Eventos

He dedicado años a concebir una serie de planteamientos, que si bien no constituyen una tesis, sí lo considero un acercamiento interesante y colegiado sobre el asunto

Autor:

JAPE

Existe un tema del que habló en una conferencia un connotado sicólogo y sociólogo, que realmente me atrapó desde un inicio. Quizá por eso he dedicado varios años a profundizar en su estudio hasta concebir una serie de planteamientos, que si bien no constituyen una tesis, sí lo considero un acercamiento interesante y colegiado sobre el asunto: se trata de los eventos. Cualquiera que sea la organización, institución, o el ramo que los convoca, por lo general el comportamiento es el mismo.

El primer día, lleno total. Los ómnibus llegan con los participantes y contagia la alegría, los rencuentros, el fuerte abrazo, los saludos efusivos, aunque trabajen en la misma empresa, incluso en la misma oficina. No importa, lo significativo está en mostrar empatía con el suceso y sobre todo saber que estarán tres o cuatro días rompiendo la rutina de sus vidas diarias; de lo mismo con lo mismo, con desayuno, merienda y almuerzo incluidos.

Luego de la exhaustiva revisión de las credenciales se hace la inauguración y comienza el esperado encuentro, la magna cita, el más importante cónclave… en fin, como quieran llamarlo. El salón o los salones permanecen con un apreciable quórum, a pesar de que algunas ponencias y talleres no siempre son lo esperado. Surgen los primeros comentarios: «pero eso es lo mismo que se habló hace dos años», y algunas justificaciones: «en realidad, es la misma conferencia que se presentó en el pasado Fórum, pero no teníamos nada novedoso en ese campo, además no podemos dejar afuera al profe».

En el segundo día se vuelven a llenar los salones, pero después de la merienda merma la asistencia. Puedes encontrar más personas en el pasillo o en las áreas aledañas que en las salas de sesiones. Hay ligeras variaciones en los planes de algunos participantes y lo comunican a sus compañeros o supervisores: «Voy un momentico a resolver un asunto y después regreso». A la hora del almuerzo, otra vez, lleno total. Después del almuerzo y a la altura de la hora en que mataron a Lola, ¡hasta Lola se fue echando! Aunque haya diez «yutones» esperando afuera para el regreso, es inevitable escuchar las diferentes justificaciones del éxodo en masa: «Yo no puedo esperar al final porque las guaguas del evento me dejan muy lejos y después cómo voy para la casa», o esta otra un poco gastada, pero que todavía funciona: «¡no tengo quién me recoja los muchachos en la escuela!».

El tercer día las salas están casi vacías, los delegados deambulan por los pasillos, salen y entran de las sesiones sin respetar a los ponentes, y se crea una red de comunicación con altos niveles de intercambio de información. Nada relacionado con los tópicos del encuentro. Más bien averiguaciones de interés general: «En la cafetería sacaron malta a 50 quilos y helado en moneda nacional». «En la tiendecita de allá abajo hay culeros desechables baratos y juntas de olla reina». «En la galería y el salón de protocolo hay wifi»…

En estos días finales ya nadie se preocupa por revisar las credenciales. Es por eso que te puedes encontrar a cualquier compañero llamado Rosa María Pérez o una linda muchacha nombrada Juan Antonio Camacho. Ella, con sus bellos ojos y su hablar pausado, me dice: «El problema es que hoy por la tarde habrá feria para los participantes y van a sacar propóleo… y Juanito me dijo que él hoy no iba a venir».

A estas alturas, en la recta final, aparece un nuevo intercambio entre los participantes que redunda en el suspense: ¿Dónde será la clausura? ¿Habrá fiesta después? ¿Dónde será la fiesta? ¿Quiénes podrán ir a la fiesta? ¿Quién tiene las invitaciones? Esta es una información que dominan unos pocos elegidos. No obstante, en la actividad del cierre, en la que se suponen deben estar los más destacados, los que más trabajaron por la realización del evento, celebrando lo bueno que este ha quedado… a esa fiesta asisten los que menos hicieron por el evento, y un gran porciento de «colados», amigos de los antes mencionados.

Aunque la caracterización de este acercamiento antropológico nos parece cercana por el terreno escogido para la investigación, puedo asegurarles que así pasa en la mayoría de los eventos de todo el mundo. La clave está en que el hombre, la especie humana, no puede vivir sin reunirse y realizar eventos.

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