó».

—Dame más detalles de ese DVD, por favor...

—Bueno, es otro de esos proyectos que siempre ando soñando. Un «mal hábito» que arrastro desde que estaba en la escuela. De esa época son, por ejemplo, Suite Habana, conformado por canciones dedicadas a nuestra bella capital, en el que participaron estudiantes de los distintos conservatorios; y Trova de cámara, junto a Daniel Torres Corona, una selección de temas desde La bayamesa hasta los más actuales, interpretados con arreglos sinfónicos.

«Ahora me propuse romper con lo anterior y armar una banda que me permitiera moverme por otros géneros: jazz, pop, funky..., a partir de obras que me empezaron a enviar compositores contemporáneos. Aquí me di el lujazo de escoger las 12 canciones que quería cantar y de convocar a amigos para la banda: Abel Geronés, en el bajo y la dirección musical; Alejandro Carbonell, en el piano; Lázaro Valdés, en la guitarra; Alejandro Chávez, en el drums; Mario Mesa, en la percusión menor, y Daril Gala y Braulio, en los coros. Invité asimismo, para que me acompañaran en algunos temas, a José Manuel Ordás (guitarra), Daniel Torres Corona (piano) y a Hansel Woo (trombón). Todavía me quedo alelada mirando las imágenes, porque ahora el DVD —realizado por un equipo fabuloso dirigido por Yadniel Padrón—, se encuentra en proceso de edición. Creo que se logró un buen trabajo».

—Igual fuiste protagonista del primer videoclip realizado por la Televisión Serrana...

—En la Fiesta de la cubanía, en Bayamo, conocí a Carlos Rodríguez, uno de los directores más destacados de la Televisión Serrana. De él partió la idea del videoclip, y se unió a Leslie Liste para conseguirlo. Yo tenía la canción perfecta: Mañanita de montaña, de Eduardo Sosa, que habla de la añoranza por volver al lugar donde se nace.

—En los tiempos que se avecinan, ¿seguirás con la banda o con guitarrista acompañante?

—Con José Manuel Ordás hago un trabajo que me encanta, como mismo me sucede con Daniel Torres Corona. Esa es mi esencia, que no quiero perder. Sin embargo, ahora promociono la banda, que me permite acercarme a ese público joven, que me interesa.

—¿Es que no lo logras a golpe de guitarra?

—No es cuestión de la guitarra, sino del repertorio que he asumido. Aunque no lo quiera, esas canciones pertenecen a otras generaciones. Quiero intentarlo con canciones más movidas o más llamativas, gracias al acompañamiento de la banda. Ah, eso sí: nunca dejarán de ser buenas canciones, con letras que comuniquen y digan, pero quiero ser una de las voces de mi generación.

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